En busca del mundo perdido

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MOVIMIENTO DE REIVINDICACION PREFEMINISTA EN EL VALLECAS DEL SIGLO XVII

Mayo 6, 2008 · Dejar un comentario

I. INTRODUCCIÓN 

1. UNA DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Sería difícil determinar con exactitud por qué tomamos un camino de investigación frente a otro, por qué nos obsesionan unos temas, mientras otros nos dejan indiferentes, en suma por qué hacemos nuestra una lucha sin motivo aparente.

Creo que es necesario escarbar, escudriñar los motivos, buscar una línea de evolución que a ser posible desde la niñez, nos vaya dando las claves que expliquen nuestro interés hacia unas áreas determinadas del saber.

Para ello propongo ir dando respuesta al cómo, porqué, y dónde sentí la necesidad de investigar acerca de la desigualdad que vivíamos las mujeres en pleno siglo XX.

Yo trataba visibilizar la problemática de un género, el femenino, que sentía como propia e inherente la experiencia de la discriminación: las cosas siempre han sido así, y esto es lo que hay.

En una búsqueda de respuestas, investigaba personajes femeninos en mi entorno: películas cinematográficas, textos literarios de todas las épocas, anuncios publicitarios, personalidades históricas… referentes de otras mujeres que fueran conscientes de esa marginación.

Toda esta preocupación nació en el barrio de mi infancia y adolescencia, Vallecas, un lugar de eterno retorno en mi trayectoria personal, donde fui encontrando las claves y estrategias que me ayudaron a cuestionar el orden familiar y social que viví.  

II. DEFINICIÓN DEL ENUNCIADO PROPUESTO

Creo necesario que antes de plantear un tema hay que consensuar los términos con los que se va a trabajar. Por ello propongo la conceptualización de todo el paradigma propuesto como título para sentar las bases de la tesis que pretendo demostrar.

MOVIMIENTO : Desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética… de carácter innovador.

Acepción 8ª dentro de las 14 que propone el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Existe movimiento cuando se pretende cambiar o transformar algún aspecto de la realidad y la propuesta es novedosa.

REIVINDICACIÓN PREFEMINISTA: Feminismo premoderno que, grosso modo, abarca desde los Sofistas, en el siglo V a. de C. hasta la Ilustración, donde nace el Primer Feminismo propiamente dicho conocido por la Teoría Feminista como el nacimiento del Feminismo Moderno.

Evidentemente el Feminismo no surge como generación espontánea en el siglo XVIII sino que nace, vive y se desarrolla como praxis desde que existe la interacción entre hombres y mujeres, y unos y otras fueron ejerciendo determinados roles distintivos. Muchas mujeres a lo largo de la historia sintieron constreñido su papel en la familia y/o en la sociedad y reclamaban un cambio o mejora de su situación.

VALLECAS DEL SIGLO XVII : En la Edad Media en la jurisdicción administrativa de Madrid se distinguían dos conceptos: la Villa y Tierra de Madrid. La Villa estaba circunscrita a un conjunto de parroquias. La Tierra se dividió en tres sexmos que se designaban con el nombre de la circunscripción más importante: Vallecas, Villaverde y Aravaca. “En cada sexmo se nombró un representante que era el valedor de los aldeanos ante el concejo, recogía los impuestos y defendía los derechos de los agricultores ante las asociaciones ganaderas o mestas”pp.62. Tras la capitalidad de Madrid en 1561 Vallecas fue forestado por decreto de Felipe II con chopos, álamos y sauces igual que otros territorios de las inmediaciones tal como San Sebastián de los Reyes, Fuencarral y Majadahonda. Vallecas pertenecía administrativamente, por tanto, a la Corona.

III. LA VILLANA DE VALLECAS DE TIRSO DE MOLINA

1. EL TEATRO DEL SIGLO DE ORO

Ríos de tinta han corrido sobre este tema por unos/as tan alabado y por otros/as tan denostado. Lope de Vega le dio la fórmula mágica y lo institucionalizó en el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo.

Quizá es difícil imaginar hoy en día pero en teatro en el siglo XVII era el espectáculo de masas por antonomasia. En síntesis se hacía un teatro de espacios difusos, indeterminados, donde no hay puertas que se cierren, no existe intimidad segura; un teatro de personajes-tipo frente al teatro de Shakespeare que presenta personajes que evolucionan en el transcurso de la obra; un teatro de enredo e intriga; un teatro de finales forzados, en el que las parejas se truecan donde todos/as se casan con quien deben y fundamentalmente, un teatro en el que las mujeres adquieren un protagonismo que en la vida social de la época no tenían.

El tema que define el teatro del Siglo de Oro es el del honor, también llamado honra y fama. Las mujeres son las depositarias del honor familiar y deben salvaguardarlo no teniendo contacto físico con ningún varón excepto su marido. Si la mujer es “forzada” según palabras de la época, es decir, violada, deberá ser vengada por el marido, padre o hermano. La otra posibilidad es que hayan mantenido relaciones sexuales con un varón que les prometió matrimonio y éste huye sin cumplir lo prometido. Las comedias de enredo ceden protagonismo a las damas que son “burladas” que moverán Roma con Santiago para perseguir al burlador hasta el altar.

2. TIRSO DE MOLINA

Autor de culto para estudiosos/as, la biografía de Gabriel Téllez ha sido invalidada una y otra vez. Una de sus más fervorosas comentaristas, Blanca de los Ríos, publicó en 1928 que era hijo bastardo del duque de Osuna. Un riguroso análisis paleográfico de la inscripción bautismal desestimó por completo la tesis romántica de doña Blanca.

Tirso fue un fraile de la Orden de la Merced en la que fue creciendo profesional y paulatinamente desde su noviciado en 1600 hasta que en 1637 obtiene el grado de Maestro. Fue en 1625 cuando su condición de religioso y escritor teatral entraron en conflicto tras el acuerdo de la Junta de Reformación del 6 de marzo en el que se le prohibió la creación de comedias ni de ningún otro género profano.

Considerado por muchos/as de los críticos/as el gran segundón del género teatral tras el gran maestro Lope de vega. Gabriel Téllez confiesa su admiración explícita al “Fénix de los Ingenios” repetidas veces en su producción dramática. Tirso desarrolla básicamente la fórmula creada por el artífice introduciendo variantes que trazan una línea alternativa de posibilidades dramáticas. Si Tirso de Molina es conocido mundialmente es por constituir el creador del mito de don Juan, aunque algún que otro/a estudioso/a ha puesto en entredicho que la paternidad de El burlador de Sevilla sea de Tirso de Molina.

Si Lope magnifica el pueblo llano en la figura del gracioso, Tirso lo hace con la figura de la dama dotándola de una nueva dimensión de mujer con carácter propio que defiende sus opiniones y sus deseos aunque siempre sin oponerse abiertamente al margen social establecido.

Las comedias de enredo de Tirso de Molina tienen como protagonistas por antonomasia a mujeres que toman las riendas de su destino matrimonial. Sus heroínas son más inteligentes, más hábiles, más intrigantes y por supuesto más interesantes que los personajes masculinos que aparecen, a su lado, un tanto desvaídos.

El espacio temporal en el que aparecen las mujeres como protagonistas de su vida se reduce al estrecho margen que va desde el momento que van a salir de la autoridad paterna o fraterna hasta que van a casarse con su prometido acordado en un contrato pactado sin su consentimiento. Es en ese pequeño resquicio en el que se desenvuelven animosas para conseguir al menos la elección del que, a partir de su matrimonio, será el dueño formal de su destino. Tirso de Molina explota este breve espacio de tiempo en su producción teatral y con ello ofrece a sus heroínas un pedazo de libertad.

Los lugares donde se desarrollan los acontecimientos en el teatro de Tirso son entornos conocidos por él, Madrid, Toledo, Sevilla o Valencia fueron lugares de paso de sus andanzas. Si en la provincia de Toledo paseó a sus personajes por la Sagra, en Madrid, se decantó por sus inmediaciones eligiendo Vallecas.

Desde el punto de vista de un análisis sociológico de sus obras dramáticas, queda manifiesto que es un agudo observador de la sociedad circundante y que en boca de sus personajes plasma comentarios y juicios propios que le acercan a la ideología que ya anticipó Cervantes: todos/as somos hijos/as de nuestras obras.

3. LA VILLANA DE VALLECAS

Publicada en 1620 sobre esta obras propongo un análisis somero atendiendo fundamentalmente al significado de Vallecas en el texto.

El título en sí desprende una sonoridad marcada por la aliteración del sonido bilabial sonoro (b) y del sonido palatal ( ll). La protagonista se autodenomina una y otra vez así a lo largo de la obra con efecto formulístico cuyo objetivo, por tanto, es ser recordada por los espectadores/as con esta definición que inventa para sí. La designación se distingue en cursiva en las ediciones como era costumbre cuando los títulos son a su vez sobrenombres.

ACTO I

Desde el punto de vista espacial, en el primer acto se traza un itinerario viajero. La primera escena se desarrolla en Valencia, la cuarta en una posada de Arganda y la novena en una calle de Vallecas “por donde pasa el camino real”. Un pequeño road movie de la época muy del gusto barroco propio de la liberación que había supuesto el romper la regla clasicista de las tres unidades: la de acción, la de tiempo y la de espacio.

El resumen argumental sería el siguiente: Violante vive en Valencia con su hermano Vicente, éste en lugar de velar por el honor familiar se gasta la hacienda en juegos de azar y se encuentra una noche de vuelta a casa con una nota de su hermana que le comunica que, burlada por un tal Pedro de Mendoza que ha huido de Valencia sin cumplir su palabra de esposo, ha ingresado en un monasterio para lavar su afrenta. En Arganda se cambia de tercio, Pedro y Gabriel cenan juntos de camino, se mienten ambos en lo que se refiere a sus planes de futuro y por un error del azar, se intercambian las maletas. Aparece Violante en persona vestida de labradora y en Vallecas, lugar que ha escogido como residencia cercana a Madrid y lugar de entrada desde Valencia. Se procura un trabajo que le sirva de excusa para su entrada diaria en Madrid, llevará el pan para venderlo en la capital “El pan de Vallecas es, por branco y bien sazonado en Madrid más estimado” pp.51.

Este primer acto arranca con el tema por antonomasia de todo el teatro del Siglo de Oro, el honor, e introduce la acción: la persecución de Violante al que le dio palabra de esposo que además de huir, le dio nombre falso. Violante elige disfrazarse de “villana”, se construye una nueva personalidad con la que adquiere más libertad de acción ya que puede viajar de Vallecas a Madrid pasando desapercibida. “Por el sayuelo y botín el oro y la seda truecas”, con un cambio de imagen externa Violante crece como mujer que rige su destino personal.

ACTO II

Se desarrolla íntegramente en Madrid y representa el sumum de las intrigas: Gabriel se hace pasar por Pedro –el prometido de Serafina- para crearse un nuevo porvenir, Pedro es tomado por impostor y encarcelado y Juan, el hermano de Serafina, se enamora de Violante (disfrazada de labradora) y le pide en matrimonio.

Tirso de Molina metaforiza la blancura del pan de Vallecas y las manos de Violante, de tal manera que los comensales dejaron la comida por saborear mejor el pan “en la blancura del pan, que de leche nos le dan las manos con que le amasa” pp.53 Juan se enamora de la mujer independiente que viene y va de Vallecas a Madrid, que tiene un trabajo y con la que mantiene un diálogo vivaz, el que podrían mantener dos enamorados.

ACTO III

Todas las intrigas se despejan y las bodas se conciertan tal como deben de ser: Violante con Gabriel que es el que la burló y Pedro con Serafina, como se acordó en un contrato familiar previo. Juan, el único enamorado se queda compuesto y sin novia ya que sería trastocar el orden natural. Las últimas escenas se desarrollan en Vallecas en un simulacro de boda preparado por Violante. Consigue reunir a todos los personajes de la obra, residentes en Madrid invitándoles a su boda con su novio vallecano “Mi pueblo es cerca, la burra al venir de plomo, pero de pluma a la vuelta” pp.60, refiriéndose a que el trayecto de ida a Madrid la burra va cargada de pan mientras que el viaje de vuelta a Vallecas se hace en un santiamén.

En suma, la presencia de Vallecas en el texto abarca parte del primer acto y el desenlace del tercero donde la protagonista quiere hacer partícipes a los vallecanos de sus andanzas, “que los vecinos de Vallecas a ver salgan el fin de tantos enredos” pp.68 Tirso lo presenta como un lugar rústico, campesino, donde se cuece un pan famoso por su blancura y su sabor delicado, compitiendo en la mesa con otros manjares más considerados. El pan de Vallecas no es sólo un acompañamiento en la mesa sino que su presencia confiere a la mesa un valor añadido. El camino que separa Vallecas de Madrid se hacía en burro y era la entrada a la capital desde Valencia o Arganda como sigue siendo en la actualidad.

IV. CRÍTICA FEMINISTA.

Plantea una línea de investigación que introduzca el concepto de “Identidad de Género”. La identidad es un proceso, se construye en interacción con otros seres humanos. La identidad de género sería esa red de creencias, actitudes y sentimientos que desarrollan hombres y mujeres en su trayectoria vital.

El concepto de sexo hace referencia a las diferencias biológicas manifiestas entre hombres y mujeres. El concepto de género se construye socialmente, es la construcción social del sexo.

El concepto de género alude a los roles diferenciados que a lo largo de los siglos han dividido a los hombres y a las mujeres en el mundo, asignando a los varones el espacio público y el ámbito doméstico a las mujeres. Esta división se muestra generalizada en todos los países hasta que en el siglo XX se produce una incorporación masiva de la mujer al trabajo remunerado y con ello la posibilidad de una independencia económica. Las fronteras entre espacio público (acceso a la educación, trabajo, política…) y el espacio privado se han roto con lo que se ha establecido un nuevo orden social.

