En busca del mundo perdido

Entradas de Abril 2008

¿Qué necesitas?

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

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Categorías: Curiosidades · General
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5 MESES 28 DÍAS

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

Ya hacen casi seis meses desde que Carlos Palomino, vecino de Vallekas, luchador antifascista, fue asesinado por un neonazi (Josué Estébanez de la Hija, soldado profesional),  en el metro de Legazpi. Apuñalado. Su vida terminó con una certera puñalada en el corazón. Carlos sólo tenía 16 años, su agresor 24, y un machete… Valiente, ni siquiera fuistes a la cara, tuvistes que sorprenderle…

 

¿Desde cuando se va a una manifestación con un machete? 

¿Cómo es posible que grupos políticos de ésta índole sigan legalizados y puedan manifestarse abiertamente?

 

NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA!!! 

CARLOS, HERMANO NOSOTROS NO OLVIDAMOS!!! 

 

Este es mi homenaje para ti Carlos.

 

Categorías: Personajes
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Vallecas en la Guerra Civil: 1936-1939

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

Cuando en 1936 vuelven al ayuntamiento los concejales expedientados por la Huelga de octubre de 1934, y Amós Acero asume de nuevo su cargo de Alcalde, aclamado por los vallecanos, apenas son cuatro meses hasta el comienzo de la Guerra Civil, y los problemas que se plantean en el momento son muy distintos de los que han ocupado estas páginas, y son además más urgentes de resolver, más inmediatos. Educación, cultura, obras públicas o trabajo, vuelven a dejar de ser prioridades, enterradas entre los escombros de los bombardeos.

Cuando en julio de 1937, el Ministerio de Gobernación ordena el cese de los miembros de las corporaciones municipales para que éstas estuviesen formadas por una representación de todas las organizaciones políticas y sindicales que formaban parte del Frente Popular, Amós Acero permanece como alcalde, y allí permanece hasta marzo de 1939, cuando Madrid es ocupado por las fuerzas fascistas y es fusilado .

Vallecas estaba en inmediata cercanía a uno de los frentes de guerra más activo de Madrid. Por el este, por la carretera de Valencia permanecía Madrid unido a la República, y por esta importancia el ejército rebelde atacó con especial dureza esta vía durante toda la contienda, siendo escenario de dos batallas fundamentales, la del Jarama y la de Guadalajara. La primera tuvo como escenario, entre otras localidades del este de Madrid, Vallecas. El frente se extendía a lo largo de 16 kilómetros desde la carretera de Andalucía hasta la de Valencia

Entrevías, Pozo del Tío Raimundo Y Villa de Vallecas fueron las zonas más castigadas, en particular el barrio de Entrevías fue totalmente arrasado, al quedar en primera línea del frente, teniendo que ser evacuada la población. El Puente de Vallecas, por su cercanía al escenario bélico y por hallarse atravesado por la carretera de Valencia, también fue duramente castigado con bombardeos aéreos .

Esta dureza se ve corroborada por los testimonios de Enrique Líster, Arturo Barea o Alvaro Delgado (del grupo de Alberto Sánchez), así como, una vez más, por los libros de actas del ayuntamiento, donde encontramos noticia de los sucesos nacionales (batallas, decisiones del gobierno central, ciudades que caen o Federico García Lorca), y el día a día del municipio: problemas de abastecimiento de agua porque los bombardeos destruyen las conducciones y no hay dinero para arreglarlas, problemas con las familias que se habían instalado en el metro y la necesidad de realojarlas, porque éste constituye un objetivo de las bombas enemigas (como lo demuestra el hecho de que éstas destruyeran en varias ocasiones parte del túnel), problemas de orden público, como los sucesos que costaron la vida al obispo de Jaén y a su hermana, en el Pozo del Tío Raimundo, a manos de una miliciana llamada “la pecosa”.

La destrucción supuso un doble castigo para Vallecas, como para otras muchas zonas de este país, que sufrieron la escasez y el miedo durante la guerra, y lo siguieron padeciendo a lo largo de casi veinte años tras finalizar ésta. Al incidir los bombardeos en las zonas de Portazgo, Palomeras y Picazo, quedó destruido todo el entramado industrial que había florecido en el municipio entre las barriadas y la Villa. Al tiempo desaparecieron los chalets a los que se hacía referencia ene l primer apartado.

Tras el final de la guerra, la misma causa que durante la misma la hizo objeto de atención, convirtió Vallecas en un punto estratégico en el control de las personas que querían huir de Madrid, hacia Valencia. Aquellos que no poseían avales, y los que no tuvieron la suerte de salir por Entrevías o el Pozo, fueron retenidos en el antiguo campo del Rayo Vallecano. No parece que la improvisada cárcel durara mucho, una o dos semanas, pero en ese período hubo incidentes con las fuerzas del orden por intentar los vecinos pasar a los prisioneros aprovechando la noche, por encima de las vallas mantas y pan.

Por ello no es extraño que fuera especialmente dura la represión en un municipio sospechoso de izquierdismo hasta el punto de ser denominado “la pequeña Rusia” . Fueron tímidas las voces que se levantaron para quejarse al extenderse las persecuciones y asesinatos nocturnos, Vallecas, Madrid, España, caminaban hacía un tiempo de silencio.

Categorías: Historia
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1934: un breve paréntesis

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

Cuando en abril de 1934 se convocan elecciones, en Vallecas se consolida la mayoría republicano-socialista, y la corporación municipal no varía. Pero tras las elecciones nacionales del 1911-1933, con el triunfo radical-cedista, Amós Acero y con él todo el ayuntamiento comienza a nadar contra corriente.

Si hasta el momento, la situación no ha sido fácil por los problemas económicos y la manifiesta oposición de los sectores más reaccionarios, al menos se contaba con las simpatías y la “complicidad” del gobierno central, y de los diversos poderes públicos, que compartía ideología e intereses. La situación con la derecha en el gobierno no es la misma.

Los problemas comienzan pronto. Por ejemplo la colonia escolar de 1934 vio como el Ministerio de la Guerra denegaba su petición de material, cesión que se venía haciendo desde 1931. Esto obliga a destinar una nueva dotación presupuestaria. Se niegan también los pases gratuitos en el ferrocarril para los niños. No se trata como se puede verde un enfrentamiento directo pero desde el poder central no se le van a facilitar las cosas.

La situación, con mayores o menores dificultades permanece así hasta que la corporación secunda y apoya la huelga revolucionaria del 5-10-1934, consecuentemente con su ideología. También se dio una masiva participación de la ciudadanía.

La respuesta no se demoró, el Gobierno Civil cesó al alcalde, los tenientes de alcalde y la totalidad e los concejales de la corporación; de la cual se hacen cargo los concejales interinos con Eustaquio Pardo Zorrilla al frente.

“…resulta que ese ayuntamiento, durante la Huelga General Revolucionaria , hizo un total abandono de funciones, dejó falto de asistencia al poder público para restablecer la tranquilidad y la normalidad. Los mencionados servicios propios de esa corporación, contribuyeron por todos estos medios, directos e indirectos, a la agravación y prolongación de la referida Huelga General Revolucionaria, lo cual constituye de una parte la causa grave que justifica la suspensión del Alcalde y Tenientes de Alcalde, con arreglo al artículo 189 de la Ley Municipal; y de otra parte extralimitación, también grave, de carácter político acompañada de alteración del orden público, que es motivo bastante, según el artículo antes citado, para suspender asimismo en sus cargos a todos los concejales.”

Al asumir su cargo se revisa la situación del ayuntamiento, que no se parece en nada a la que encontró Amós Acero en 1931, tal y como aparece en una cita a cerca de la situación presupuestaria, anteriormente reseñada.

Durante este período se obstaculiza, ralentiza, la política desarrollada por la primera corporación municipal, pero sin acertar a sustituirla por un programa político global, o una actuación planificada en ninguno de los aspectos.

En la etapa que va de octubre de 1934 a febrero de 1936, no se producen, por tanto, cambios fundamentales, si bien es cierto que tampoco se produce una grave involución.