Las desigualdades económicas y sociales entre varones y mujeres se han paliado, pero se mantienen y perdura una discriminación en el terreno de la conciencia, conocida como “heterodesignación”. Se conoce como techo de cristal esa barrera apenas perceptible pero que supone una barrera en la ascensión laboral o profesional para muchas mujeres.

La crítica feminista pretende introducir el concepto de género como variable determinante en todos los análisis donde opere una interacción entre varones y mujeres. El objetivo es visibilizar cualquier tipo de discriminación que actúe sobre uno u otro sexo, las causas y posibles repercusiones en el contexto.

V. LA MUJER EN EL SIGLO XVII

Se definen a partir de su relación con los hombres. Las doncellas, por ser hijas de sus padres y las casadas por ser mujeres de sus maridos. Entre unas y otras la autoridad pasa del padre al marido tras efectuar el contrato matrimonial. La mujer representa un mero objeto contractual donde no tiene por qué tener voz ni voto. La doncella casadera irá acompañada de una dote que pasará al patrimonio familiar y que será administrado por el marido.

Este paso entre un estado civil a otro será el motivo más recurrente en el teatro de enredo de la época. El matrimonio concertado con ser una tradición común en la época no dejó de tener sus detractores/as. Tanto mujeres como varones lucharon contra este hábito por lo mucho que determinaba sus vidas futuras y de ello queda muestra tanto en la ficción como en comentarios de predicadores que increpaban una y otra vez a las mujeres a acatar las órdenes de padres y/o maridos.

En otro orden se hallaban las monjas y las viudas. Las primeras habían renunciado al matrimonio y a tener hijos por una vida en congregación con otras religiosas, dedicadas unas a la oración y otras también al estudio. Las viudas, eran muy temidas por los predicadores tanto si tenían medio económicos como si no. Las pobres que no tuvieran familia que las pudiera mantener, vivían con los recursos de la Iglesia ya que éste era uno de sus cometidos, la asistencia a los/as menesterosos/as. Las viudas estaban autorizadas a seguir regentando el negocio del marido o las rentas familiares por lo que podían organizar su vida con independencia absoluta de ningún varón. Éstas eran increpadas una y otra vez desde los púlpitos de las iglesias a que contrajeran matrimonio para que regularan su situación un tanto anómala.

1. LAS BEATAS

Quisiera al menos puntualizar otro modo de congregación femenina tanto por su significación sociológica como por el significado que tuvo en Vallecas entre los siglos XV y XVI.

Dejando al margen el significado actual del término, las beatas en los siglos XV y XVI eran todas aquellas mujeres que desde sus casas observaban algún tipo de vida religiosa solas o en compañía de otras mujeres. vivían al margen de los conventos y estaban bajo la disciplina de alguna Orden tercera secular –laica, no religiosa- como podrían ser los franciscanos o dominicos.

El estilo de vida beata representa una opción alternativa a la familia o al convento, las beatas no hacían voto de clausura aunque sí vestían un hábito distintivo que las identificara entre la vecindad.

En 1473 se constituye en Vallecas una comunidad beata de mujeres pertenecientes a la familia del caballero Alvar Garci Diez de Rivadeneira que de una ascendencia primeramente familiar pasó a ser comunitaria. Se adscribieron a la Orden Terciaria franciscana hasta que en 1535, casi un siglo más tarde ingresaron en la Iglesia Reglada bajo la obediencia del arzobispo de Toledo que les dio el hábito de San Bernardo. El patriarca familiar Alvar Garci Diez de Rivadeneira edificó el convento “donde estuvieran recogidas y guardadas” pp 412. Este proceso de “regularización” eclesiástica de los beaterios fue progresivo hasta que en el siglo XVII esta forma de vida llegó a ser anecdótica.

2. LAS ESCRITORAS EN EL BARROCO

Miles de estudios han tratado de descifrar el concepto de Barroco, bien desde el punto de vista artístico, etimológico, sociológico… la mujer sigue siendo protagonista como “objeto” en las manifestaciones literarias, siguen siendo fervorosamente amadas como en los siglos anteriores pero además son satirizadas al máximo: por ser feas, por “afeitarse” demasiado (maquillarse en demasía) y fundamentalmente por ser viejas. Esta poesía satírica de autores masculinos sólo tiene nombre de mujer, el varón no es criticado en los mismos términos. Es patente que la preocupación por el aspecto físico femenino tiene una larga tradición secular.

Por otro lado, cada vez más autoras femeninas se adentran en el espacio público de la escritura, y manifiestan su discordancia. Un ejemplo lo representa María de Zayas. La novelista escribe desde una nueva perspectiva temática sus Desengaños amorosos. Trata de sacar a las mujeres del error tan común y extendido de que los varones les van a solucionar todos sus problemas, sobre todo han de ser precavidas ante las pretensiones masculinas porque lo que buscan muchos hombres es placer sexual y por ello están dispuestos a engañar a las mujeres ingenuas. María de Zayas se propone una labor de concienciación hacia todas aquellas mujeres que leían o asistían a la lectura de sus novelas para que no creyeran a los hombres que no conocían.

VI. CONCLUSIONES

En una de sus comedias de enredo Tirso de Molina eligió Vallecas como espacio dramático. Casi cuatro siglos después podemos seguir debatiendo si fue la sonoridad del título o la curiosidad del lugar lo que le llevó a alabar este entorno. Ya fuera uno y otro el motivo, una edición actualizada de la obra serviría de acicate para un debate más polémico y más fructífero para todos/as.

 Moverse en el terreno de la crítica feminista puede parecer para algunos/as, una posición crítica determinista yo, sin lugar a dudas, considero fundamental una revisión de nuestro pasado incluyendo el concepto de género.

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PIONEROS DE LA EDUCACION POPULAR EN VALLECAS (1899-1931)

Mayo 6, 2008 · Dejar un comentario

INTRODUCCIÓN

Las líneas que siguen pretenden ser introductorias al presente trabajo que se ocupará de la exposición sumaria de las iniciativas pioneras de educación popular en Vallecas. El periodo estudiado abarca la última década del siglo XIX y se prolonga hasta la llegada de la II República en 1931.

En todo caso esta investigación poseerá un carácter tentativo habida cuenta de la escasez de trabajos científicos sobre la educación en Vallecas. De ello se hace eco Daniel Poveda, autor de la monografía “La educación en Vallecas desde los años 50″. La tesina elaborada por Asunción Servant González, con el título “La educación en Vallecas durante la Segunda República”, es también una interesante investigación histórica sobre el campo educativo vallecano que busca sus fuentes en las actas de plenos municipales de la época. En ella hemos encontrado no pocos datos de interés que han agilizado nuestra investigación.

No conocemos hasta la fecha monografía alguna dedicada a la educación popular en Vallecas dentro del periodo acotado por nuestra investigación. El caso específico de Vallecas se estudiará desde una triple vertiente histórica, política y pedagógica en la valoración y comprensión de la experiencia educativa popular de aquel tiempo.

La tesis doctoral de Alejandro Tiana Ferrer, “Maestros, misioneros y militantes. La educación de la clase obrera madrileña, 1898-1917″, recoge el arranque de las iniciativas de educación popular en sus momentos más embrionarios con interesantes referencias a Vallecas.

La administración local y nacional, iniciativas benéficas de naturaleza religiosa, partidos políticos y sindicatos de izquierda, fundamentalmente PSOE, UGT y la anarquista CNT, estuvieron presentes en los intentos de alfabetización y educación del pueblo español.

En la frontera entre los siglos XIX y XX en la que se alumbraba en España una nueva era fabril, que había transformado antes en Europa a la población agraria en mano de obra urbana necesaria para el floreciente desarrollo del capitalismo industrial. De hecho estas iniciativas se concentraron en áreas de influencia urbana, derivadas de la concentración de mano de obra industrial necesitada de una mayor cualificación. Ello justifica que pueda hablarse de “educación de la clase obrera” como principal destinataria de esta educación popular.

De las limitaciones de aquella tarea puede dar idea el que en la España finisecular del siglo XIX la agricultura empleara aún a la mitad de la población, el 70% de la cual era analfabeta. Sólo a partir de 1920 empezaron a reducirse los porcentajes de analfabetismo. Tres años después se crea la Comisión Central contra el Analfabetismo dependiente del Ministerio de Instrucción Pública.

La tasa de escolarización de niños de 6 a 13 años se situaba en 1855 en el 40.6%, mientras que la tasa de alfabetización en 1860 era del 24.4%. Las escuelas públicas fueron aumentando en el país de 24.000 a comienzos de siglo a las 29.000 de 1903, y a las 35.000 de 1930. Al iniciarse el primer tercio del siglo XX la mitad de la población infantil no tenía acceso a la escolarización.

A la década de los 30 se llegaría con una tasa de analfabetismo que oscilaba entre el 44.3% en términos brutos y un 32.4% en términos netos (contando sólo con individuos mayores de 10 años).

En 1924 Vallecas contaba con siete escuelas públicas (nacionales y municipales) y una tasa de escolarización del 72.6%. Estaban escolarizados 3.872 alumnos de una población en edad escolar de 5.333 niños y niñas. Las deficiencias de la oferta pública escolar saltan a la vista al comprobar que 3.146 (un 81.2% del total) asistían a centros privados.

En 1930 Vallecas contaba con una población aproximada de 51.767 habitantes, soportaba una tasa de analfabetismo oficialmente situada en el 53% (la provincial era del 29%) y un 70% de la población escolar seguía asistiendo a escuelas privadas mayormente religiosas todavía, toda una muestra de la precariedad de los medios públicos puestos al servicio de la educación.

El número de escuelas públicas se había incrementado en quince hasta un total de veintidós durante la dictadura de Primo de Rivera. En el ámbito de las actividades extraescolares destacaban las Colonias escolares de verano para niñas, dirigidas en 1931 por la Inspectora Provincial de Primera Enseñanza Juliana Torrego.

VALLECAS EN LA REALIDAD NACIONAL

En Europa las corrientes de renovación pedagógica pasaban por los enfoques positivistas, sociologistas, marxistas y de la nueva educación experimental. En España, de entre los intelectuales del siglo XIX, destacaría por su preocupación pedagógica por la educación popular de los más pobres Concepción Arenal, que moriría en 1893, también abanderada de la educación de la mujer y de los presos sociales.

El sistema educativo liberal había quedado plasmado con unidad y coherencia en el Plan General de Estudios de 1845, también llamado Plan Pidal, y sus tesis se habían visto influenciadas en gran manera por el pensamiento del pedagogo Pablo Montesino, a su vez influenciado por el modelo de escuela de Pestalozzi. La educación quedaba administrativamente en manos del Estado, y se incluía un sesgo de desigualdad económica al renunciar al principio de gratuidad en la enseñanza secundaria y superior; por otro lado se sancionaba el principio de libertad de enseñanza con limitaciones al interés mercantil sobre la educación.

Se trataba de un plan de estudios ecléctico que combinaba tradición y modernidad y centralizaba la enseñanza universitaria. La administración educativa se ordenaba de acuerdo con el principio de asignación de las materias de instrucción pública al Ministerio de Gobernación, con el asesoramiento del Consejo de Instrucción Pública, centralizando los fondos en una junta específica.

La contrarreforma educativa auspiciada por los planes de 1850 y 1852, y el decisivo Concordato con la Santa Sede de 1851, que reconocía los seminarios como centros de enseñanza secundaria limitaron los efectos personales para los liberales. Habían transcurrido los años de la década moderada siguientes a la caída del regente Espartero que permitieron la consolidación del sistema educativo liberal. Pasado el llamado bienio progresista de 1854-1856 Narváez formó un gobierno moderado con Claudio Moyano al frente del Ministerio de Fomento, impulsor de la denominada Ley Moyano de 1857. En esta ocasión el texto legal preveía la obligatoriedad de la enseñanza primaria de los 6 a los 9 años. La ley también daba un nuevo impulso a las Escuelas Normales dedicadas a la formación de maestros y maestras.

Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) se promulgaría el decreto ley de libertad de enseñanza firmado por el entonces ministro de Fomento Ruiz Zorrilla, el 21 de octubre de 1868, que ampararía la creación de centros docentes y la libertad de cátedra.

Las iniciativas de educación alternativa opuestas al modelo de escuela pública clerical de la Restauración prolongado por la dictadura de Primo de Rivera, fracasadas las reformas progresistas anteriores, de escuela pública fueron la Escuela Moderna de Francisco Ferrer (laica, naturalista y racionalista), la Escuela Nueva de Manuel Núñez de Arenas de orientación socialista, él y Marcelino Domingo teorizarían una nueva pedagogía entendida como acción política, y la Institución Libre de Enseñanza, de inspiración krausista, ligada a la iniciativa de educación privada promovida por la burguesía culta y progresista de la época que alentaron entre otros Francisco Giner de los Ríos, Montero Ríos, Salmerón, o Cossío. La secularización de la enseñanza se convirtió en causa de enfrentamiento político entre liberales, con Canalejas y Romanones al frente y conservadores que abogaban por mantener los privilegios de las órdenes y congregaciones enseñantes de naturaleza religiosa.

Este era el caso de jesuitas, escolapios, dominicos, salesianos, los Hermanos de las Escuelas Cristianas y la Compañía de María. Las Escuelas del Ave María, del sacerdote y pedagogo Andrés Manjón, constituyeron una experiencia de educación popular gratuita que tuvo su origen en Granada en 1889 y acabó extendiéndose a otras ciudades, entre ellas Madrid, centrada en la consideración de la educación como medio de redención individual y social. Propugnaba la unidad de escuela, taller y granja e incidía en la formación cristiana.

En Vallecas la enseñanza religiosa fue la principal beneficiaria de subvenciones municipales. El caso más significativo fue el de las “Escuelas Parroquiales de La Acacia”, promovidas y dirigidas por el párroco de la iglesia de San Ramón, el sacerdote Emilio Franco, que acaparaba porcentajes cercanos al 40% de las subvenciones destinadas a la educación privada. Las irregularidades pedagógicas y sanitarias acabarían acarreándole la suspensión de dichas ayudas ya en la época republicana.

Como en otros tantos aspectos de la vida social y política de finales del siglo XIX español la España oficial marchaba por un lado mientras que la España real hacía lo propio por otro. El Congreso de Pedagogía de 1882 intentó paliar la situación de marginación social y profesional de los maestros de escuela y reivindicó para ellos la pensión de jubilación de la que carecían.

La creación de la cátedra fröbeliana del Museo Pedagógico Nacional fue uno de los pocos signos institucionales por renovar las metodologías educativas. Hasta el año 1900 no se creó el ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, del que pasaron a depender el Consejo de Instrucción Pública, la Dirección General de Primera Enseñanza y la Inspección de Enseñanza.

A lo largo de 1909 y 1910 nacerían las instituciones que en el futuro más inmediato jugarían un papel decisivo en la europeización y democratización de la cultura en España: la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, el Centro de Estudios Históricos y la Residencia de Estudiantes. En 1909 con Maura en el Gobierno se fundó la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio, dedicada a la formación de especialistas en temas pedagógicos.

El cambio fundamental en el modo de escolarización se debió a los esfuerzos institucionales de sustituir la tradicional escuela/aula, con un solo profesor y alumnos de todas las edades, por la escuela/colegio, con varios profesores de entre los cuales uno desempeña las funciones de director y alumnos clasificados y separados por edad. Su implantación fue deficiente, si en 1923 la escuela/aula alcanzaba el 92% en 1935, ya durante la época republicana, el porcentaje sólo había descendido hasta el 82%.

No obstante la llegada de la II República permitió avanzar en el establecimiento de una escuela pública, laica, gratuita y dispuesta a la integración de ambos sexos. La Escuela Única secularizó la enseñanza y cumplió el concepto de unidad del ciclo educativo unificando la enseñanza primaria y secundaria en el Ciclo Único. La labor cultural republicana se extendió por el país a través de la Extensión Universitaria y las Misiones Pedagógicas que se ocupaban de la promoción cultural itinerante por las zonas rurales. Mientras, la potenciación de la Junta para la Ampliación de Estudios proseguía la apertura cultural y educativa a Europa.

Hasta entonces la educación de las masas tuvo que ver con la improvisación y el voluntarismo, en el caso de las iniciativas estatales y religiosas, y con el ideal de emancipación social a través de la educación en el caso de la acción desarrollada por las formaciones políticas y sindicales. Las iniciativas de limitado alcance existentes en Madrid se localizaban en la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Aprendices del Ayuntamiento de Madrid, el Centro de Instrucción Comercial y la Escuela del Hogar y Profesionalidad de la Mujer y el Centro Iberoamericano de Cultura Popular Femenina como iniciativas dirigidas a la educación femenina.

Las clases de adultos se impartían en horario nocturno en las dependencias de las escuelas públicas. Las demás iniciativas de educación popular se situaban en el ámbito privado (Fomento de las Artes y Centro Instructivo Popular) y de extensión universitaria (Conferencias de Extensión Universitaria en el Ateneo, y la independiente y autónoma aunque también ligada al Ateneo Universidad Popular de Madrid). En el ámbito político, además de las aportaciones de los partidos obreros, existía una amplia gama de círculo obreros, republicanos, liberales y monárquicos.

En la realidad educativa nacional factores como la escasez del número de plazas escolares públicas, y la deficiente consideración de la educación de adultos, unidos al carácter confesional y de clase de la educación pública y religiosa de la época, hizo que en Madrid inicialmente, y de una manera particular en Vallecas, las organizaciones obreras se decidieran a implantar centros educativos alternativos para lograr la educación de los obreros y de sus hijos, así como para mejorar su cualificación profesional.

La formación de Círculos Socialistas en Madrid, que tuvo su origen en el Centro Obrero de la calle Relatores, convirtió con el tiempo a las casas del pueblo en centros educativos a través de las llamadas Escuelas Laicas Socialistas, cuyos profesores decidieron agruparse desde 1909 en la Asociación de Profesores Racionalistas. Así ocurrió en los distritos de Norte, Sur, y Latina que en 1913 acondicionaron escuelas en sus sedes. El Círculo Socialista del Puente de Vallecas contaría con la Sociedad de Profesiones y Oficios Varios y Escuelas Racionalistas.

El PSOE sentó las bases de su política educativa en aquel tiempo en las “Bases para un nuevo programa de instrucción pública” presentadas por la Escuela Nueva a su XI Congreso (1918) y aprobadas en él. Durante la II República el socialista Amós Acero, a la sazón alcalde de una Vallecas entonces secesionada de Madrid, articularía esfuerzos propios, como educador popular en la Casa del Pueblo, e institucionales para mejorar el acceso a la educación de las clases populares.

La nueva administración local republicana construyó en sus primeros años tres nuevas escuelas de párvulos, dos unitarias de niños, los grupos escolares Giner de los Ríos, con tres secciones de niñas, Nicolás Salmerón, con cinco secciones de niños, y Pablo Iglesias con cuatro secciones de niños. El número de nuevas escuelas se elevaría hasta veintisiete nuevos centros en el resto del mandato hasta 1934.

LA EDUCACIÓN DEL PUEBLO

Desde finales del siglo XIX la educación popular formó parte de la discusión política nacional. Al decir de los intelectuales de la generación del 98 el problema de España era en gran medida un problema de falta de educación y cultura. La pérdida de las colonias ultramarinas en 1898 radicalizó la postura de una serie de intelectuales que vieron en el ideal regeneracionista la posibilidad de redimir a España de su incultura por medio de la ilustración de las masas y de la lucha contra el clericalismo.

Se trataba en esta vertiente de un ideal pedagógico de liberación intelectual y política que animaba igualmente los esfuerzos del krausismo, y que apareció teñida de tintes claramente europeístas en la posterior generación de 1914.

El filósofo Ortega y Gasset fundaría la Liga para la Educación Política y abogaría por el necesario liderazgo de una élite europeizada y europeizante que practicara una pedagogía social modernizadoras del país, renovara la enseñanza universitaria y llevara a España por los derroteros de la ciencia. Desde la esfera política Manuel Azaña cargaba las tintas sobre la necesidad de democratización del Estado y del reconocimiento del ascenso político de las masas.

Aunque resulta claro que estamos ante diversas tradiciones intelectuales no siempre convergentes en sus planteamientos políticos sí es posible establecer un nexo en la centralidad de la educación del pueblo como medio idóneo para resolver el tan traído y llevado problema de España. Educación, europeización y democratización serán el credo progresista durante estos años que se pondrá en juego durante la II República.

La preocupación por la educación popular alcanzará también a la generación de 1927, que mantendrá vínculos reseñables con Vallecas a través de la denominada Escuela de Vallecas. El pintor Benjamín Palencia y el escultor Alberto Sánchez la situaran como lugar de referencia e inspiración para la realización de un nuevo arte nacional, y serán visitados asiduamente por Federico García Lorca y Rafael Alberti.

De entre los escritores de la llamada generación del 98 Pío Baroja se valdrá del retrato narrativo de la Vallecas de la época para ilustrar lo insostenible de la situación social y moral del país reflejada en “el espectáculo de miseria y sordidez, de tristeza e incultura, que ofrecen las afueras de Madrid con sus rondas miserables, llenas de polvo en verano y de lodo en invierno”.

Los colores siniestros y melancólicos abundan en la descripción que de Madrid realiza en dos de sus obras, La busca y Mala hierba. En la primera pueden encontrarse pasajes que como el anterior hacen referencia a la ronda de Vallecas, situada “por encima de los altos y hondonadas del barrio de Pacífico”. El hermano del autor, el pintor Ricardo Baroja, plasmaría esta realidad social en el aguafuerte “Mendigos del Puente de Vallecas”. Mientras el pintor realista Ignacio Zuloaga se convertiría en el pintor de esta generación con una cuidada temática de denuncia nacional en obras como “El enano Gregorio el botero”.

En su historia de Vallecas Luis H. Castellanos y Carlos Colorado retratan la sociedad dual vallecana de principios de siglo, trasunto del proceso de modernización social y económico que vivía el país con un coste añadido de dualización social entre la nueva clase media y un proletariado miserable, recién llegado del campo, que malvivía en los arrabales de las ciudades. Aristócratas terratenientes (beneficiados por las desamortizaciones del XIX), comerciantes e industriales (en Vallecas se radican fábricas de loza, chocolate, ácidos, sillas, que caracterizan también al resto del extrarradio madrileño) por un lado, y una masa de jornaleros, obreros y pobres de solemnidad por otro que irán adquiriendo una progresiva combatividad social y política dentro de las organizaciones obreras de izquierda.

Vallecas contaba a principios de siglo con juzgado municipal, la ermita de Nuestra Señora del Carmen, el teatro de la Sociedad Recreativa de Comercio, cuartel de la Guardia Civil y frontón. Vallecas era entonces el punto intermedio entre las canteras de yeso asentadas a lo largo de la carretera de Valencia y Madrid.

Aumenta su población debido a la inmigración procedente de las zonas periféricas, de 3.124 en 1877 a 19.073 en 1910 (Madrid la había incrementado de 217.154 en 1857 a 576.538 en 1900), y cuenta con un nuevo mercado de abastos en la Plaza de Monte Rubio que sustituye al mercadillo ambulante que se montaba a lo largo de la calle Arroyo del Olivar.

El crecimiento demográfico ha afectado a las zonas del Puente de Vallecas, Doña Carlota, la China y Meca, barrios embrionarios del futuro núcleo urbano de Puente de Vallecas. Asimismo cuenta con asistencia sanitaria, y abastecimiento de aguas, al menos desde 1923, año en que llegaría el metro como consecuencia de la prolongación de la línea 1 Sol-Cuatro Caminos primero hasta Atocha y luego hasta Puente de Vallecas. Entre 1922 y 1925 experimentará un nuevo desarrollo urbanístico en terrenos urbanizados por la Compañía Madrileña de Urbanización en Pacífico, la ladera del Cerro del Tío Felipe, Palomeras, Camino del Hormiguero y Pozo del Tío Raimundo. La Constructora Benéfica urbanizaría parte de Pacífico y Entrevías.

Los dos cronistas nos proporcionan interesantes datos educativos. En 1888 se datan dos escuelas con sistema mixto en Vallecas Villa y dos más de sistema simultáneo en Nueva Numancia. En 1910 las escuelas de Vallecas Villa habrían pasado a ser seis, tres de niños y tres de niñas. Un profesor municipal enseñaba gratuitamente a los niños más pobres de Doña Carlota por carecer allí de escuela pública. En 1929 el Ayuntamiento de Vallecas convocó un concurso-oposición para cubrir una plaza de profesor de adultos.

De entre las iniciativas privadas pueden nombrarse el colegio de señoritas “La Sagrada Familia”, fundado por doña Dolores Humanes en la calle Arboleda de la Villa de Vallecas, que llegó a ofrecer clases para el ingreso en magisterio, y el “Instituto del Puente de Vallecas” en la calle Gerona, actual Cerro de Garabitas. En el se impartían clases de primaria a niños y niñas, bachillerato, preparación para carreras facultativas y especiales, preparación especializada para oposiciones de Hacienda, Telégrafos, Correos, Radiotelegrafía y Topógrafos, y de Secretarios Municipales.

El Centro fue fundado por el maestro nacional Umbelina Martínez, el doctor en Derecho Manuel Moix y el miembro del Tribunal Supremo de Hacienda Antonio Zapata. La fractura social entre las clases populares y la clase media hace que sean los hijos de esta última los beneficiarios de la segunda enseñanza y lleguen a ser estudiantes becarios.

Hasta la llegada de la administración republicana el maestro y director de una escuela privada Jesús Veiga era el profesor encargado de los alumnos becarios. Su escuela, que él reclamaba unida al proyecto de escuelas racionalistas, sería inspeccionada bajo la acusación de no cumplir el requisito de matriculación gratuita, lo que acabaría suponiendo la retirada de subvención pública municipal.

Vallecas careció de biblioteca municipal hasta 1932, el mismo año en que tuvo su Escuela de Artes y Oficios. Al finalizar el periodo cronológico impuesto a este trabajo las subvenciones municipales previstas para el año 1931 dan constancia de algunos focos de educación popular existentes hasta la fecha: Hermanas Terciarias, Centro Obrero Católico, Benéfica Carloteña, Centro Instructivo de Obreros Republicanos, Hermanos del Niño Jesús de Praga.

En los presupuestos municipales para 1932, elaborados por la administración de Amós Acero, se incluyen en esta partida a la Sociedad de Oficios Varios y Escuelas Racionalista, Sociedad de Entrevías, Jesús Veiga, Gaspar Palacios, Irene Domínguez y Sociedad de Vecinos de Erillas Altas.

CONCLUSIONES

En el presente trabajo hemos pretendido ofrecer una visión de las iniciativas pioneras de la educación popular en Vallecas desde la triple perspectiva histórica, política y pedagógica. La referencia tanto a la realidad socioeducativa de Vallecas como al clima político e intelectual de la España de la época nos ha permitido enmarcar la realidad vallecana.

Observamos que son numerosos los cruces de planteamientos socioeducativos e ideológicos en la España de principios del siglo XX vinculados a los distintos modelos educativos existentes. De este modo la guerra de ideas polarizó de tal manera a los hombres que querían movilizar la sociedad a través de la educación que en el plano práctico las consideraciones pedagógicas, con ser importantes, se vieron relegadas a un segundo plano por la política.

En Vallecas salta a la vista la dualización social, una deficiente oferta pública escolar y el gran peso de la escuela religiosa que acapara la mayoría de las subvenciones públicas municipales. La situación educativa no era la más propicia para hacer de la escuela un lugar de libertad ni para servir como mecanismo social igualitario.

Por último diremos que hemos pretendido dejar aquí una puerta abierta a futuras investigaciones que nos hagan comprender, basándonos en la historia más reciente, el desarrollo de un barrio que se ha hecho a sí mismo. Aún hoy en nuestro presente Vallecas padece importantes deficiencias en equipamientos educativos y un preocupante nivel de fracaso escolar. Pero esta es ya una realidad que corresponde analizar a otros.