Sin duda la situación de interinidad que tenía la nueva corporación y que los vecinos le recordaron de una manera evidente, negándoles todo apoyo, influyó en la actuación de este ayuntamiento no salido de las urnas, sino de una decisión administrativa, injusta por muy legal que fuese.

Es por lo tanto un período de inactividad, un paréntesis hasta las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular, y que devolvieron la normalidad, aunque sólo formalmente, a las instituciones. No es, sin embargo, una interrupción sin consecuencias, se truncaron muchas iniciativas, y se rompió una dinámica, que los acontecimientos (1936) hicieron imposible recuperar.

Categorías: Historia
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El Vallecas republicano: 1931-1936

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

LA SITUACIÓN EN 1931

Vallecas era en 1930 un pueblo de 51.767 habitantes. Su población como se ha podido ver, había tenido un considerable y desordenado crecimiento, debido a las primeras emigraciones fuertes que se producen en este siglo a la capital y su entorno. Su índice de crecimiento de 1920 a 1930, es de 84′29 hab/100.

Cuando Amós Acero llega al ayuntamiento, y asume su cargo la situación económica, social y cultural es muy mala, incidiendo en cuatro aspectos fundamentales:

- Déficit económico. Falta de presupuesto que limita cualquier iniciativa.

- Crisis obrera. Un alto índice de paro y unas condiciones de vida muy dura se ceban sobre la población, especialmente la recién llegada.

- Bajo nivel cultural de la población. Analfabetismo, desescolarización y falta de escuelas, todo ello agravado por la secularización de la enseñanza.

- Pésimas condiciones urbanísticas. Sobre todo en los barrios que acogían los aluviones de población inmigrante, que habían crecido sin ningún tipo de planificación o intervención pública que los dotara de servicios.

Ante esta situación el primer gobierno municipal del período republicano traza un plan de actuación, muy ambicioso, que pretende solucionar todos estos problemas solapando unos con otros, de la siguiente manera:

“…se propone convocar una reunión magna de las llamadas fuerzas vivas de la localidad para exponerles lo crítico de la situación y exhortar a todos a que cooperen a buscar soluciones, por medio de aportaciones económicas de cada uno; y si esto no fuese aceptado, tratar acerca de la conveniencia de contratar un empréstito municipal de dos o tres millones, que se dedicarían a la realización de una red completa de alcantarillado, gasto que sería reproductivo, pavimentación de calles, y construcción de grupos escolares. En este caso se propondría el nombramiento de una comisión extramunicipal constituida por representantes de todas las fuerzas vivas que periódicamente fiscalizase o investigase la inversión de los fondos del empréstito, para que todo se hiciese con el mayor acierto posible, y a la luz del día, y no hubiese la menor suspicacia, ni duda…”

PROBLEMAS ECONÓMICOS: CRISIS PRESUPUESTARIA, ENDEUDAMIENTO Y EMPRÉSTITO

En el aspecto económico el ayuntamiento de Vallecas presidido por Amós Acero, había heredado una serie de deudas de ayuntamientos anteriores.

En 1929, el por entonces alcalde de Vallecas, Adolfo Salvador, había solicitado un crédito del Banco de Crédito Local de cinco millones, que le fue concedido a pagar en 30 años, a razón de 140.000 pesetas anuales. En 1931 sólo quedaban en el banco 183.730 pesetas. El uso del resto del dinero en interés y beneficio de Vallecas es algo más que dudoso analizando, aunque sea someramente, la actuación de la alcaldía en esos años.

Hasta tal punto es así que el caso fue llevado por el gobierno municipal entrante ante la Comisión de Responsabilidades. A esto hay que sumar la deuda que durante la dictadura de Primo de Rivera fuera contraída para la construcción del matadero municipal, y de la que restaban por pagar 104.000 pesetas.

Para solucionar éste y otros problemas, y dado que los recursos a las fuerzas vivas, que un poco ingenuamente se propone como primera opción, no resultaron, se procedió a intentar el contrato del empréstito. Sin embargo esto tampoco fue tarea fácil. Tras intentarlo en el Banco de Crédito Local, El Instituto Nacional de Previsión y otras entidades, la petición fue rechazada.

Al parecer la situación financiera de tales entidades era tan dudosa como la garantía del ayuntamiento vallecano. De nada sirvió la solidaridad de los vecinos, que con sus firmas ratificaron el apoyo que ya habían dado a la corporación en las urnas, y ello a pesar de que suponía una carga adicional en sus impuestos.

Sólo se logró en último extremo del I.N.P. la oferta de un préstamo del 50% del valor de los terrenos y un 65% de los gastos de construcción de nuevos grupos escolares. También se dispuso de la suma de 186.730 pesetas que quedaba en el Banco de Crédito Local, para emprender el resto de las obras municipales.

Se pretendía incidir frontalmente en los aspectos más problemáticos e importantes del momento. Por una parte la concesión del empréstito supondría un saneamiento de la mala situación económica del ayuntamiento; y contar con el dinero para emprender las obras de acondicionamiento urbanístico del municipio, y la construcción de grupos escolares. Se paliaba el paro, y se buscaba un lugar para los niños, en ese momento en la calle, o siendo explotados trabajando por medios sueldos en tareas de adultos.

Pese a las dificultades, la administración de este dinero no debió ser mala cuando en el análisis de la situación que encuentra el ayuntamiento impuesto desde el gobierno tras los sucesos de 1934, en alcalde entrante, dice:

“…hacer constar la situación próspera de la Hacienda Municipal, que permitirá que el ayuntamiento actual, se desenvuelva normalmente haciendo posibles sus iniciativas, habiéndose encontrado al hacerse cargo de la Caja Municipal, una existencia de cincuenta y cuatro mil y pico pesetas.”

PROBLEMA OBRERO: DESEMPLEO Y CONDICIONES DE VIDA

El problema del endeudamiento del ayuntamiento descrito en el apartado anterior, agrava el problema obrero, el desempleo, las duras condiciones de vida -, ya que aumentaban los impuestos. La situación tal y como fue descrita por el propio alcalde es recogida en los libros de actas:

“Inmediatamente el señor alcalde pronunció un extenso discurso exponiendo la crítica situación en que se encuentra la clase obrera en esta localidad por la falta de trabajo, problema que tiende a agravarse y que el ayuntamiento está obligado a resolver con preferencia sobre cualquier otro asunto, ya que las medidas que hasta ahora se han adoptado han resultado insuficientes.

Como la situación es angustiosa y no se puede continuar, puesto que degradaría en una cuestión de orden público, la alcaldía considera llegado el momento de afrontar la crisis apelando a las medidas más extremas e imponiendo a la corporación, a la industria, y comercio, y al vecindario en general, los esfuerzos y sacrificios que sean precisos, todo antes de ver con paciencia como el hambre se adueña de la gran masa trabajadora, tan digna de protección, y que los niños mueren exhaustos, privados del alimento maternal…”

Para dar empleo se empleó el empréstito en el desarrollo de obras públicas de acondicionamiento urbano y construcción de equipamientos educativos. Otras iniciativas en torno a problema obrero fueron: la creación de una estadística de los obreros del término, estableciendo un “bolsín municipal de trabajo”, en el que constaran las circunstancias de los obreros, sus aptitudes profesionales, y tiempo de residencia en el término municipal.

En segundo lugar se presionó al ayuntamiento de Madrid, para que se incluyese a los obreros vallecanos en las obras que se realizaban en la capital, ya que para tal propósito había recibido este ayuntamiento una ayuda de cuatro millones.

La solidaridad de las instancias municipales y de la población queda patente en una decisión que recogen los libros de actas del ayuntamiento, y es la decisión de la comisión de fiestas del distrito norte en el año 1931 de no celebrar los festejos para dedicar ese dinero a jornales que aliviaran la crítica situación de algunas familias.

Al analizar el problema del paro, acaban concejales y alcaldes cayendo en una generalización del problema. Buscan soluciones inmediatas, desde el marco municipal, pero no pierden de vista en su análisis - que no juzgo si es acertado o no - un encuadre más amplio incluso que la propia nación. E igualmente a pesar de que esas soluciones a corto plazo, no dejan de referirse a los antecedentes, ni de ver la necesidad de planificación de cara al futuro.