 

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LA II REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL EN VALLECAS (De la euforia a la depresión/represión)

Mayo 4, 2008 · Dejar un comentario

I – INTRODUCCIÓN

La II República surge prácticamente como una fiesta tras las elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931, en las que los representantes monárquicos pierden en todas las principales ciudades, proclamándose la II República a los dos días, el 14 de abril.

Esta fiesta apenas tuvo continuidad pues casi de inmediato se enfrentó a una serie de graves problemas entre el proletariado y campesinado que exigían reformas urgentes y las clases privilegiadas que ven peligrar su posición, todo eso hace que la vida cotidiana de la II República entre en una espiral de violencia que desemboca fatídicamente en el levantamiento militar que se inicia en Marruecos (Melilla) el 17 de julio de 1936, y que al día siguiente se extiende por toda la península.

Cuando se produce el levantamiento militar una parte considerable del ejército y de los cuerpos de seguridad se suman a él, pero también existe un importante contingente que permanece leal a la República que, unido a la impresionante movilización popular que se produjo en todos los partidos del Frente Popular que se habían estado preparando para esta eventualidad, hace que el mapa de la península quede dividido en dos sectores claramente definidos.

La extraordinaria movilización obrera, unida a una evidente debilidad del gobierno legítimamente elegido, propició que se diese en la zona republicana una situación revolucionaria, donde se veía la ocasión perfecta para implantar todas las reivindicaciones que desde la proclamación de la II República se habían estado solicitando y que no había sido posible llevar a la práctica.

La ola de extremada violencia que se dio en todo el territorio sólo se entiende si se tienen en cuenta la enorme polarización de la sociedad española, uno de cuyos lados era el Frente Popular compuesto por todos los partidos de izquierda, republicanos, socialistas y comunistas y parte de las clases medias y pequeña burguesía, aglutinados en torno a un ideal republicano, popular y antifascista. Y el otro compuesto por el bloque de derechas donde se integran también un conjunto muy heterogéneo de fuerzas como monárquicos, carlistas, tradicionalistas, militares, católicos, terratenientes, fascistas, etc.

La guerra civil española desde el principio se concibió como una guerra de exterminio del oponente, no sólamente había que vencer al contrario, sino también aniquilarlo y para ellos se utilizaron todos los medios al alcance para conseguir el objetivo.

La rebelión militar al igual que la revolución social que se da en el lado republicano, ponen de inmediato en funcionamiento una impresionante estrategia de exterminio en ambos lados.

El propio Franco comentó que “no dudaría en fusilar a media España si tal fuera el precio a pagar para pacificarla”, y matar masivamente campesinos y obreros era el reconocimiento de que la España de orden que buscaban los militares sublevados iba por el camino correcto, al igual que para los revolucionarios el asesinato de clérigos y grupos dominantes era la constancia que el camino hacia la revolución se había iniciado.

Es decir, los asesinatos en la zona rebelde se producen como consecuencia de una decisión fríamente calculada por parte de los mandos militares, apoyados por la Iglesia católica como legitimadora moral de dichas acciones encaminadas a la formación del nuevo estado totalitario basado en el terror. La violencia era un fin en sí mismo, con un absoluto desdén hacia los derechos humanos, una demostración del Estado militar, católico y fascista que se quería implantar, y esta labor de limpieza se prolongaría durante muchos años después de finalizada la guerra para consolidar ese Estado.

Los asesinatos en la zona republicana se producen como consecuencia de la desaparición del Estado incapaz de controlar a los elementos revolucionarios que desde un principio pugnan por hacerse con el control de la situación y de hecho estas ejecuciones sumarias fueron desapareciendo a medida que se fue reconstruyendo el Estado.

Para el caso de Madrid las fases de la represión se pueden dividir en tres grandes períodos:

Una primera fase que transcurre desde el alzamiento militar hasta principios de 1937 donde se da una represión por parte de grupos incontrolados, a pesar que a finales de agosto de 1936 se crearon tribunales populares para juzgar delitos de rebelión, que incorporó elementos de jurisdicción militar así como el “procedimiento sumarísimo” y que poco a poco fueron terminando con la acción de los grupos de incontrolados, acabando las milicias sometidas a la disciplina del ejército.

Una segunda etapa hasta el fin de la guerra de represión controlada por los diferentes tribunales constituidos, que si por un lado evitó sacas y paseos también permitió una creciente actividad de los espías y quintacolumnistas que se organizaban y actuaban con creciente eficacia dentro del sector republicano, motivo por el que en agosto de 1937 se crea el Servicio de Investigación Militar (SIM) dedicado a desenmascarar actividades contra la República, y que resultó bastante efectivo en desarticular numerosas redes de espionaje y sabotaje.

Y un tercer período de represión física, económica e ideológica dirigida hacia la población que había combatido en el bando republicano y que abarca prácticamente desde el final de la guerra hasta final de la década de los cuarenta.

II – LA GUERRA CIVIL EN VALLECAS. LOS PRIMEROS MOMENTOS DEL ALZAMIENTO.

En Vallecas se produce una rápida movilización ya que las organizaciones obreras y sindicales, al igual que en el resto de Madrid, llevaban tiempo temiendo por un levantamiento militar, estas organizaciones rápidamente pasan a ejercer el control de la calle.

El Partido Socialista tenía su sede, desde 1932, en la calle Concordia, 6, donde reside en la actualidad, también existían otras locales de Partidos Republicanos, una en la zona de Doña Carlota y otra en la calle de Peña Prieta.

En Madrid, el pronunciamiento militar no triunfa debido a la división de los militares y a la lealtad del cuerpo de la Guardia de Asalto, así como la rápida movilización de las bases de los partidos políticos y sindicatos.

“En mitad de un película que se estaba ofreciendo en el cine de verano «San Méndez» que estaba en la calle Nicasio Méndez, actual calle de Monte Igueldo, pararon la proyección para comunicar que todos los miembros se los sindicatos y partidos políticos que se presentasen de inmediato en sus respectivas sedes con motivo de organizarse para defender la República” (Angel Llorente).

Los militares sublevados junto con falangistas movilizados, se hicieron fuertes en el cuartel de la Montaña que será tomado al asalto el 20 de julio por militares fieles a la República y obreros armados, ejecutando tras la toma del cuartel a más de un centenar de los sublevados y al propio general Fanjul que tras ser juzgado sería fusilado. En esos primeros momentos, al igual que sucedió durante toda la guerra y en todo el territorio no había sitio para la piedad ni para el perdón. El clima de terror se imponía desde el primer momento.

Desde el momento que se extiende el rumor de la rebelión militar, en aquel caluroso viernes del 17 de julio de 1936, los obreros vallecanos al igual que los de todo el país pensaron que había llegado el momento de la revolución social que tanto habían estado esperando. La gente empezó a salir a la calle y a dirigirse hacia las organizaciones sindicales y políticas a las que pertenecían, sabían que debían permanecer alerta y velar para que ese anhelo tanto tiempo deseado no se les escapase de las manos, obreros, jóvenes estudiantes y mujeres se juntaron alrededor de sus respectivas sedes y alrededor de los cuarteles para exigir armas con las que defender la República. 

En Vallecas existía la Casa del Pueblo del partido socialista en la calle Concordia donde está la actual sede del PSOE, y que fue construida en 1932, y en la misma calle, casi enfrente tenía un local la CNT, en ambos locales funcionaban colegios y servían como lugar de reunión y de actividades para los obreros del Puente de Vallecas. En la calle Puerto Alto había un colegio que pertenecía al Partido Republicano.

“Todo el mundo sabía que iba a producirse el levantamiento, por lo que muchos llevaban días sin dormir en sus casas pendientes de la movilización. En el mejor de los casos, tenían unas cuantas pistolas, pero nada más, sin embargo, aunque estuviesen desarmados, debían permanecer alerta, noche tras noche, durmiendo sobre los bancos de sus secciones locales” (Pedro S.)

Dentro de los planes del alzamiento los dirigentes insurgentes pensaban que en Madrid no triunfaría el alzamiento por lo que los rebeldes tenían que prepararse a resistir en los cuarteles y sitios estratégicos hasta la llegada de los ejércitos nacionales.

“Cuando llegó la guerra nosotros sabíamos que ya sabían que se estaban parapetando en el Alto de los Leones los franquistas, y pasaban mucha munición por aquí por la carretera de Valencia y es que en el Pueblo Vallecas había un polvorín, y de ahí sacaban la munición” (Matilde).

En Vallecas se organizaron rápidamente milicias obreras para organizar las actividades básicas de abastecimiento, se crearon comités en todos los barrios, montando comedores comunales con la comida y utensilios de cocina requisados y se funcionaba mediante vales.

“Aquí cuando estalló la guerra en el convento de frailes que había en la carretera de Valencia (actual Avda. de la Albufera, donde está el Instituto Vallecas I), cuando fuimos nosotros ahí ya no había nada, sólo la cocina. Entonces comenzaron a movilizarse y se preparó para llevar comida a los soldados y se empezó a preparar gente que guisara, con cocineros y cocineras y se recuperaron cacharros. Ese convento quedó como Cuartel General y de allí saldría el batallón 49 que comandaba el Coronel Lacalle, aparte de ese batallón surgieron otros muchos” ( Matilde).

Estas milicias también se encargaron del control y de la represión, ya que difícilmente se veían guardias de asalto ejerciendo tareas de vigilancia ya que los que habían permanecido fieles a la República se centraron en los puntos más estratégicos de la capital. Fueron las milicias obreras las que a partir del 19 de julio empezaron a ejercer la labor de policías, solicitando documentación, realizando registros, incautando vehículos y establecimientos, etc.

Se dieron una serie de detenciones sin apenas control únicamente por la apariencia o testimonio de alguna persona que acusaba a otra, sin que para ellos se tuviesen que demostrar pruebas contra el sospechoso, creando un clima de cierto terror contra cualquier sospechoso de ser contrario, o simplemente poco comprometido, con la República. Este movimiento tremendamente espontáneo de la población no dejaba de ser un tanto caótico, por lo que dentro de estos grupos fue inevitable que se mezclasen individuos más interesados por el pillaje que en la consolidación de la organización de la incipiente revolución.

“Entre las calles de Francisco Iglesias y Emilio Ortuño estaba el convento de las monjas de la “Divina Pastora”, allí si vi yo mucho desorden, se metieron unos cuantos cazurros y los pupitres del colegio los sacaba a quemar y yo les dije -no quemarlos que eso sirve para los niños, sirven para los nuestros, no queméis los libros- y por poco me meten una paliza. Por entonces sólo estaba el convento y dos casas hechas, el resto era campo” (Matilde).

También salieron batallones de voluntarios hacia los frentes de la sierra con el fin de contener el ataque nacionalista, aquí murieron muchos de los mejores y más comprometidos militantes de la zona republicana, pues iban sin ningún tipo de instrucción y apenas organización.

“Miembros de las milicias de Vallecas se fueron para la estación del norte y de allí hacia la sierra, y cuando iban en autobuses que había de dos pisos se los cargaron a todos. Se iba sin ninguna preparación” (Matilde)

III – EL CERCO DE MADRID Y SU REPERCUSIÓN EN VALLECAS

En un primer momento en el que la autoridad del Gobierno prácticamente es inexistente desbordado por la rapidez y la magnitud de los acontecimientos por parte de grupos incontrolados, se producen múltiples detenciones y ajusticiamientos, siendo los principales objetivos los militares antirrepublicanos y el clero, pero también se incluían políticos conservadores, comerciantes, burgueses, católicos, etc. 

“Sacas” (que era el resultado de sacar gente de las cárceles para asesinarlas y que tuvo como escenario principal la cárcel Modelo de Madrid), “paseos” (gente que era asesinada por alguna organización sin ningún tipo de juicio) y las “checas” (eran cárceles improvisadas organizadas por partidos y sindicatos con el objetivo de investigar acciones contra la República y de donde se sacaban a los detenidos para fusilarlos), concentrándose la mayoría de estos ajusticiamientos en los meses de agosto, septiembre, octubre y noviembre de 1936.

Por ejemplo en Madrid entre los meses de agosto y septiembre fueron asesinados aproximadamente el 90% de los religiosos que murieron durante toda la guerra civil y también la mayoría de los militares.

 

Dentro de la destrucción revolucionaria encaminada a terminar con el orden existente fue la Iglesia, y todo lo relacionado con ella, la que sufrió las peores consecuencias, se desató una furiosa persecución hacia lo religioso, curas, frailes y fieles, quema de iglesias y conventos, etc. La población identificaba a la Iglesia como la sustentadora ideológica de los sectores privilegiados, en detrimento de las clases populares, por lo que atacar a la iglesia era atacar a la parte más visible del modelo de Estado que se quería superar.

Así sucedió el 12 de agosto de 1936, donde unos 250 prisioneros, significados derechistas y miembros del clero, procedentes de la Catedral de Jaén que había sido habilitada como cárcel, fueron traídos en tren hasta Madrid. Entre los presos más destacados estaba el obispo de la diócesis de Jaén, Manuel Basulto Jiménez.

La idea de traerlos a Madrid era precisamente la de evitar que éstas personas cayeran en manos de extremistas del campo republicano dispuestos a tomarse la justicia por su mano y de forma sumaria, transportándolos a prisiones de Madrid, pero, al llegar a Vallecas, numerosos milicianos y población civil, se habla de dos mil personas, impidieron que los detenidos llegasen a su destino, apoderándose de los presos, no pudiendo hacer nada la guardia civil que los escoltaba para detener a los asaltantes.

Allí murieron asesinados la mayor parte de los presos, incluyendo al obispo, al deán de la catedral y a la hermana del obispo, de quien se encargó una miliciana apodada la “Pecosa”.

Ante el avance de las tropas nacionalistas, el gobierno huye a Valencia, quedando en Madrid una Junta de Defensa bajo la presidencia del general Miaja. En aquellos días los habitantes de Vallecas, al igual que los de Madrid vivían una situación de peligro constante, las tropas nacionalistas podían entrar en cualquier momento, sobre los tejados sobrevolaban los aviones descargando su munición, la ciudad estaba sitiada y nadie estaba totalmente a salvo de alguna denuncia injustificada que le llevase a juicio ante una checa o bien caer bajo los disparos de los “pacos” francotiradores nacionalistas que actuaban ocultos, se vivía bajo una terrible y constante tensión, a lo que había que unir una creciente dificultad para abastecerse de los recursos más básicos (alimentos, medicinas y ropa de abrigo) que provoca un rápido aumento de los precios.

Cuando se producía alguna situación desesperada, producto de los bombardeos, o ante inminentes ataques de los sublevados, se volvieron a producir sacas de las cárceles y ejecuciones masivas, como fue el caso de los más de dos mil ejecutados en Paracuellos del Jarama que, ante el cerco de las tropas franquistas a Madrid a partir del 6 de noviembre.        

Fueron sacados de las cárceles y ejecutados los días 7 y 8 de noviembre de 1936, sacas que no pararían hasta principios de diciembre, siendo ejecutados unos 2.700 presos y siendo la mitad de ellos militares.

El cerco a Madrid afectó a Vallecas, al igual que a otros barrios de Madrid, acentuándose los bombardeos, el miedo, la escasez de alimentos, etc. y también acentuó las ejecuciones ante el temor que los nacionales tomasen la ciudad.

desde Vallecas se podía oír el ruido de los fusilamientos en el Cerro de la Plata” Angel

“El 6 de noviembre en las inmediaciones del Puente de Vallecas fue abatido un avión enemigo y capturado su piloto, de nacionalidad italiana. El Sol (15-11-1936)

La población civil, articulada a través de los partidos políticos, sindicatos o simplemente a través de organizaciones vecinales, contribuyen a evitar que la capital caiga en manos de las tropas franquistas, así por ejemplo, nos encontramos con la siguiente nota publicitada el periódico “El Liberal”:

“El Comité de casa de la calle de Jaime Vera, número 16 (Puente de Vallecas), viendo la suprema necesidad de hacer frente a la lucha antifascista ha recaudado una gran cantidad de ropa de abrigo para heridos y combatientes, y para hacer frente a los gastos de sostenimiento del S.R.I. ha entregado una importante cantidad suscrita en metálico, con la que se adquirirán medicinas…”

Los frentes estuvieron principalmente en la zona oeste y sur de Madrid, en el año 1936 los combates se dieron principalmente en torno a Ciudad Universitaria, Carabanchel y Usera, y en 1937 en la zona sureste, en la que se denominó como la Batalla del Jarama.

Aquí fueron bastante afectadas las zonas de Entrevías, El Pozo y Villa de Vallecas. El 6 de febrero de 1936 los nacionalistas inician una ofensiva en la zona sureste de Madrid, con el propósito de cortar la carretera de Valencia que servía en enlace con el gobierno instalado en Valencia, y que era una de las principales vías de suministros para el Madrid sitiado y, en definitiva, el contacto con el resto de la zona republicana.

De forma que mantener esa vía de comunicación abierta para los republicanos y cortarla para los nacionalistas se convirtió en uno de los objetivos principales de ambos bandos y eso se dirimió en la batalla del Jarama. Los nacionales atacaron con cinco columnas, compuestas por legionarios y marroquíes, dirigidas por el general Varela, en un frente de unos 16 km.

A toda prisa se reunieron dos comandos de defensa republicanos, el primero pertenecía al ejército de Miaja y estaba dirigido por el comunista Juan Modesto que comandaba la IV División de tropas republicanas, división que estuvo localizada en Vallecas, estando el segundo batallón dirigido por el coronel Burillo que pertenecía al ejército del centro, del general Pozas.

Los nacionales consiguen cruzar el Jarama el 11 de febrero, pero el 16 de febrero las tropas nacionalistas son obligadas a replegarse más allá del Jarama, y al día siguiente son expulsados del tramo que habían conquistado de la carretera de Valencia, por detrás del Manzanares.

Finalmente, a partir del 27 de febrero el frente se estabiliza entre el alto del Pingarrón y San Martín de la Vega, situación que duraría hasta el final de la guerra. Esta larga batalla cuyo frente llegó a las puertas de Vallecas, supuso uno de los peores momentos para el barrio, debido a bombardeos de aviones o baterías y el cañoneo de las tropas franquistas, especialmente para el barrio de Entrevías más próximo a la línea del frente, siendo prácticamente arrasado y teniendo que ser evacuada su población.

“Me acuerdo que en el patio de mi casa, situada en el Puente de Vallecas, había un refugio y cuando sonaba la sirena todos los vecinos nos metíamos dentro o corríamos a dormir en el metro con colchones en el suelo” (Manoli)

 

Asimismo, la zona del Puente de Vallecas se vio afectada por esta batalla, debido a los intensos combates aéreos que se vivieron en esos días y a las baterías antiaéreas de la Legión Cóndor, instaladas en el Cerro de los Ángeles, cayeron muchos proyectiles en diversas partes del barrio. Cayeron bombas en la carretera de Valencia, en la calle Doctor Salgado, etc. Una bomba cayó próxima al metro situado en el Puente de Vallecas, destruyendo parte del túnel, usado como refugio por la población vallecana cuando sonaba la sirena que avisaba de la proximidad de los aviones.

“-Parte de guerra-: Nuestra aviación bombardeó eficazmente las posiciones facciosas de Pinto y Getafe… En Madrid hubo actividad artillera. Las baterías enemigas cañonearon nuestras posiciones de la Casa de Campo, Vallecas y casco de Madrid…” (24 de enero de 1937 El Liberal. Madrid).

“La criminal aviación fascista ha vuelto a actuar sobre Madrid anteanoche. De diez a doce de la noche hizo varias incursiones sobre la capital y arrojó bombas en las calles de Franco Rodríguez, Núñez de Balboa, Pacífico… las víctimas han sido, por fortuna, muy escasas…” (19 de febrero de 1937 El Liberal. Madrid)

Arturo Barea describe los efectos de los bombardeos en la zona de Vallecas:

“En la tarde del 20 de enero, un sólo avión Junkers volando bajito sobre las casuchas de Vallecas, dejó caer un rosario de bombas en una placita donde las mujeres estaban cosiendo al sol y los chicos jugando a su alrededor. Había encontrado al padre de tres niños asesinados allí… La casita del hombre -que era un vendedor ambulante de pescado- había sido destruida por siete bombas pequeñas. La mujer había caído muerta en la puerta con el niño de pecho agarrado al seno. Las dos chicas mayores habían sido muertas en el acto”

A partir de finales de febrero de 1937 el frente de Madrid se estabilizó en torno a un arco que próximo al Manzanares iba desde Pozuelo hasta las proximidades de Vallecas. A partir de aquí la guerra directa no iba a afectar tanto a la población de Vallecas, pero en cambio se acentuó dramáticamente las carencias y privaciones provocadas por la guerra, escasez a la que había que unir la llegada de refugiados huidos ante el avance de las tropas nacionalistas y que apenas encontraban un sitio para refugiarse.

A medida que avanzaba la guerra y la gente se daba cuenta de que cada vez era más difícil ganar la guerra, empezó a cundir el desánimo ante las sucesivas derrotas del ejército republicano y la prolongación del conflicto, lo que hizo que mucha gente fuese adoptando una actitud más pasiva ante el conflicto, olvidando poco a poco el espíritu del ¡no pasarán! que hizo célebre el Madrid de noviembre del 36.

En este ambiente aumentó significativamente la acción de los espías y quintacolumnistas, que no se limitaban únicamente al espionaje, sino que su labor consistía en llevar a cabo todo tipo de acciones destinadas a minar la República, con actos de sabojate en los abastecimientos, en el frente, pasando a la zona nacional personas contrarias a la República que estuviesen en peligro o que fueran reclamadas desde Burgos, captar agentes en puestos estratégicos y propragar rumores que sirvieran para desmoralizar la retaguardia republicana

Al terminar la guerra muchas personas se pudo mostrar el doble juego que habían seguido muchas personas, individuos que habían pasado por fervorosos republicanos se descubrieron como partidarios de los nacionales y también hubo muchos que, para evitar represalias optaron por mostrarse fervorosos admiradores de los franquistas.

Asimismo se descubrió que personas destacadas de partidos políticos de izquierda ocultaron a derechistas o miembros del clero ante el temor de que fueran ejecutados injustamente. En una guerra civil todo es tremendamente contradictorio y confuso, y ese es precisamente el mayor drama de los conflictos civiles.

“Al terminar la guerra se destaparon muchos, que no te lo esperabas, encontrabas a gente con la camisa azul…aquí había unos que les llamábamos “los lecheros” que eran de las Juventudes Socialistas y su padre también del Partido Socialista que tuvieron a una monja en su casa. También Julián Vinagre (concejal socialista en el Ayuntamiento de Vallecas) escondió a una persona de la familia de los Marqueses de Urquijo en su casa…” (Matilde)

IV.- LA REPRESIÓN EN LA POSGUERRA (1939-1950)

A pesar de la aplastante victoria obtenida por las tropas franquistas y la evidente desarticulación de todas las organizaciones comprometidas con la República el nuevo Estado nacionalista pretende hacer inviable cualquier intento de reorganización obrera.

Se inició una implacable represión donde la violencia y el terror se constituyen en los ejes fundamentales para la consolidación del Estado franquista, condenando a los vencidos a una total humillación y marginación en el más amplio sentido de la palabra, marginación social, económica, política, cultural y laboral, produciéndose un fenómeno

de maniquea reinterpretación histórica que ensalza a los vencedores y estigmatiza a los vencidos.

Con el nuevo régimen desaparecen los partidos políticos y sindicatos, aunque algunos de sus miembros traten de continuar en la clandestinidad, surge el partido único bajo la denominación de Falange Española Tradicionalista y de las Junta de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET-JONS), quedando las antiguas sedes de los partidos confiscadas y a disposición del nuevo partido.

 

Finalizada la guerra el destino de los perdedores, podía pasar desde los juicios sumarios y condena a muerte, a los campos de concentración, batallones disciplinarios de soldados trabajadores, colonias penitenciarias, cárceles, etc. En Vallecas, en la calle Picos de Europa, en un antiguo cuartel de la Legión conocido como el «Molinuevo» se instaló un cuartes de la guardia civil cuyo objetivo era el control político de la población que trataba de huir del Madrid nacionalista a través de la carretera de Valencia.

Cualquier persona se podía ver perseguida por un mínima denuncia, necesitando de un aval por parte de alguna persona de confianza del régimen en el que se asegurase que el detenido era inocente y que no había pertenecido a sindicatos o partido político relacionado con la República.

En Vallecas, en la actual Albufera esquina Puerto de Canfranc, había una fábrica de gorras y sombreros de paja y allí se instaló un puesto de control policial-laboral, donde todos aquellos obreros que quisieran obtener trabajo tenían que presentarse allí se querían obtener el visto bueno para poder conseguir un empleo. Por supuesto para muchos vallecanos el pasar por dicho trámite supuso el encarcelamiento.

“Mi hermano fue allí a apuntarse y yo le decía, Juan no vayas que te cogen, más vale que vengan a casa a que te cojan allí… se apuntaban porque los reclamaban, porque era un obrero que iba por trabajo… se tenían que apuntar porque les tenían que hacer el saneamiento. Entonces le pegaron una paliza que le rompieron la mitad de los dientes y luego lo metieron preso en la cárcel de Porlier (Diego de León)” (Matilde).

Para el caso de los habitantes de Vallecas el caso del asesinato del Obispo de Jaén, ocurrido en los primeros días del alzamiento, tuvo enorme importancia, así que por principio a todos los que detenían les acusaban de haber participado en dicho acción.

El acusado tenía que demostrar, cosa que en muchos casos resultaba imposible, que el no había formado parte de la multitud que asaltó el tren.

“…cuando apresaron a mis tres hermanos nos dijeron que teníamos que responder que nosotros no habíamos estado en el tren célebre,… nosotros al empezar la guerra estuvimos en Manzanares (Ciudad Real) a ver la familia de mi padre, así que no pudimos estar allí. En Manzanares salvamos al marido de mi prima cuando unos milicianos fueron a por él, por lo que nos hizo un aval por dos semanas… También el dueño de La Criolla, una bar de Fuencarral al que mi hermano había defendido, nos hizo un aval por tiempo indefinido para los tres hermanos. Y yo llevé todo eso, pedían pena de muerte por los tres, sobre todo por el mayor…” Matilde.

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Vallecas en la Guerra Civil: 1936-1939

Abril 29, 2008 · Dejar un comentario

Cuando en 1936 vuelven al ayuntamiento los concejales expedientados por la Huelga de octubre de 1934, y Amós Acero asume de nuevo su cargo de Alcalde, aclamado por los vallecanos, apenas son cuatro meses hasta el comienzo de la Guerra Civil, y los problemas que se plantean en el momento son muy distintos de los que han ocupado estas páginas, y son además más urgentes de resolver, más inmediatos. Educación, cultura, obras públicas o trabajo, vuelven a dejar de ser prioridades, enterradas entre los escombros de los bombardeos.

Cuando en julio de 1937, el Ministerio de Gobernación ordena el cese de los miembros de las corporaciones municipales para que éstas estuviesen formadas por una representación de todas las organizaciones políticas y sindicales que formaban parte del Frente Popular, Amós Acero permanece como alcalde, y allí permanece hasta marzo de 1939, cuando Madrid es ocupado por las fuerzas fascistas y es fusilado .