“Dice que el momento presente es el resultado de la lucha entre el capital y el trabajo, y la derrota del capital, que en su agonía se agita y convulsiona complicando extraordinariamente la vida sin reparar en medios. Que el Partido Socialista tendrá que encauzar en nuevos moldes que traerán la justicia social que es la base fundamental de la vida. Combate al comunismo cuyo fracaso es evidente y recuerda que la mayor parte de los que así se definen desconocen fundamentalmente su doctrina y procedimientos. Que a lo que al trabajo se refiere es tan intenso que los obreros en Rusia trabajan catorce y dieciséis horas. Es evidente que el ayuntamiento de Madrid no se ha preocupado más que de la capital y ha abandonado el extrarradio que es realmente donde se padece hambre y necesidad, por ser donde habita el obrero, y para complicar más la cuestión se negó a facilitar trabajo a los de los pueblos limítrofes. Que este mal proviene de los tiempos de la Dictadura que debió organizar Bolsas de Trabajo, y otra situación sería la presente. Que todo el mundo se había desatado en pedir al gobierno y éste no disponía de medios para atender a todos”.

Por otra parte parece que este problema no era algo exclusivo del ayuntamiento de Vallecas. Miembros del mismo concurrieron con los de otras corporaciones municipales a varias reuniones, en las que se trataron éste y otros asuntos. La más significativa es una a la que también asistieron los diputados por la provincia, y que se dedicó exclusivamente a la búsqueda de fórmulas contra el desempleo. El problema obrero estaba muy presente entre las prioridades del gobierno municipal; que ésta era una preocupación que se compartía con otras instancias de poder local, y nacional; que la fórmula más ampliamente utilizada consistió en su vinculación con las obras públicas, lo cual era una solución de carácter transitorio, que no atacaba la raíz del problema, de lo cual eran conscientes, pero que aliviaba la tensión social.

“…hace votos para que en el próximo presupuesto, la consignación para obras se aumente en todo lo posible a fin de dar la mayor cantidad de trabajo.”  

Problema Urbanístico: agua, alcantarillado y pavimentación.

Se daban en aquel momento en el municipio zonas nuevas crecidas precipitadamente en respuesta a la llegada de población. Se sitúan estas zonas en torno al Puente de Vallecas. Aglomeración lógica por ser ésta la zona más cercana a Madrid y por encontrarse allí la línea de metro que unía Vallecas con Sol.

 

La rapidez en el asentamiento de las familias produjo el caos en la planificación urbanística de la zona. En la Villa de Vallecas, definitivamente desvinculada de los procesos que afectan al resto del municipio, este crecimiento aunque se dio, fue más lento y ordenado.

La creación de una red de alcantarillado se veía como urgente, ya que contribuiría a una mejor distribución urbanística del distrito central o Puente de Vallecas, y de las zonas limítrofes: Dª Carlota y Nueva Numancia, así como del barrio de San Diego, que eran las zonas de mayor densidad de población.

Del mismo modo se hacía necesaria la pavimentación de las calles. Las numerosas obras que son han de realizarse perecen necesitar de algún tipo de planificación, que los acontecimientos impidieron llevar a término. Se dan dos peticiones; una de un plan global de urbanismo para la zona, y otra para controlar el proceso, general de pavimentación y construcción de aceras:

- “Petición de los señores Caballo y Rubio a cerca de que el ayuntamiento haga el Plano General de alineación y Urbanización”

- Moción de la Comisión de Obras Públicas “proponiendo la necesidad de que el ayuntamiento realice una revisión general y arreglo necesario de la pavimentación de las calles para poder obligar a los propietarios a la edificación de las aceras.”

En los libros de actas está la prueba de que a pesar de esta ausencia, no sólo se pavimentaron numerosas calles, o se realizaron las obras de construcción de una red de alcantarillado; si no que tuvieron lugar otras muchas obras, cuyo denominador común es la búsqueda de una mejora de la calidad e vida de los ciudadanos del municipio, tales como:

- El enganche de las tuberías del Canal de Isabel II a las fuentes.

- Las obras de consolidación del matadero municipal de la Villa.

- El derribo del viejo lavadero, también en la Villa.

- Las obras de creación de cada uno de los Grupos Escolares, de los que se da detalladamente.

- La construcción de la Casa del Pueblo a instancias de varias asociaciones socialistas y las escuelas racionalistas del municipio, con el beneplácito y la ayuda del ayuntamiento.

- La creación de la Biblioteca Municipal.

- La eliminación de vertederos, dentro del entramado urbano, como el de la calle D. Amadeo “porque constituye un peligro para la salud pública”.

En síntesis puede decirse que las preocupaciones en cuanto al problema urbano por parte del ayuntamiento presidido por Amós Acero, se cristalizan en dos tipos fundamentales de actuaciones: aquellas dirigidas al acondicionamiento, es decir, pavimentos, alcantarillado, enganche a grandes Compañías de agua, que vienen sustituyendo en el período las concesiones privadas, como en este caso era la del señor Belmás.

Y las que pretenden dotar de servicios al municipio que la iniciativa privada, por no ser rentables no se va a ocupar de crear, y que son absolutamente necesarios, en la nueva condición de zona industrial y de servicios, progresivamente inmersa en la dinámica de la ciudad de Madrid, y de una gran actividad demográfica.

Uno de los más graves problemas era la falta de medios de comunicación que transportaran a esa población en constante crecimiento hasta sus zonas de trabajo. Problemática que se reitera en las diversas actuaciones municipales a lo largo del primer tercio del siglo:

“…tercero, que se solicite del Exmo. Señor ministro de fomento que resuelva el expediente de caducidad de la línea de vapor Madrid-Vallecas Canteras, que entorpece el tránsito en la calle del Pacífico y no cumple ninguna utilidad práctica, ni las bases de la concesión. Cuando que se interese de la Compañía de tranvías redacte y formule lo más urgentemente posible proyecto de líneas que enlacen Madrid con los municipios limítrofes. La corporación a propuesta del señor Vazquez acordó con agrado las gestiones realizadas por el señor Saborit y excitarle a que las prosiga con todo interés hasta alcanzar soluciones objetivas” 

PROBLEMA EDUCATIVO Y CULTURAL

A pesar de la situación económica que hemos descrito, y de las crisis en el terreno social y urbano, que podrían haber sido consideradas como prioritarias, no se dejó de lado l aspecto cultural, y dentro de éste el educativo, por el ayuntamiento vallecano.

Elevar el nivel cultural de la población, aumentar el número de escuelas y mejorar las condiciones de las ya existentes, la contratación de maestros, la creación de bibliotecas y su dotación… fueron tareas a las que se dedicaron con firmeza, entusiasmo e ilusión, y para cuyo desarrollo encontraron seria dificultades. Sin embargo ninguna de éstas fue lo suficientemente poderosa como para frenar sus acciones.

Se solicitaron subvenciones al gobierno, al ayuntamiento de Madrid, a la Dirección General de Primera Enseñanza, al Ministerio de Instrucción Pública, a la Junta de Primera Infancia… y algunas se consiguieron. Se pidieron préstamos para construcciones de grupos escolares, se buscaron locales y solares por todo el municipio, y se siguió y fiscalizó muy de cerca la actuación de todas las entidades, agrupaciones y personas relacionadas con lo educativo.

La actividad de los miembros de la corporación municipal en este terreno a juzgar por la cantidad de documentación hallada en los Libros de Actas, fue frenética y constante. Empeño y trabajo no faltó y los resultados lo ponen de manifiesto. El panorama educativo y cultural cambió cualitativa y cuantitativamente en el período que va desde abril de 1931 y octubre de 1934.