Vallecas estaba en inmediata cercanía a uno de los frentes de guerra más activo de Madrid. Por el este, por la carretera de Valencia permanecía Madrid unido a la República, y por esta importancia el ejército rebelde atacó con especial dureza esta vía durante toda la contienda, siendo escenario de dos batallas fundamentales, la del Jarama y la de Guadalajara. La primera tuvo como escenario, entre otras localidades del este de Madrid, Vallecas. El frente se extendía a lo largo de 16 kilómetros desde la carretera de Andalucía hasta la de Valencia

Entrevías, Pozo del Tío Raimundo Y Villa de Vallecas fueron las zonas más castigadas, en particular el barrio de Entrevías fue totalmente arrasado, al quedar en primera línea del frente, teniendo que ser evacuada la población. El Puente de Vallecas, por su cercanía al escenario bélico y por hallarse atravesado por la carretera de Valencia, también fue duramente castigado con bombardeos aéreos .

Esta dureza se ve corroborada por los testimonios de Enrique Líster, Arturo Barea o Alvaro Delgado (del grupo de Alberto Sánchez), así como, una vez más, por los libros de actas del ayuntamiento, donde encontramos noticia de los sucesos nacionales (batallas, decisiones del gobierno central, ciudades que caen o Federico García Lorca), y el día a día del municipio: problemas de abastecimiento de agua porque los bombardeos destruyen las conducciones y no hay dinero para arreglarlas, problemas con las familias que se habían instalado en el metro y la necesidad de realojarlas, porque éste constituye un objetivo de las bombas enemigas (como lo demuestra el hecho de que éstas destruyeran en varias ocasiones parte del túnel), problemas de orden público, como los sucesos que costaron la vida al obispo de Jaén y a su hermana, en el Pozo del Tío Raimundo, a manos de una miliciana llamada “la pecosa”.

La destrucción supuso un doble castigo para Vallecas, como para otras muchas zonas de este país, que sufrieron la escasez y el miedo durante la guerra, y lo siguieron padeciendo a lo largo de casi veinte años tras finalizar ésta. Al incidir los bombardeos en las zonas de Portazgo, Palomeras y Picazo, quedó destruido todo el entramado industrial que había florecido en el municipio entre las barriadas y la Villa. Al tiempo desaparecieron los chalets a los que se hacía referencia ene l primer apartado.

Tras el final de la guerra, la misma causa que durante la misma la hizo objeto de atención, convirtió Vallecas en un punto estratégico en el control de las personas que querían huir de Madrid, hacia Valencia. Aquellos que no poseían avales, y los que no tuvieron la suerte de salir por Entrevías o el Pozo, fueron retenidos en el antiguo campo del Rayo Vallecano. No parece que la improvisada cárcel durara mucho, una o dos semanas, pero en ese período hubo incidentes con las fuerzas del orden por intentar los vecinos pasar a los prisioneros aprovechando la noche, por encima de las vallas mantas y pan.

Por ello no es extraño que fuera especialmente dura la represión en un municipio sospechoso de izquierdismo hasta el punto de ser denominado “la pequeña Rusia” . Fueron tímidas las voces que se levantaron para quejarse al extenderse las persecuciones y asesinatos nocturnos, Vallecas, Madrid, España, caminaban hacía un tiempo de silencio.

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1934: un breve paréntesis

Abril 29, 2008 · Dejar un comentario

Cuando en abril de 1934 se convocan elecciones, en Vallecas se consolida la mayoría republicano-socialista, y la corporación municipal no varía. Pero tras las elecciones nacionales del 1911-1933, con el triunfo radical-cedista, Amós Acero y con él todo el ayuntamiento comienza a nadar contra corriente.

Si hasta el momento, la situación no ha sido fácil por los problemas económicos y la manifiesta oposición de los sectores más reaccionarios, al menos se contaba con las simpatías y la “complicidad” del gobierno central, y de los diversos poderes públicos, que compartía ideología e intereses. La situación con la derecha en el gobierno no es la misma.

Los problemas comienzan pronto. Por ejemplo la colonia escolar de 1934 vio como el Ministerio de la Guerra denegaba su petición de material, cesión que se venía haciendo desde 1931. Esto obliga a destinar una nueva dotación presupuestaria. Se niegan también los pases gratuitos en el ferrocarril para los niños. No se trata como se puede verde un enfrentamiento directo pero desde el poder central no se le van a facilitar las cosas.

La situación, con mayores o menores dificultades permanece así hasta que la corporación secunda y apoya la huelga revolucionaria del 5-10-1934, consecuentemente con su ideología. También se dio una masiva participación de la ciudadanía.

La respuesta no se demoró, el Gobierno Civil cesó al alcalde, los tenientes de alcalde y la totalidad e los concejales de la corporación; de la cual se hacen cargo los concejales interinos con Eustaquio Pardo Zorrilla al frente.

“…resulta que ese ayuntamiento, durante la Huelga General Revolucionaria , hizo un total abandono de funciones, dejó falto de asistencia al poder público para restablecer la tranquilidad y la normalidad. Los mencionados servicios propios de esa corporación, contribuyeron por todos estos medios, directos e indirectos, a la agravación y prolongación de la referida Huelga General Revolucionaria, lo cual constituye de una parte la causa grave que justifica la suspensión del Alcalde y Tenientes de Alcalde, con arreglo al artículo 189 de la Ley Municipal; y de otra parte extralimitación, también grave, de carácter político acompañada de alteración del orden público, que es motivo bastante, según el artículo antes citado, para suspender asimismo en sus cargos a todos los concejales.”

Al asumir su cargo se revisa la situación del ayuntamiento, que no se parece en nada a la que encontró Amós Acero en 1931, tal y como aparece en una cita a cerca de la situación presupuestaria, anteriormente reseñada.

Durante este período se obstaculiza, ralentiza, la política desarrollada por la primera corporación municipal, pero sin acertar a sustituirla por un programa político global, o una actuación planificada en ninguno de los aspectos.

En la etapa que va de octubre de 1934 a febrero de 1936, no se producen, por tanto, cambios fundamentales, si bien es cierto que tampoco se produce una grave involución.

Sin duda la situación de interinidad que tenía la nueva corporación y que los vecinos le recordaron de una manera evidente, negándoles todo apoyo, influyó en la actuación de este ayuntamiento no salido de las urnas, sino de una decisión administrativa, injusta por muy legal que fuese.

Es por lo tanto un período de inactividad, un paréntesis hasta las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular, y que devolvieron la normalidad, aunque sólo formalmente, a las instituciones. No es, sin embargo, una interrupción sin consecuencias, se truncaron muchas iniciativas, y se rompió una dinámica, que los acontecimientos (1936) hicieron imposible recuperar.

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El Vallecas republicano: 1931-1936

Abril 29, 2008 · Dejar un comentario

LA SITUACIÓN EN 1931

Vallecas era en 1930 un pueblo de 51.767 habitantes. Su población como se ha podido ver, había tenido un considerable y desordenado crecimiento, debido a las primeras emigraciones fuertes que se producen en este siglo a la capital y su entorno. Su índice de crecimiento de 1920 a 1930, es de 84′29 hab/100.

Cuando Amós Acero llega al ayuntamiento, y asume su cargo la situación económica, social y cultural es muy mala, incidiendo en cuatro aspectos fundamentales:

- Déficit económico. Falta de presupuesto que limita cualquier iniciativa.

- Crisis obrera. Un alto índice de paro y unas condiciones de vida muy dura se ceban sobre la población, especialmente la recién llegada.

- Bajo nivel cultural de la población. Analfabetismo, desescolarización y falta de escuelas, todo ello agravado por la secularización de la enseñanza.

- Pésimas condiciones urbanísticas. Sobre todo en los barrios que acogían los aluviones de población inmigrante, que habían crecido sin ningún tipo de planificación o intervención pública que los dotara de servicios.

Ante esta situación el primer gobierno municipal del período republicano traza un plan de actuación, muy ambicioso, que pretende solucionar todos estos problemas solapando unos con otros, de la siguiente manera:

“…se propone convocar una reunión magna de las llamadas fuerzas vivas de la localidad para exponerles lo crítico de la situación y exhortar a todos a que cooperen a buscar soluciones, por medio de aportaciones económicas de cada uno; y si esto no fuese aceptado, tratar acerca de la conveniencia de contratar un empréstito municipal de dos o tres millones, que se dedicarían a la realización de una red completa de alcantarillado, gasto que sería reproductivo, pavimentación de calles, y construcción de grupos escolares. En este caso se propondría el nombramiento de una comisión extramunicipal constituida por representantes de todas las fuerzas vivas que periódicamente fiscalizase o investigase la inversión de los fondos del empréstito, para que todo se hiciese con el mayor acierto posible, y a la luz del día, y no hubiese la menor suspicacia, ni duda…”

PROBLEMAS ECONÓMICOS: CRISIS PRESUPUESTARIA, ENDEUDAMIENTO Y EMPRÉSTITO

En el aspecto económico el ayuntamiento de Vallecas presidido por Amós Acero, había heredado una serie de deudas de ayuntamientos anteriores.

En 1929, el por entonces alcalde de Vallecas, Adolfo Salvador, había solicitado un crédito del Banco de Crédito Local de cinco millones, que le fue concedido a pagar en 30 años, a razón de 140.000 pesetas anuales. En 1931 sólo quedaban en el banco 183.730 pesetas. El uso del resto del dinero en interés y beneficio de Vallecas es algo más que dudoso analizando, aunque sea someramente, la actuación de la alcaldía en esos años.

Hasta tal punto es así que el caso fue llevado por el gobierno municipal entrante ante la Comisión de Responsabilidades. A esto hay que sumar la deuda que durante la dictadura de Primo de Rivera fuera contraída para la construcción del matadero municipal, y de la que restaban por pagar 104.000 pesetas.

Para solucionar éste y otros problemas, y dado que los recursos a las fuerzas vivas, que un poco ingenuamente se propone como primera opción, no resultaron, se procedió a intentar el contrato del empréstito. Sin embargo esto tampoco fue tarea fácil. Tras intentarlo en el Banco de Crédito Local, El Instituto Nacional de Previsión y otras entidades, la petición fue rechazada.

Al parecer la situación financiera de tales entidades era tan dudosa como la garantía del ayuntamiento vallecano. De nada sirvió la solidaridad de los vecinos, que con sus firmas ratificaron el apoyo que ya habían dado a la corporación en las urnas, y ello a pesar de que suponía una carga adicional en sus impuestos.

Sólo se logró en último extremo del I.N.P. la oferta de un préstamo del 50% del valor de los terrenos y un 65% de los gastos de construcción de nuevos grupos escolares. También se dispuso de la suma de 186.730 pesetas que quedaba en el Banco de Crédito Local, para emprender el resto de las obras municipales.

Se pretendía incidir frontalmente en los aspectos más problemáticos e importantes del momento. Por una parte la concesión del empréstito supondría un saneamiento de la mala situación económica del ayuntamiento; y contar con el dinero para emprender las obras de acondicionamiento urbanístico del municipio, y la construcción de grupos escolares. Se paliaba el paro, y se buscaba un lugar para los niños, en ese momento en la calle, o siendo explotados trabajando por medios sueldos en tareas de adultos.

Pese a las dificultades, la administración de este dinero no debió ser mala cuando en el análisis de la situación que encuentra el ayuntamiento impuesto desde el gobierno tras los sucesos de 1934, en alcalde entrante, dice:

“…hacer constar la situación próspera de la Hacienda Municipal, que permitirá que el ayuntamiento actual, se desenvuelva normalmente haciendo posibles sus iniciativas, habiéndose encontrado al hacerse cargo de la Caja Municipal, una existencia de cincuenta y cuatro mil y pico pesetas.”

PROBLEMA OBRERO: DESEMPLEO Y CONDICIONES DE VIDA

El problema del endeudamiento del ayuntamiento descrito en el apartado anterior, agrava el problema obrero, el desempleo, las duras condiciones de vida -, ya que aumentaban los impuestos. La situación tal y como fue descrita por el propio alcalde es recogida en los libros de actas:

“Inmediatamente el señor alcalde pronunció un extenso discurso exponiendo la crítica situación en que se encuentra la clase obrera en esta localidad por la falta de trabajo, problema que tiende a agravarse y que el ayuntamiento está obligado a resolver con preferencia sobre cualquier otro asunto, ya que las medidas que hasta ahora se han adoptado han resultado insuficientes.

Como la situación es angustiosa y no se puede continuar, puesto que degradaría en una cuestión de orden público, la alcaldía considera llegado el momento de afrontar la crisis apelando a las medidas más extremas e imponiendo a la corporación, a la industria, y comercio, y al vecindario en general, los esfuerzos y sacrificios que sean precisos, todo antes de ver con paciencia como el hambre se adueña de la gran masa trabajadora, tan digna de protección, y que los niños mueren exhaustos, privados del alimento maternal…”

Para dar empleo se empleó el empréstito en el desarrollo de obras públicas de acondicionamiento urbano y construcción de equipamientos educativos. Otras iniciativas en torno a problema obrero fueron: la creación de una estadística de los obreros del término, estableciendo un “bolsín municipal de trabajo”, en el que constaran las circunstancias de los obreros, sus aptitudes profesionales, y tiempo de residencia en el término municipal.

En segundo lugar se presionó al ayuntamiento de Madrid, para que se incluyese a los obreros vallecanos en las obras que se realizaban en la capital, ya que para tal propósito había recibido este ayuntamiento una ayuda de cuatro millones.

La solidaridad de las instancias municipales y de la población queda patente en una decisión que recogen los libros de actas del ayuntamiento, y es la decisión de la comisión de fiestas del distrito norte en el año 1931 de no celebrar los festejos para dedicar ese dinero a jornales que aliviaran la crítica situación de algunas familias.

Al analizar el problema del paro, acaban concejales y alcaldes cayendo en una generalización del problema. Buscan soluciones inmediatas, desde el marco municipal, pero no pierden de vista en su análisis – que no juzgo si es acertado o no – un encuadre más amplio incluso que la propia nación. E igualmente a pesar de que esas soluciones a corto plazo, no dejan de referirse a los antecedentes, ni de ver la necesidad de planificación de cara al futuro.

“Dice que el momento presente es el resultado de la lucha entre el capital y el trabajo, y la derrota del capital, que en su agonía se agita y convulsiona complicando extraordinariamente la vida sin reparar en medios. Que el Partido Socialista tendrá que encauzar en nuevos moldes que traerán la justicia social que es la base fundamental de la vida. Combate al comunismo cuyo fracaso es evidente y recuerda que la mayor parte de los que así se definen desconocen fundamentalmente su doctrina y procedimientos. Que a lo que al trabajo se refiere es tan intenso que los obreros en Rusia trabajan catorce y dieciséis horas. Es evidente que el ayuntamiento de Madrid no se ha preocupado más que de la capital y ha abandonado el extrarradio que es realmente donde se padece hambre y necesidad, por ser donde habita el obrero, y para complicar más la cuestión se negó a facilitar trabajo a los de los pueblos limítrofes. Que este mal proviene de los tiempos de la Dictadura que debió organizar Bolsas de Trabajo, y otra situación sería la presente. Que todo el mundo se había desatado en pedir al gobierno y éste no disponía de medios para atender a todos”.

Por otra parte parece que este problema no era algo exclusivo del ayuntamiento de Vallecas. Miembros del mismo concurrieron con los de otras corporaciones municipales a varias reuniones, en las que se trataron éste y otros asuntos. La más significativa es una a la que también asistieron los diputados por la provincia, y que se dedicó exclusivamente a la búsqueda de fórmulas contra el desempleo. El problema obrero estaba muy presente entre las prioridades del gobierno municipal; que ésta era una preocupación que se compartía con otras instancias de poder local, y nacional; que la fórmula más ampliamente utilizada consistió en su vinculación con las obras públicas, lo cual era una solución de carácter transitorio, que no atacaba la raíz del problema, de lo cual eran conscientes, pero que aliviaba la tensión social.

“…hace votos para que en el próximo presupuesto, la consignación para obras se aumente en todo lo posible a fin de dar la mayor cantidad de trabajo.”  

Problema Urbanístico: agua, alcantarillado y pavimentación.

Se daban en aquel momento en el municipio zonas nuevas crecidas precipitadamente en respuesta a la llegada de población. Se sitúan estas zonas en torno al Puente de Vallecas. Aglomeración lógica por ser ésta la zona más cercana a Madrid y por encontrarse allí la línea de metro que unía Vallecas con Sol.

 

La rapidez en el asentamiento de las familias produjo el caos en la planificación urbanística de la zona. En la Villa de Vallecas, definitivamente desvinculada de los procesos que afectan al resto del municipio, este crecimiento aunque se dio, fue más lento y ordenado.

La creación de una red de alcantarillado se veía como urgente, ya que contribuiría a una mejor distribución urbanística del distrito central o Puente de Vallecas, y de las zonas limítrofes: Dª Carlota y Nueva Numancia, así como del barrio de San Diego, que eran las zonas de mayor densidad de población.

Del mismo modo se hacía necesaria la pavimentación de las calles. Las numerosas obras que son han de realizarse perecen necesitar de algún tipo de planificación, que los acontecimientos impidieron llevar a término. Se dan dos peticiones; una de un plan global de urbanismo para la zona, y otra para controlar el proceso, general de pavimentación y construcción de aceras:

- “Petición de los señores Caballo y Rubio a cerca de que el ayuntamiento haga el Plano General de alineación y Urbanización”

- Moción de la Comisión de Obras Públicas “proponiendo la necesidad de que el ayuntamiento realice una revisión general y arreglo necesario de la pavimentación de las calles para poder obligar a los propietarios a la edificación de las aceras.”

En los libros de actas está la prueba de que a pesar de esta ausencia, no sólo se pavimentaron numerosas calles, o se realizaron las obras de construcción de una red de alcantarillado; si no que tuvieron lugar otras muchas obras, cuyo denominador común es la búsqueda de una mejora de la calidad e vida de los ciudadanos del municipio, tales como:

- El enganche de las tuberías del Canal de Isabel II a las fuentes.

- Las obras de consolidación del matadero municipal de la Villa.

- El derribo del viejo lavadero, también en la Villa.

- Las obras de creación de cada uno de los Grupos Escolares, de los que se da detalladamente.

- La construcción de la Casa del Pueblo a instancias de varias asociaciones socialistas y las escuelas racionalistas del municipio, con el beneplácito y la ayuda del ayuntamiento.

- La creación de la Biblioteca Municipal.

- La eliminación de vertederos, dentro del entramado urbano, como el de la calle D. Amadeo “porque constituye un peligro para la salud pública”.

En síntesis puede decirse que las preocupaciones en cuanto al problema urbano por parte del ayuntamiento presidido por Amós Acero, se cristalizan en dos tipos fundamentales de actuaciones: aquellas dirigidas al acondicionamiento, es decir, pavimentos, alcantarillado, enganche a grandes Compañías de agua, que vienen sustituyendo en el período las concesiones privadas, como en este caso era la del señor Belmás.

Y las que pretenden dotar de servicios al municipio que la iniciativa privada, por no ser rentables no se va a ocupar de crear, y que son absolutamente necesarios, en la nueva condición de zona industrial y de servicios, progresivamente inmersa en la dinámica de la ciudad de Madrid, y de una gran actividad demográfica.

Uno de los más graves problemas era la falta de medios de comunicación que transportaran a esa población en constante crecimiento hasta sus zonas de trabajo. Problemática que se reitera en las diversas actuaciones municipales a lo largo del primer tercio del siglo:

“…tercero, que se solicite del Exmo. Señor ministro de fomento que resuelva el expediente de caducidad de la línea de vapor Madrid-Vallecas Canteras, que entorpece el tránsito en la calle del Pacífico y no cumple ninguna utilidad práctica, ni las bases de la concesión. Cuando que se interese de la Compañía de tranvías redacte y formule lo más urgentemente posible proyecto de líneas que enlacen Madrid con los municipios limítrofes. La corporación a propuesta del señor Vazquez acordó con agrado las gestiones realizadas por el señor Saborit y excitarle a que las prosiga con todo interés hasta alcanzar soluciones objetivas” 

PROBLEMA EDUCATIVO Y CULTURAL

A pesar de la situación económica que hemos descrito, y de las crisis en el terreno social y urbano, que podrían haber sido consideradas como prioritarias, no se dejó de lado l aspecto cultural, y dentro de éste el educativo, por el ayuntamiento vallecano.

Elevar el nivel cultural de la población, aumentar el número de escuelas y mejorar las condiciones de las ya existentes, la contratación de maestros, la creación de bibliotecas y su dotación… fueron tareas a las que se dedicaron con firmeza, entusiasmo e ilusión, y para cuyo desarrollo encontraron seria dificultades. Sin embargo ninguna de éstas fue lo suficientemente poderosa como para frenar sus acciones.

Se solicitaron subvenciones al gobierno, al ayuntamiento de Madrid, a la Dirección General de Primera Enseñanza, al Ministerio de Instrucción Pública, a la Junta de Primera Infancia… y algunas se consiguieron. Se pidieron préstamos para construcciones de grupos escolares, se buscaron locales y solares por todo el municipio, y se siguió y fiscalizó muy de cerca la actuación de todas las entidades, agrupaciones y personas relacionadas con lo educativo.

La actividad de los miembros de la corporación municipal en este terreno a juzgar por la cantidad de documentación hallada en los Libros de Actas, fue frenética y constante. Empeño y trabajo no faltó y los resultados lo ponen de manifiesto. El panorama educativo y cultural cambió cualitativa y cuantitativamente en el período que va desde abril de 1931 y octubre de 1934.

Durante los mandatos de los anteriores alcaldes: Adolfo Salvador (1927-1929), Rogelio Folgueras (1930-ENE 1931), y Jesús del Pino (ENE-ABR 1931), sólo se construyeron 2 grupos escolares. Durante e mandato de Amós Acero (12-4-1931/10-10-1934) se creó un total de veinticuatro escuelas nacionales y municipales, con el consiguiente aumento del número de maestros. Alguna ocupó un edificio alquilado, pero la mayor parte se ubicó en edificios específicamente construidos para este propósito.

Numerosa corporaciones, sociedades diversas, y partidos políticos (Casa del Pueblo, Partido Republicano, Asociación Erillas Altas, Escuelas Racionalistas, Sociedad de oficios altos…) abren así mismo escuelas nuevas, imbuidos todos por la “fiebre cultural” que parece invadir a los sectores más progresistas de Vallecas. Se retiran las subvenciones a las escuelas religiosas y se protegen sólo aquellas escuelas que pertenezcan a agrupaciones laicas. Se equiparan los sueldos de maestras y maestros, y se abren una Escuela de Artes y Oficios (23-10-1932), y la biblioteca municipal (13-11-1933).

Cuando en julio de 1933 se emprende la segunda fase de la reforma educativa, la Segunda Enseñanza, Amós Acero solicita que un Instituto y una Escuela de Trabajo sean creados en Vallecas. Hasta el momento en que tal petición fue aprobada, se becó desde el ayuntamiento a los alumnos pobres y capacitados que deseaban realizar estudios secundarios e incluso a alguno se la pagó la carrera de Magisterio.

En el mismo orden de cosa aumenta considerablemente el presupuesto destinado a colonias escolares y reciben especial atención económica los comedores escolares (o cantinas escolares como se les denominaba en la época).

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Vallecas: de arrabal a ciudad (1900-1930)

Abril 29, 2008 · Dejar un comentario

DESARROLLO URBANO

En 1875 cuando Madrid empezaba a construir su ensanche y veía surgir el extrarradio, y ya el suburbio del Puente de Vallecas presentaba una disposición lineal a lo largo de la carretera Madrid-Valencia, en el norte aparecía claramente configurado y diferenciado del barrio de Dª Carlota, que delimitaba con el arroyo de las Moreras, la dehesa de Moratalaz y el campo de maniobras del ejército para los cuarteles de Pacífico.

Este barrio estaba unido con el Puente de Vallecas, merced a la carretera de Dª Carlota, que atravesaba una amplia zona completamente libre de construcciones, salvo un pequeño núcleo en torno al camino de Valderrivas. En el extremo opuesto, esto es, destacaba el caserío construido a lo largo de la calle del Picazo, formado por casas con huertas y por algunas granjas, limitado en su extensión por la línea del ferrocarril de Madrid a Zaragoza, más allá de la cual prácticamente no existían construcciones habitadas. Por último, en el centro se situaba el Puente de Vallecas, en el que se localizaban todos los servicios con que contaba la zona.

El núcleo construido allí era más compacto y abigarrado que los anteriores. Pero, según se continuaba por la arteria principal, antigua carretera de Valencia, volvían a aparecer numerosas huertas y granjas, algunas de gran tamaño, como, por ejemplo las existentes en el arroyo del Olivar.

El espacio que ahora ocupa Portazgo y Alto del Arenal, aún estaba destinado a campos de cultivo. Era, pues, un ámbito plenamente agrario que aparecía atravesado por una serie de caminos que enlazaban el Puente y el Pueblo de Vallecas, que era por entonces un pequeño ayuntamiento rural – y así permaneció hasta que en 1955 perdiera su independencia administrativa -.

Hasta 1940 este espacio intermedio – en la actualidad el barrio de Palomeras- campo en el límite sudeste de Madrid, paso obligado hasta llegar a la Villa de Vallecas. Este recorrido se llevaba a cabo, en su límite norte, por la carretera de Madrid-Valencia, o más al sur, a través de una serie de caminos que, si bien alargaban la distancia cruzaban zonas más llanas, evitando el paso por el cerro de Pío Felipe, mayormente conocido como cerro del Tío Pío.

Estos caminos recibían los nombres de las zonas que atravesaban, denominaciones que, en su mayoría, han perdurado: la Vereda del Portazgo, que ya no existe; así como el Camino Alto y el Camino Bajo de Palomeras, que dieron lugar a la avenida de Palomeras y a la calle Martínez de la Riva, respectivamente.

Finalmente encontramos el antiguo Camino de Yeseros, que partiendo del Camino Bajo de Palomeras, cruzaba el ferrocarril, enlazando con la carretera de Villaverde a Vallecas, y que posteriormente dio lugar a la Avenida de San Diego

Por estas fechas, en la proximidad de Madrid aún quedaban amplias superficies por llenar entre el Retiro y el arroyo Abroñigal, si bien a lo largo de la citada carretera el tejido urbano presentaba ya las características propias de un crecimiento tentacular, que en esta dirección, se vería potenciado por la proximidad de la estación de Atocha, la cual, al favorecer la creación de una zona industrial consolidaría el término municipal del Vallecas como área residencial obrera. El incremento de la población estaba condicionado por las vías de comunicación, a lo largo de las cuales se asentaba:

Las vías de unión con Madrid estaban compuestas por una serie de caminos que, una vez salvado el arroyo del Abroñigal por los puentes existentes, alcanzaban la ronda del ensanche. Destacaba entre ellos la carretera de Valencia, que en el Pacífico atravesaba el suburbio conocido como Las Californias.

Como barrios diferenciados, en 1900 nos encontramos con: Dª Carlota, Nueva Numancia, Vallecas, La China y 56 viviendas en grupos inferiores. Posteriormente, la desproporción demográfica existente entre ellos obligó a la división en cuatro distritos municipales: Villa Norte de Nueva Numancia y Dª Carlota, Centro de Nueva Numancia y Sur de Nueva Numancia y La China.

En esos años los principales servicios públicos con que contaban eran:

  • El Juzgado municipal.
  • La escuela municipal.
  • El Cuartel de la Guardia Civil.
  • El Matadero municipal.
  • La Plaza de Toros.
  • El Mercado
  • El Frontón.
  • El Salón de baile.
  • El antiguo Portazgo.