Durante los mandatos de los anteriores alcaldes: Adolfo Salvador (1927-1929), Rogelio Folgueras (1930-ENE 1931), y Jesús del Pino (ENE-ABR 1931), sólo se construyeron 2 grupos escolares. Durante e mandato de Amós Acero (12-4-1931/10-10-1934) se creó un total de veinticuatro escuelas nacionales y municipales, con el consiguiente aumento del número de maestros. Alguna ocupó un edificio alquilado, pero la mayor parte se ubicó en edificios específicamente construidos para este propósito.

Numerosa corporaciones, sociedades diversas, y partidos políticos (Casa del Pueblo, Partido Republicano, Asociación Erillas Altas, Escuelas Racionalistas, Sociedad de oficios altos…) abren así mismo escuelas nuevas, imbuidos todos por la “fiebre cultural” que parece invadir a los sectores más progresistas de Vallecas. Se retiran las subvenciones a las escuelas religiosas y se protegen sólo aquellas escuelas que pertenezcan a agrupaciones laicas. Se equiparan los sueldos de maestras y maestros, y se abren una Escuela de Artes y Oficios (23-10-1932), y la biblioteca municipal (13-11-1933).

Cuando en julio de 1933 se emprende la segunda fase de la reforma educativa, la Segunda Enseñanza, Amós Acero solicita que un Instituto y una Escuela de Trabajo sean creados en Vallecas. Hasta el momento en que tal petición fue aprobada, se becó desde el ayuntamiento a los alumnos pobres y capacitados que deseaban realizar estudios secundarios e incluso a alguno se la pagó la carrera de Magisterio.

En el mismo orden de cosa aumenta considerablemente el presupuesto destinado a colonias escolares y reciben especial atención económica los comedores escolares (o cantinas escolares como se les denominaba en la época).

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Vallecas: de arrabal a ciudad (1900-1930)

Abril 29, 2008 · No hay comentarios

DESARROLLO URBANO

En 1875 cuando Madrid empezaba a construir su ensanche y veía surgir el extrarradio, y ya el suburbio del Puente de Vallecas presentaba una disposición lineal a lo largo de la carretera Madrid-Valencia, en el norte aparecía claramente configurado y diferenciado del barrio de Dª Carlota, que delimitaba con el arroyo de las Moreras, la dehesa de Moratalaz y el campo de maniobras del ejército para los cuarteles de Pacífico.

Este barrio estaba unido con el Puente de Vallecas, merced a la carretera de Dª Carlota, que atravesaba una amplia zona completamente libre de construcciones, salvo un pequeño núcleo en torno al camino de Valderrivas. En el extremo opuesto, esto es, destacaba el caserío construido a lo largo de la calle del Picazo, formado por casas con huertas y por algunas granjas, limitado en su extensión por la línea del ferrocarril de Madrid a Zaragoza, más allá de la cual prácticamente no existían construcciones habitadas. Por último, en el centro se situaba el Puente de Vallecas, en el que se localizaban todos los servicios con que contaba la zona.

El núcleo construido allí era más compacto y abigarrado que los anteriores. Pero, según se continuaba por la arteria principal, antigua carretera de Valencia, volvían a aparecer numerosas huertas y granjas, algunas de gran tamaño, como, por ejemplo las existentes en el arroyo del Olivar.

El espacio que ahora ocupa Portazgo y Alto del Arenal, aún estaba destinado a campos de cultivo. Era, pues, un ámbito plenamente agrario que aparecía atravesado por una serie de caminos que enlazaban el Puente y el Pueblo de Vallecas, que era por entonces un pequeño ayuntamiento rural - y así permaneció hasta que en 1955 perdiera su independencia administrativa -.

Hasta 1940 este espacio intermedio – en la actualidad el barrio de Palomeras- campo en el límite sudeste de Madrid, paso obligado hasta llegar a la Villa de Vallecas. Este recorrido se llevaba a cabo, en su límite norte, por la carretera de Madrid-Valencia, o más al sur, a través de una serie de caminos que, si bien alargaban la distancia cruzaban zonas más llanas, evitando el paso por el cerro de Pío Felipe, mayormente conocido como cerro del Tío Pío.

Estos caminos recibían los nombres de las zonas que atravesaban, denominaciones que, en su mayoría, han perdurado: la Vereda del Portazgo, que ya no existe; así como el Camino Alto y el Camino Bajo de Palomeras, que dieron lugar a la avenida de Palomeras y a la calle Martínez de la Riva, respectivamente.

Finalmente encontramos el antiguo Camino de Yeseros, que partiendo del Camino Bajo de Palomeras, cruzaba el ferrocarril, enlazando con la carretera de Villaverde a Vallecas, y que posteriormente dio lugar a la Avenida de San Diego

Por estas fechas, en la proximidad de Madrid aún quedaban amplias superficies por llenar entre el Retiro y el arroyo Abroñigal, si bien a lo largo de la citada carretera el tejido urbano presentaba ya las características propias de un crecimiento tentacular, que en esta dirección, se vería potenciado por la proximidad de la estación de Atocha, la cual, al favorecer la creación de una zona industrial consolidaría el término municipal del Vallecas como área residencial obrera. El incremento de la población estaba condicionado por las vías de comunicación, a lo largo de las cuales se asentaba:

Las vías de unión con Madrid estaban compuestas por una serie de caminos que, una vez salvado el arroyo del Abroñigal por los puentes existentes, alcanzaban la ronda del ensanche. Destacaba entre ellos la carretera de Valencia, que en el Pacífico atravesaba el suburbio conocido como Las Californias.

Como barrios diferenciados, en 1900 nos encontramos con: Dª Carlota, Nueva Numancia, Vallecas, La China y 56 viviendas en grupos inferiores. Posteriormente, la desproporción demográfica existente entre ellos obligó a la división en cuatro distritos municipales: Villa Norte de Nueva Numancia y Dª Carlota, Centro de Nueva Numancia y Sur de Nueva Numancia y La China.

En esos años los principales servicios públicos con que contaban eran:

  • El Juzgado municipal.
  • La escuela municipal.
  • El Cuartel de la Guardia Civil.
  • El Matadero municipal.
  • La Plaza de Toros.
  • El Mercado
  • El Frontón.
  • El Salón de baile.
  • El antiguo Portazgo.

Así como también algunas significativas instituciones privadas como:

  • El teatro de la Sociedad Recreativa del Comercio.
  • La Sociedad Numantina de Socorros Mutuos de Obreros.
  • La ermita de Nuestra Señora del Carmen.
  • La Escuela Racionalista.
  • El Ateneo Libertario.
  • El Casino de Comerciantes.
  • La Casa del Pueblo, etc…

Todos estos edificios y centros hacían referencia y eran característicos de un pequeño núcleo que aún conservaba muchos de los rasgos de una comunidad rural.

En 1920 se efectuó una nueva distribución en distritos: Villa, Norte, Centro y Sur, en la que ya se nombran los barrios de Entrevías, Picazo, Japón y Mesa. En 1930 se segrega del Distrito Sur, el barrio de Entrevías, constituyendo el quito distrito del municipio, quedando así la organización administrativa hasta después de la Guerra Civil.

El plano topográfico de Madrid de 1932 mostraría ya los primeros núcleos aislados de autoconstrucción que constituirían en un futuro inmediato el armazón del barrio. Madrid, ya había desbordado el ensanche y su extrarradio enlazaba sin solución de continuidad son los suburbios de la periferia, en los términos de municipios colindantes.

Así el Puente de Vallecas constituía un gran núcleo compacto entre el camino de Pavones y el ferrocarril Madrid-Barcelona, incorporándose al crecimiento de la urbe y dejaba de ser campo, aun cuando no fuese todavía ciudad; simplemente formaba parte de la franja suburbana en la que los modos de vida rurales y urbanos se mezclan, pero aún no se excluyen.

El desarrollo, ante la inhibición de los poderes públicos, no se adaptó a ningún plan que no fuese sino el de la perentoria necesidad de encontrar alojamiento para aquella primera gran oleada inmigratoria madrileña. Los agentes “urbanos” serían principalmente los propietarios rurales de Vallecas que fueron parcelando ilegalmente un suelo rústico que venderían a los inmigrantes los cuales, dado su ínfimo poder adquisitivo, no podían comprar ni alquilar vivienda alguna siquiera en los espacios “urbanos” de los suburbios de la ciudad. De esa forma mediante un proceso de especulación creciente, un espacio rural, tan sólo y exclusivamente por la acción de sus habitantes, ante el abandono público se fue convirtiendo en suelo urbano marginal en el que se alojó un gran número de trabajadores que únicamente disponían de la avenida de la Albufera para después de largos recorridos desplazarse a sus lugares de trabajo.

En 1932 el núcleo más amplio del barrio se encontraba al norte de la actual avenida de la Albufera, entre ésta y el camino de Valderribas ocupando las laderas del cerro del Tío Pío; presentaba un aspecto compacto junto a la actual calle de Pío Felipe y mucho más diseminado por el resto del cerro del cerro hasta el Alto del Arenal. El enlace con el suburbio del Puente era caótico, pues la red arterial no se prolongaba por el nuevo núcleo.

Otras dos pequeñas manchas, una entre el arroyo del Olivar y el Camino Alto de Palomeras, y otra a ambos lados del Camino Bajo de Palomeras, completaban el sector más occidental. A su vez, en el Alto del Arenal se situaban tres reducidos núcleos; dos de ellos junto a la vereda de Portazgo y el tercero ligeramente hacia el sur. Finalmente, entre el Alto del Arenal y la Villa de Vallecas, había algunos pequeños grupos de edificaciones al sur de la avenida de la Albufera.

La guerra de 1936 supuso un paréntesis en el proceso de evolución espontánea del barrio, reanudado tras 1940, con mucha fuerza a consecuencia del propósito del Régimen franquista de convertir a Madrid en una gran capital industrial.

DESARROLLO SOCIOECONÓMICO

Desde el último tercio del siglo XIX Vallecas se va confirmando como un foco de atracción de actividades económicas, y por tanto, de población. Entre el límite con Madrid, el arroyo Abroñigal, en el Puente de Vallecas, y la Villa de Vallecas, se intercalaban campos de labor, y las casas de campo de la burguesía madrileña. La legislación de 1878, que expulsa del centro de Madrid aquellas actividades industriales o artesanales molestas por sus ruidos o residuos, cambiará este panorama, determinando el futuro desarrollo de esta zona.

La instalación de estas actividades atraerá a una población obrera que acrecentará los núcleos de Nueva Numancia, Puente de Vallecas y Dª Carlota. Más tarde estos núcleos actuarán por sí mismos como atractivo para una población emigrante, no necesariamente empleada en la industria local, sino que podía estar empleada en el centro de Madrid, al que se accedía con relativa facilidad con la llamada “maquinilla”, y otros medios de transporte que tempranamente sustituyeron los caballos por la electricidad, y que unían el Puente de Vallecas con Atocha.

De 1877 a 1900, Vallecas pasa de 3.124 habitantes a 19.073, centrándose este crecimiento en las barriadas antes citadas. Se perfila así una constante que se confirmará en el primer tercio del siglo XX, y es cómo los barrios toman el relevo a la villa como centro económico y social, y finalmente administrativo.

Aunque es cierto que en este período se inicia una etapa de prosperidad en estos núcleos, que se confirma con la existencia de una buena red de servicios. En 1898 pueden confirmarse la existencia de numerosas fábricas. Nutren las mismas una masa de obreros, recién llegados, y que al parecer poseían ciertas ideas políticas, pues según figura, en un periódico local de la época, celebraban la fiesta del Primero de mayo.

Los propietarios de estas industrias y tierras, se ocuparon de que la zona no careciera de servicios, e incluso de cierta vida cultura. Ciertamente podían permitírselo, ya que parece confirmarse que hubo en la zona grandes capitales.

Esta riqueza y protagonismo social cristalizará en una serie de asociaciones para velar por sus intereses, como la Sociedad de Propietarios de Nueva Numancia, o de carácter cultural como la Sociedad Recreativa del Comercio, que era fundamentalmente un grupo de teatro.

También los sectores obreros formaron con prontitud una Sociedad de Socorros Mutuos, sita en el citado barrio de Nueva Numancia.

Otro de los prósperos sectores instalados en el municipio era el de la hostelería. Salpicaban la zona, llegando a tener gran renombre entre los madrileños, gran cantidad de merenderos. Muchos de ellos se instalaron como negocios ambulantes, y llegaron a ofrecer bailes en fin de semana, tal era su éxito.

Al calor de los mismos las florecientes zonas comerciales de la calle de la Presilla y la carretera de Valencia comenzaron a organizar verbena y Romería en honor a la patrona, la Virgen del Carmen. Fueron también abundantes y renombrados los espectáculos taurinos, llegando a tener Vallecas cuatro plazas de toros.

Este sector de la hostelería se vio beneficiado con la llegada del metro en 1923 hasta el Puente de Vallecas. Los altos precios de este transporte, que no parecen pensados para el uso cotidiano de un obrero - lo que de hecho causó protestas - hacen pensar a algunos autores que se creó como un transporte de cierto lujo, que unía las zonas de recreo de Madrid. Cabe recordar que al otro extremo de la línea 1 se encontraba Cuatro Caminos, famosa igualmente por sus merenderos.

Todo este crecimiento, trajo consigo, aparte de los problemas sociales antes citados, el lógico desajuste entre los servicios urbanos y las necesidades de la población.

En 1923 le es otorgada la concesión de aguas al ingeniero Cesar Belmás, lo que proporción agua corriente en fuentes y en algunas casas, en depósitos. De las primeras se hacía cargo el ayuntamiento, mientras que por las segundas habían de pagar los propietarios. Las obras de alcantarillado y pavimentación se inician tímidamente en este período, recibiendo el definitivo impulso en la década de los treinta.

En el Puente de Vallecas concurren todas las condiciones para el desarrollo del negocio inmobiliario, especialmente el de viviendas de alquiler:

- Había abundancia de tierra que acababa de desvalorizarse como suelo agrícola.

- Los materiales de construcción abundaban y eran más baratos que el Madrid, por ahorrarse el transporte.

- La mano de obra también era abundante y barata.

- La zona gozaba de prestigio como zona residencial debido a la costumbre antes citada de la burguesía madrileña de construir en la zona casas de campo.

Así la zona se constituye en un núcleo de viviendas de alquiler, que suscitará, la llegada de compañías inmobiliarias en los años veinte. Una de ellas la Compañía Benéfica urbanizó pacífico y Entrevías, sobre todo casa para los empleados de RENFE.

De este modo encontramos configurado prácticamente en los años veinte el Vallecas actual. Los dos últimos núcleos quedarán constituidos en la segunda mitad de la década, el Pozo de Tío Raimundo. Desde 1932, también quedará constituidos, Portazgo, Los Altos del Arenal, y Palomeras, cada uno de estos dos últimos a un lado de la Carretera de Valencia. Estas nuevas zonas se alimentan de casas de autoconstrucción que llenan rápidamente el terreno, hasta entonces agrícola, y que crece a un ritmo vertiginoso, sin ningún tipo de servicios .

Nos encontramos un municipio en el año 1910 con 13.771 habitantes y que en 1924, cuenta y a con 28.657; cuyo aumento de la población es debido a la creciente inmigración que elige la zona por ser residencia de prósperas industrias, y un núcleo relativamente barato y bien comunicado, donde abunda la vivienda de alquiler, o en su defecto, terrenos apropiados para la autoconstrucción.

Un municipio con una próspera clase empresarial y una abundante y explotada mano de obra. Un municipio que adolece de todos o casi todos los servicios que necesita una creciente población -alcantarillado, electricidad, pavimentación, escuelas -. Con todos estos conflictos soterrados entra en la República, y comienzan los cambios.

Mientras la prosperidad continúa, estas tensiones se mantienen apagadas, pero la crisis de los años treinta, que genera desempleo y endurece las luchas sociales, la ebullición política que preside la vida pública de la España del momento, y algo más cercano como la mala gestión de los gobiernos municipales anteriores, sacan a flote las deficiencias que en plano urbanístico, cultural o socioeconómico tiene el municipio.

Esta múltiple crisis estará presente, determinando, la política desarrollada en el período republicano. Es cierto, no obstante, que el tratamiento que reciben los problemas, vendrá dado por factores externos también, como las directrices políticas de la coalición republicano-socialista (la política de grandes reformas), o acontecimientos como la huelga revolucionaria de 1934, y no sólo por las circunstancias del municipio.

 

 

 

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La villana de Vallecas, Tirso de Molina

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

Sigo buscando cosas y documentandome sobre Vallecas y hay que ver las cosas tan interesantes y curiosas que voy encontrando. Intentaré dejarlas todas aquí de una manera u otra. Dejando un link o poniéndoos aquí mismo la información.

De momento en este post os dejo una lectura de Tirso de Molina (Gabriel Téllez) titulada “La villana de Vallecas” y que podéis leer a través de esta página:

http://www.trinity.edu/org/comedia/tirso/vilval.html

FELIZ LECTURA

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CALLEJERO VALLEKANO

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

He encontrado un link bastante curioso, sobre todo para los que vivimos en Vallekas, en donde podrás vuscar el nombre de tu calle y averiguar la procedencia de este nombre. Es muy interesante, mirad qué significa vuestra calle!! ;)

Aki os paso el link:

http://www.vallecastodocultura.org/callejero/index_C.html

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“El niño de vallecas”, Velázquez (¿1636?)

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

En el primer catálogo del Museo del Prado aparece como Una muchacha boba (1819); el siguiente (182 8) informa que se trata de un varón: ‘Retrato llamado el Niño de Vallecas, pintado con toque firme y pastoso y buen efecto de claroscuro”.

Pedro de Madrazo, en el de 1872, dice que aparenta apenas doce años y que debió de ser pintado, como los retratos del Primo y Morra (Cat. 55 y 54] entre el primero y segundo viaje de Velázquez a Italia, (1630-1649).

La última edición del catálogo indica que “se creía pintado hacia 1646; pero los documentos obligan a fecharlo en una década antes”, es decir, c. 1636. Para López Rey, 1643-45. Para Camón (1964, pág. 633) hacia 1642-43. Gudiol no da fecha. Beruete lo incluye, con casi todos los bufones, en la época posterior al segundo viaje a Italia.

Las diferencias se deben a lo erróneo del apodo, que ya Cruzada en 1885 pone entre interrogantes. “Llamado el Niño de Vallecas sin saber por qué”.

Este apodo (como el de bobo de Coria dado al retrato de don Juan de Calabazas Cat. 53] es falso y muy tardíamente aplicado; pero, como todos los nombres erróneos, ha tenido tan larga supervivencia que todavía se emplea hoy.

En realidad, el enano se llamaba Francisco Lezcano (o Lazcano, según Camón) y solía apodarse “el Vizcaíno”, por ser natural u oriundo de Vizcaya. Aparece documentado en palacio desde 1634, como enano del príncipe Baltasar Carlos.

Esto hizo identificarlo, según hipótesis de Moreno Villa (en su notable libro Locos enanos negros y niños palatinos - México, 1939) con el niño (o niña) que aparece junto a su patrón en el magnífico retrato de Baltasar Carlos con un enano del Museum of Finne Arts de Boston Cat. 33, cuadro que creía pintado hacia 1635; por desgracia para esa hipótesis, el personajillo de Boston es anterior, de hacia 1635 (Brown, 1986, pág. 83) de 1632, fecha de la jura de fidelidad de las cortes de Castilla al heredero de la corona que tenía entonces dos años y cuatro meses de edad.

Camón Aznar sugería (1964, 454) que el retrato oficial del juramento fuera el del príncipe, sólo, de la colección Wallace de Londres, idea que sigue López Rey, negada por Brown, que señala que el modelo tiene en ese cuadro más de la edad señalada. En ambos cuadros aparece con las insignias de generalísimo, bengala y banda. En cualquier caso, el retrato de Boston es anterior a la llegada de Lezcano a Madrid, por lo que el enano de ese cuadro no es el Vizcaíno.

Francisco Lezcano, Lezcanillo o el Vizcaíno fue bufón del príncipe y también, según Camón Aznar, del funcionario palatino Encinillas, el que apuñaló a su esposa por celos de otro enano, don Diego de Acedo, el Primo; este autor cree que acompañaría a Felipe IV en la “Jornada de Aragón” y que estuvo en Zaragoza en 1644, donde pudo ser pintado; ello se desmiente con la última documentación.

El nombre pudo indicar que era natural de Lezcano, pueblo de Vizcaya. El mote de Vallecas pueblecillo cercano a Madrid, hoy absorbido por la capital) se añade medio siglo después de pintado el retrato.

Lezcano aparece vestido de paño verde, color propio de cacerías, como aparece en Cervantes (en las cazas de los duques, a parte del Quijote, la duquesa va de verde y a Sancho le regalan un sayo verde, que desgarra al huir de un jabalí), lo que se aviene con el paisaje natural, de la sierra de Madrid, que asoma al fondo, y que es el mismo del retrato de El principe Baltasar Carlos, cazador

(Cat. 45 ) La cueva o abrigo donde se halla el enano es un escenario asimismo propicio para la meditación, que los anacoretas de Ribera suelen buscar. (Gallego, 1968, 2, cap. III). Por la parte del escote asoma, arrugada pero limpia, la camisa blanca; de las mangas bobas del tabardo, salen los brazos, con mangas rosadas. La pierna derecha aparece de frente, mostrando su deformidad y la suela de su recio zapatón; la izquierda ha dejado resbalar la calza, que se arruga en el tobillo. El vestido, que no es en absoluto de mendigo, ofrece un aspecto de desaliño propio de la descuidada mentalidad del enano, cuya enorme cabeza se inclina ligeramente al sol, con apacible inexpresividad. Pese a su aspecto monstruoso fue pintada por Velázquez con la belleza de una fruta madura.

Entre las manos, juntas, gordezuelas, sostiene un objeto que ha sido la peor cuestión interpretativa. Camón (1964, 643) piensa que es “un pincel de mango y brocha cortos y planos, que el pintor le dejaría para que se entretuviera”. Para Madrazo es “un trusco de pan o un casco de teja”. Pantorba apunta que pueda ser un naipe, aunque es “imposible precisar 10 que el Niño tiene entre sus manos”.

Para Brown (1986, p. 154) se trata de unos naipes, “mecánica actividad que es todo lo que precisa el pintor para animar la postura y establecer la atmósfera sicológica del cuadro”. Me parece acertada esta última hipótesis, ya que los cortos dedos del enano parecen dispuestos a barajar o a hacer un juego de manos.

Aunque tampoco es imposible que se trate de un librito (aunque ¿la baraja no lo es de los jugadores, según la consabida broma?) que subrayaría el aspecto de paradójico anacoreta de Lezcano, en la soledad de su cueva y de su estancia.

El doctor Moragas (1964) diagnostica que Lezcano “sufre de un cretinismo con oligofrenia y las habituales características de ánimo chistoso y fidelidad perruna”. “En la cara hay una expresión de satisfacción, favorecida por el entornamiento de los párpados y la boca entreabierta, que parece acompañarse del inicio de una sonrisa

“Murió en 1649 (tres años después de su patrón, fallecido en Zaragoza, en 1646)”. Tenía, según Moragas, un criado a su servicio, lo que era común entre los bufones reales.

De este cuadro sacó Goya un dibujo a sanguina (Kunsthalle de Hamburgo) y un grabado al aguafuerte y aguatinta, cuyo único ejemplar conocido se perdió en el incendio del Instituto Jovellanos de Gijón (Gassier-Wilson 1971, n.0‘ 113 y 112).

Y UN POEMA QUE LE DEDICÓ LEÓN FELIPE

Este es el orden, Sancho

De aquí no se va nadie.

Mientras esta cabeza rota

Del Niño de Vallecas exista,

De aquí no se va nadie. Nadie.

Ni el místico ni el suicida.

Antes hay que deshacer este entuerto

Antes hay que resolver este enigma.

Y hay que resolverlo entre todos,

Y hay que resolverlo sin cobardía,

Sin huir

con unas alas de percalina

o haciendo un agujero

en la tarima.

De aquí no se va nadie. Nadie.

Ni el místico ni el suicida.

Y es inútil,

Inútil toda huida

(ni por abajo ni por arriba)

Se vuelve siempre

Se vuelve siempre. Siempre.

Hasta que un día (¡un buen día!)

El yelmo de Mambrino

  • halo ya, no yelmo ni bacía -

se acomode a las sienes de Sancho,

y a las tuyas, y a las mías,

colmo pintiparado,

como hecho a medida.

Entonces nos iremos todos

Por las bambalinas.

Tu y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,

Y el místico y el suicida.

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¡Adiós Excelsior!

Abril 27, 2008 · No hay comentarios

El Excelsior… El cine de nuestro barrio al que todo vallecano debería haber ido alguna vez, y el que cerraron hace tanto tiempo… Recuerdo haber ido hace muschísimo tiempo (no podría si quiera hacer una descripción del lugar), cuando era muy pequeña, y a ver con mis amigas del colegio alguna película de miedo que no era recomendada para nuestra edad… Mi homenaje a este cine desaparecido:

Ésta es la historia del Excelsior:

(Revista Valle del Kas, nº 178, noviembre 2000)

Con el cierre del Excelsior desaparecen las salas tradicionales del barrio. El local se alquila para montar cualquier negocio.

Si usted dispone de 20 millones para hacer frente al traspaso y 2.300.000 pesetas mas para abonar el alquiler cada mes puede hacerse con el ultimo cine convencional del barrio, el Excelsior.

No en propiedad, obviamente, pero si para montar cualquier tipo de negocio. Con una superficie próxima a los 1.500 metros cuadrados, echó el cierre  poco antes del verano, colocando un cartel de cerrado por obras. Pero las obras no eran tales. Al poco otros rotulo anunciaba la disponibilidad del local.

Este popular cine enclavado en la Avenida de la Albufera se inauguró a mediados de la década de los 50 con un aforo de 1.300 localidades.

Debido a su emplazamiento y a su continua renovación fue el que mejor se defendió de la crisis motivada por la llegada del video y los cambios de hábitos de los madrileños.

En el 88 se quedó solo ante el peligro. Cerraron los otros cinco locales dedicados a la exhibición de películas. Una reforma lo convirtió en tres salas y a pesar de que el negocio no era muy boyante, siguió al pie del cañón hasta hace escasos meses.

La competencia le llegó en el 92 con la apertura de seis salas en el Centro Comercial  Albufera y hace un año se inauguraron nueve mas en el otro centro comercial, el Madrid Sur.

Seis, cinco, tres, dos, uno, cero. No se trata del lanzamiento del Discovery sino de la lenta agonía de los cines del barrio. En su día Vallecas llegó a contar con siete mil butacas repartidas en seis salas.

Solo en el Paría cabían mas de dos mil aficionados, 1.300 en el Excelsior, un millar en el Bristol.

Hoy ninguno de aquellos asientos está ya disponible para presenciar una película tras el cierre del Excelsior poco antes del verano pasado. De hecho la última función no fue tal. Se utilizó para rodar algunas escenas de “El otro barrio”, el film de Salvador García estrenado recientemente

 El libro que sirve de base a la película reseña esta sala. Se dice textualmente “Comimos en casa de la Eche, como todos los doce de octubre, porque una de las Eche se llama Pili. Luego mi madre,  mi hermana Gloria y Pili se arreglaron para irse al Excelsior, que ponían “Los puentes de Madison”. Bajaban por la avenida de la Albufera, sorteando a la gente que entraba y salía del cine”.

 Elvira Lindo, la autora del texto, vivía en Moratalaz y con frecuencia venía a Vallecas. Ella ha comentado que en más de una ocasión entró en esta sala de la Albufera.

 Eusebio Poncela y Arozamena

 Desde los más pequeños hasta los vallecanos entrados en edad, a poco que hayan sido aficionados al cine, se han sentado en sus butacas. En la memoria de cualquiera mayor de 40 años quedaran las largas colas en la Albufera.

 Eusebio Poncela, quien pasó su adolescencia en el barrio, comentaba a Valle del Kas, que él vio aquí sus primeras películas,  si bien prefería irse al centro porque entonces se hacían allí los primeros pases.

 Joaquín Arozamena también relató a la revista su estreno ante una pantalla viendo a Kim Novak en el Excelsior, una mujer que entonces causaba sensación. Es la memoria viva del séptimo arte en Vallecas.

 Ahora el local se encuentra disponible. El Ayuntamiento abrió la mano y permitió instalar cualquier negocio en las salas del cine y eso ha acelerado el cierre de alguna de ellas.

 El propietario de cine Goya, que terminó proyectando películas X sin demasiado éxito, se quejaba en su día de las trabas municipales para vender el terreno. Al final se lo vendió a una constructora y hoy se levanta ahí un edificio de viviendas. En esa época, finales de los años ochenta, ya se había quedado solo el Excelsior.

 Al cine por la calefacción

 Cuando cambiaron los hábitos de los españoles, la empresa propietaria acometió una reforma en profundidad introduciendo el sistema Dolby  primero y dividiendo el local en tres salas de 686, 260 y 150 butacas después, y el negocio siguió funcionando, si bien cada vez era menos rentable.

 Un directivo de la empresa propietaria aseguraba a Valle del Kas al poco de quedarse solos en el barrio: “Esto no es bueno para nosotros, yo siempre digo que es como los bares. Cuanto más haya mejor. Si la gente tiene opciones, pues selecciona, pero sino, coge y se va a la Gran Vía. Aquí hay gente los sábados y los domingos, pero el resto de la semana da para cubrir gastos nada mas”

 La crisis del cine - aseguraba ese mismo directivo medio en broma - comenzó con la llegada del seiscientos”. Y ya más en serio añadía “La gente antes no tenía televisión, no había coches y no existía otra diversión. Venía aquí a cobijarse. Aquí estaban calentitos en invierno y más o menos frescos en verano. Se metían a las cuatro de la tarde y salían a las diez de la noche. El caso mas claro es que más  del 60 por ciento de la gente que venia se enteraba en la cola de las películas que proyectaban.  Hoy eso no pasa. Quien va a ver una película primero se entera a ver cual es y si le interesa va y ve esa película, pocos ven la siguiente aunque sea programa doble”.

 

Desde el año 55

En el archivo de la Villa se recoge que el 13 de junio de 1953, Don Fortunato Reyzabal solicitó la licencia para construir el cine en la entonces avenida del  Generalísimo del Puente de Vallecas.  El 10 de diciembre fue concedida esa licencia siendo su arquitecto Miguel Angel Luis Larrea. 

A lo largo de estos 45 años en sus pantallas se han proyectado centenares de películas, desde las que “estrenaban” dos años después de haberlo hecho en la Gran Vía a las que se pasaban aquí al tiempo que en los cines del centro.

 Ha  habido programas dobles, sesiones matinales, risas y aplausos, pataleos y silbidos, como en cualquier sala de la capital..

 Había quien pensaba que sería un buen lugar para estrenar en el Excelsior, “El otro barrio”, rodada en buena parte en Vallecas. Pero cuando el film estaba en fase de montaje una empresa colocó el cartel de “local disponible” en su fachada mientras debajo de la cartelera otro  cartel anunciaba “cerrado por obras”,  Las obras no son tales.

 Y nunca mas se encenderán los proyectores ni aparecerá el león de la Metro en la pantalla. Con su cierre desaparecen para siempre las salas tradicionales del barrio.

 Ahora se montara cualquier negocio en ese edificio, un inmueble de cerca de 1.500 metros cuadrados de superficie repartidos entre el sótano, la planta baja, la entreplanta y el primer piso. Veinte millones piden por su traspaso y 2,300.000 pesetas al mes de alquiler.

 Antes cerraron otros

 El Bristol y el París abandonaron la proyección de películas a finales de 1988. Entonces pertenecían ambos a la empresa Reyzabal junto a otras 19 salas de Madrid y nueve discotecas. Llevaban unos ejercicios desastrosos.

 

 

Ambos lucieron el cartel de alquiler en sus fachadas. El París, con sus casi dos mil localidades encontró pronto un “novio”, y desde entonces varias parejas han celebrado ahí sus banquetes nupciales.

En una de las fachadas se anunciaba la inminente apertura de nuevas salas. Entonces las normativas urbanísticas eran muy restrictivas y no permitían abrir cualquier negocio en estos inmuebles. Con esa artimaña inauguraron los salones de boda y de los cines nunca mas se supo.

En cambio el Bristol, próximo a la M-30, con una aforo de 1102 butacas, aun sigue sin comprador.

A su vez el Cine San Diego, pasó por algunas etapas con ideas brillantes antes de su cierre definitivo. En el 85 la propiedad planificó un sistema para relanzarlo convirtiéndolo en un  club de video y cine. Tampoco tuvo éxito. Primero hubo una discoteca y luego se ensayaron bailes de salón.

 Hoy hay salones de bodas y bingo en la parte de arriba. La maquina de proyección se apagó también en esta sala cuya licencia fue solicitada por Ramón Gusano Herrero (y otros) el 14 de julio de 1955, inaugurándose el 21 de octubre de ese año.  Su arquitecto fue Ambrosio Arroyo Alonso.

Once días más tarde de su inauguración solicitó la licencia de apertura de su ambigú, tal como se recoge en “El cinematógrafo en Madrid”.

Por último, el Río, perteneciente cuando terminó su actividad cinematográfica a la Sociedad Ibérica, cerró a finales de la década de los ochenta. Durante un tiempo en el local ensayó la Compañía de Teatro Clásico Nacional y hoy en su planta baja funciona una sala con espectáculos eróticos.

Otras salas han venido a ocupar el hueco dejado por los cines tradicionales. Todas ellas explotadas por la misma empresa, Yelmo Cineplex. En total hay unas quince salas con un aforo entre todas poco mayor que el antiguo cine París.

En las seis salas del centro Comercial Albufera caben unos 1200 espectadores  y en las nueve del Centro comercial Madrid Sur, algunos más.

Películas porno en el desaparecido Cine Goya

 

En el año 84 los  tres hermanos propietarios del cine Goya, situado en la calle Monte Igueldo,  a espaldas de la avenida de la Albufera, dieron un vuelco al negocio familiar y tras reducir a 200 las 800 localidades de la sala reinauguraron con películas clasificadas X.

“El fontanero, su mujer y otras cosas de meter” o “Secretaria para todo” fueron algunos de los filmes seleccionados.

 Pero el boom de este tipo de negocios duró seis meses  o a lo sumo un año. Las entradas eran más caras y exigían una serie de requisitos que hacían inviable económicamente el asunto. Hoy apenas quedan cuatro o cinco en todo Madrid. Las pérdidas se fueron acumulando y en el año 87 decidieron echar el cierre.

 Previamente habían tanteado la posibilidad de vender el inmueble pero no apareció ningún comprador solvente.

“Hubo muchos intentos de compra por parte de gente joven para hacer teatro, pero ni una peseta. Decían que una vez puesto en marcha tendrían subvenciones e irían pagando. Cosas de esas, pero no había dinero” explicaba uno de los hermanos a Valle del Kas en el año 89.  Y continuaba.

 ” No hemos puesto ningún anuncio de venta porque antes tenemos que saber que se puede hacer ahí para contárselo al posible comprador.  Por eso estamos tratando con un arquitecto y con los técnicos para ver a qué se puede destinar ya que según la ley por lo visto habría que conservar cien localidades como cine, y el resto dedicarlo a actividades relacionadas con el ocio y la cultura.

 El edificio se encontraba en muy mal estado y se fue deteriorando con el paso de los años. Con el nuevo reglamento se pudo derribar y construir viviendas en el solar.

 La prehistoria del cine en Vallecas

Este cine fue inaugurado el 7 de marzo de 1923 con el programa doble “La ciudad sagrada” y “La dama de la flor”.

 ”En ella toman parte conocidas aristócratas sevillanas ” - escribía el ABC en su edición del ocho de marzo de ese año. En su tiempo también acogió importantes estrenos teatrales. Era el de mas postín de su época.

 Emeterio Diez, estudioso de la historia del cine, ha publicado recientemente un libro sobre el movimiento obrero en la industria cinematográfica. Según ese informe, n el ejercicio de 1937, el Goya tuvo un superávit de 52.915 pesetas, cifra nada desdeñable teniendo en cuenta el precio de las entradas: una eseta.  Un obrero ganaba ochenta céntimos a la hora. El cine Argüelles perdió en ese año la friolera de 25.564 pesetas.

 Antes del Goya hubo dos cines mas en el barrio. El Heraldo de Madrid, con fecha 20 de mayo de 1908, da cuenta de la apertura de un barracón cinematográfico llamado  el “Salón del Recreo”.

 Ocupaba toda una manzana entre la avenida de la Albufera y Sierra de Javalambre. Si se quería presenciar una película en otro cine era necesario desplazarse hasta mas allá de Atocha, hasta el Retiro.

 La entrada costaba cincuenta céntimos y fue un buen negocio para la familia Jimeno hasta su cierre en los años 30.

 En el ejercicio citado de 1937 ya con el nombre de cine Jimeno, ganó 15.738 pesetas. Por su parte el cine Frutos gano en ese año 23.883 pesetas.  Hoy solo quedan en la memoria de los más mayores.

RECUERDOS DE CINE

(Revista Valle del Kas  nº 180  Enero 2001)

 

Carlos Cabañas regentó durante muchos años una librería en la calle Monte Igueldo, y siempre ha estado atento a los aconteceres del barrio, donde ha pasado toda su vida.

En cuanto leyó con mucho trabajo, ya que la vista no le acompañe, el reportaje sobre el cierre del Excelsior, quiso recordar algunos momentos de esta sala.

Según su memoria, que no suele fallarle, el primer film de gran éxito proyectado en el local fue “Lilí”, con Maurice Chavelier y Leslie Carol.  “Fue tal el numero de espectadores que normalmente las películas permanecían en cartel una semana y esta estuvo tres, siempre lleno el cine”.

Otro film de gran resonancia fue “Quo Vadis”. “Y aquí además de sacar la entrada normal te daban un vale aparte de tal forma que pagabas lo mismo por tu entrada pero era mas cara porque tenias que pagar el vale. Decían que había costado mucho hacer la película y era mas caro el alquiler”.

 El cartel de “Teodora, emperatriz de Bizancio” sembró el desconcierto entre los adolescentes de la época, unos años en que ver una rodilla al descubierto ya era todo un hito. El cartel anunciador, similar a los que se siguen colocando en algunos cines de la Gran Vía. Representaba a la protagonista tumbada con un bañador verde.  “Los chavales nos quedábamos embobados mirándola. Pero era mucho para la censura y al día siguiente aparecía la misma actriz completamente vestida, eso sí, de verde”, señala.

Cabañas se extiende en multitud de anécdotas sobre este cine levantado sobre los escombros del “Parador del Carmen”, una venta donde paraban los agricultores con sus carros, los transportistas del vino y quienes traían víveres a Madrid.

En cuanto al cine olvidado, el Numancia, Cabañas ofrece algunos datos. “Yo ya lo conocí en los años cuarenta y estaba en la calle enfrente del bingo, donde hoy hay un taller de coches, y ahí tuvo mucho éxito “El libro de la Selva”.

Además de cine se celebraban en la sala combates de boxeo, lucha libre y había teatro y varietés. Recuerdo que el pobre Tomás de Antequera que no veía el hombre, sabía cuando estaba cerca del micrófono al oír los crótalos con que se acompañaba, pero una vez calculó mal y se cayó al foso con los músicos”.

Pared por medio en la calle que cruza había también una sala de fiestas que se llamaba igual, “Numancia”, concluye.

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