Así como también algunas significativas instituciones privadas como:

  • El teatro de la Sociedad Recreativa del Comercio.
  • La Sociedad Numantina de Socorros Mutuos de Obreros.
  • La ermita de Nuestra Señora del Carmen.
  • La Escuela Racionalista.
  • El Ateneo Libertario.
  • El Casino de Comerciantes.
  • La Casa del Pueblo, etc…

Todos estos edificios y centros hacían referencia y eran característicos de un pequeño núcleo que aún conservaba muchos de los rasgos de una comunidad rural.

En 1920 se efectuó una nueva distribución en distritos: Villa, Norte, Centro y Sur, en la que ya se nombran los barrios de Entrevías, Picazo, Japón y Mesa. En 1930 se segrega del Distrito Sur, el barrio de Entrevías, constituyendo el quito distrito del municipio, quedando así la organización administrativa hasta después de la Guerra Civil.

El plano topográfico de Madrid de 1932 mostraría ya los primeros núcleos aislados de autoconstrucción que constituirían en un futuro inmediato el armazón del barrio. Madrid, ya había desbordado el ensanche y su extrarradio enlazaba sin solución de continuidad son los suburbios de la periferia, en los términos de municipios colindantes.

Así el Puente de Vallecas constituía un gran núcleo compacto entre el camino de Pavones y el ferrocarril Madrid-Barcelona, incorporándose al crecimiento de la urbe y dejaba de ser campo, aun cuando no fuese todavía ciudad; simplemente formaba parte de la franja suburbana en la que los modos de vida rurales y urbanos se mezclan, pero aún no se excluyen.

El desarrollo, ante la inhibición de los poderes públicos, no se adaptó a ningún plan que no fuese sino el de la perentoria necesidad de encontrar alojamiento para aquella primera gran oleada inmigratoria madrileña. Los agentes “urbanos” serían principalmente los propietarios rurales de Vallecas que fueron parcelando ilegalmente un suelo rústico que venderían a los inmigrantes los cuales, dado su ínfimo poder adquisitivo, no podían comprar ni alquilar vivienda alguna siquiera en los espacios “urbanos” de los suburbios de la ciudad. De esa forma mediante un proceso de especulación creciente, un espacio rural, tan sólo y exclusivamente por la acción de sus habitantes, ante el abandono público se fue convirtiendo en suelo urbano marginal en el que se alojó un gran número de trabajadores que únicamente disponían de la avenida de la Albufera para después de largos recorridos desplazarse a sus lugares de trabajo.

En 1932 el núcleo más amplio del barrio se encontraba al norte de la actual avenida de la Albufera, entre ésta y el camino de Valderribas ocupando las laderas del cerro del Tío Pío; presentaba un aspecto compacto junto a la actual calle de Pío Felipe y mucho más diseminado por el resto del cerro del cerro hasta el Alto del Arenal. El enlace con el suburbio del Puente era caótico, pues la red arterial no se prolongaba por el nuevo núcleo.

Otras dos pequeñas manchas, una entre el arroyo del Olivar y el Camino Alto de Palomeras, y otra a ambos lados del Camino Bajo de Palomeras, completaban el sector más occidental. A su vez, en el Alto del Arenal se situaban tres reducidos núcleos; dos de ellos junto a la vereda de Portazgo y el tercero ligeramente hacia el sur. Finalmente, entre el Alto del Arenal y la Villa de Vallecas, había algunos pequeños grupos de edificaciones al sur de la avenida de la Albufera.

La guerra de 1936 supuso un paréntesis en el proceso de evolución espontánea del barrio, reanudado tras 1940, con mucha fuerza a consecuencia del propósito del Régimen franquista de convertir a Madrid en una gran capital industrial.

DESARROLLO SOCIOECONÓMICO

Desde el último tercio del siglo XIX Vallecas se va confirmando como un foco de atracción de actividades económicas, y por tanto, de población. Entre el límite con Madrid, el arroyo Abroñigal, en el Puente de Vallecas, y la Villa de Vallecas, se intercalaban campos de labor, y las casas de campo de la burguesía madrileña. La legislación de 1878, que expulsa del centro de Madrid aquellas actividades industriales o artesanales molestas por sus ruidos o residuos, cambiará este panorama, determinando el futuro desarrollo de esta zona.

La instalación de estas actividades atraerá a una población obrera que acrecentará los núcleos de Nueva Numancia, Puente de Vallecas y Dª Carlota. Más tarde estos núcleos actuarán por sí mismos como atractivo para una población emigrante, no necesariamente empleada en la industria local, sino que podía estar empleada en el centro de Madrid, al que se accedía con relativa facilidad con la llamada “maquinilla”, y otros medios de transporte que tempranamente sustituyeron los caballos por la electricidad, y que unían el Puente de Vallecas con Atocha.

De 1877 a 1900, Vallecas pasa de 3.124 habitantes a 19.073, centrándose este crecimiento en las barriadas antes citadas. Se perfila así una constante que se confirmará en el primer tercio del siglo XX, y es cómo los barrios toman el relevo a la villa como centro económico y social, y finalmente administrativo.

Aunque es cierto que en este período se inicia una etapa de prosperidad en estos núcleos, que se confirma con la existencia de una buena red de servicios. En 1898 pueden confirmarse la existencia de numerosas fábricas. Nutren las mismas una masa de obreros, recién llegados, y que al parecer poseían ciertas ideas políticas, pues según figura, en un periódico local de la época, celebraban la fiesta del Primero de mayo.

Los propietarios de estas industrias y tierras, se ocuparon de que la zona no careciera de servicios, e incluso de cierta vida cultura. Ciertamente podían permitírselo, ya que parece confirmarse que hubo en la zona grandes capitales.

Esta riqueza y protagonismo social cristalizará en una serie de asociaciones para velar por sus intereses, como la Sociedad de Propietarios de Nueva Numancia, o de carácter cultural como la Sociedad Recreativa del Comercio, que era fundamentalmente un grupo de teatro.

También los sectores obreros formaron con prontitud una Sociedad de Socorros Mutuos, sita en el citado barrio de Nueva Numancia.

Otro de los prósperos sectores instalados en el municipio era el de la hostelería. Salpicaban la zona, llegando a tener gran renombre entre los madrileños, gran cantidad de merenderos. Muchos de ellos se instalaron como negocios ambulantes, y llegaron a ofrecer bailes en fin de semana, tal era su éxito.

Al calor de los mismos las florecientes zonas comerciales de la calle de la Presilla y la carretera de Valencia comenzaron a organizar verbena y Romería en honor a la patrona, la Virgen del Carmen. Fueron también abundantes y renombrados los espectáculos taurinos, llegando a tener Vallecas cuatro plazas de toros.

Este sector de la hostelería se vio beneficiado con la llegada del metro en 1923 hasta el Puente de Vallecas. Los altos precios de este transporte, que no parecen pensados para el uso cotidiano de un obrero – lo que de hecho causó protestas – hacen pensar a algunos autores que se creó como un transporte de cierto lujo, que unía las zonas de recreo de Madrid. Cabe recordar que al otro extremo de la línea 1 se encontraba Cuatro Caminos, famosa igualmente por sus merenderos.

Todo este crecimiento, trajo consigo, aparte de los problemas sociales antes citados, el lógico desajuste entre los servicios urbanos y las necesidades de la población.

En 1923 le es otorgada la concesión de aguas al ingeniero Cesar Belmás, lo que proporción agua corriente en fuentes y en algunas casas, en depósitos. De las primeras se hacía cargo el ayuntamiento, mientras que por las segundas habían de pagar los propietarios. Las obras de alcantarillado y pavimentación se inician tímidamente en este período, recibiendo el definitivo impulso en la década de los treinta.

En el Puente de Vallecas concurren todas las condiciones para el desarrollo del negocio inmobiliario, especialmente el de viviendas de alquiler:

- Había abundancia de tierra que acababa de desvalorizarse como suelo agrícola.

- Los materiales de construcción abundaban y eran más baratos que el Madrid, por ahorrarse el transporte.

- La mano de obra también era abundante y barata.

- La zona gozaba de prestigio como zona residencial debido a la costumbre antes citada de la burguesía madrileña de construir en la zona casas de campo.

Así la zona se constituye en un núcleo de viviendas de alquiler, que suscitará, la llegada de compañías inmobiliarias en los años veinte. Una de ellas la Compañía Benéfica urbanizó pacífico y Entrevías, sobre todo casa para los empleados de RENFE.

De este modo encontramos configurado prácticamente en los años veinte el Vallecas actual. Los dos últimos núcleos quedarán constituidos en la segunda mitad de la década, el Pozo de Tío Raimundo. Desde 1932, también quedará constituidos, Portazgo, Los Altos del Arenal, y Palomeras, cada uno de estos dos últimos a un lado de la Carretera de Valencia. Estas nuevas zonas se alimentan de casas de autoconstrucción que llenan rápidamente el terreno, hasta entonces agrícola, y que crece a un ritmo vertiginoso, sin ningún tipo de servicios .

Nos encontramos un municipio en el año 1910 con 13.771 habitantes y que en 1924, cuenta y a con 28.657; cuyo aumento de la población es debido a la creciente inmigración que elige la zona por ser residencia de prósperas industrias, y un núcleo relativamente barato y bien comunicado, donde abunda la vivienda de alquiler, o en su defecto, terrenos apropiados para la autoconstrucción.

Un municipio con una próspera clase empresarial y una abundante y explotada mano de obra. Un municipio que adolece de todos o casi todos los servicios que necesita una creciente población -alcantarillado, electricidad, pavimentación, escuelas -. Con todos estos conflictos soterrados entra en la República, y comienzan los cambios.

Mientras la prosperidad continúa, estas tensiones se mantienen apagadas, pero la crisis de los años treinta, que genera desempleo y endurece las luchas sociales, la ebullición política que preside la vida pública de la España del momento, y algo más cercano como la mala gestión de los gobiernos municipales anteriores, sacan a flote las deficiencias que en plano urbanístico, cultural o socioeconómico tiene el municipio.

Esta múltiple crisis estará presente, determinando, la política desarrollada en el período republicano. Es cierto, no obstante, que el tratamiento que reciben los problemas, vendrá dado por factores externos también, como las directrices políticas de la coalición republicano-socialista (la política de grandes reformas), o acontecimientos como la huelga revolucionaria de 1934, y no sólo por las circunstancias del municipio.

 

 

 

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CALLEJERO VALLEKANO

Abril 27, 2008 · Dejar un comentario

He encontrado un link bastante curioso, sobre todo para los que vivimos en Vallekas, en donde podrás vuscar el nombre de tu calle y averiguar la procedencia de este nombre. Es muy interesante, mirad qué significa vuestra calle!! ;)

Aki os paso el link:

http://www.vallecastodocultura.org/callejero/index_C.html

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¡Adiós Excelsior!

Abril 27, 2008 · Dejar un comentario

El Excelsior… El cine de nuestro barrio al que todo vallecano debería haber ido alguna vez, y el que cerraron hace tanto tiempo… Recuerdo haber ido hace muschísimo tiempo (no podría si quiera hacer una descripción del lugar), cuando era muy pequeña, y a ver con mis amigas del colegio alguna película de miedo que no era recomendada para nuestra edad… Mi homenaje a este cine desaparecido:

Ésta es la historia del Excelsior:

(Revista Valle del Kas, nº 178, noviembre 2000)

Con el cierre del Excelsior desaparecen las salas tradicionales del barrio. El local se alquila para montar cualquier negocio.

Si usted dispone de 20 millones para hacer frente al traspaso y 2.300.000 pesetas mas para abonar el alquiler cada mes puede hacerse con el ultimo cine convencional del barrio, el Excelsior.

No en propiedad, obviamente, pero si para montar cualquier tipo de negocio. Con una superficie próxima a los 1.500 metros cuadrados, echó el cierre  poco antes del verano, colocando un cartel de cerrado por obras. Pero las obras no eran tales. Al poco otros rotulo anunciaba la disponibilidad del local.

Este popular cine enclavado en la Avenida de la Albufera se inauguró a mediados de la década de los 50 con un aforo de 1.300 localidades.

Debido a su emplazamiento y a su continua renovación fue el que mejor se defendió de la crisis motivada por la llegada del video y los cambios de hábitos de los madrileños.

En el 88 se quedó solo ante el peligro. Cerraron los otros cinco locales dedicados a la exhibición de películas. Una reforma lo convirtió en tres salas y a pesar de que el negocio no era muy boyante, siguió al pie del cañón hasta hace escasos meses.

La competencia le llegó en el 92 con la apertura de seis salas en el Centro Comercial  Albufera y hace un año se inauguraron nueve mas en el otro centro comercial, el Madrid Sur.

Seis, cinco, tres, dos, uno, cero. No se trata del lanzamiento del Discovery sino de la lenta agonía de los cines del barrio. En su día Vallecas llegó a contar con siete mil butacas repartidas en seis salas.

Solo en el Paría cabían mas de dos mil aficionados, 1.300 en el Excelsior, un millar en el Bristol.

Hoy ninguno de aquellos asientos está ya disponible para presenciar una película tras el cierre del Excelsior poco antes del verano pasado. De hecho la última función no fue tal. Se utilizó para rodar algunas escenas de “El otro barrio”, el film de Salvador García estrenado recientemente

 El libro que sirve de base a la película reseña esta sala. Se dice textualmente “Comimos en casa de la Eche, como todos los doce de octubre, porque una de las Eche se llama Pili. Luego mi madre,  mi hermana Gloria y Pili se arreglaron para irse al Excelsior, que ponían “Los puentes de Madison”. Bajaban por la avenida de la Albufera, sorteando a la gente que entraba y salía del cine”.

 Elvira Lindo, la autora del texto, vivía en Moratalaz y con frecuencia venía a Vallecas. Ella ha comentado que en más de una ocasión entró en esta sala de la Albufera.

 Eusebio Poncela y Arozamena

 Desde los más pequeños hasta los vallecanos entrados en edad, a poco que hayan sido aficionados al cine, se han sentado en sus butacas. En la memoria de cualquiera mayor de 40 años quedaran las largas colas en la Albufera.

 Eusebio Poncela, quien pasó su adolescencia en el barrio, comentaba a Valle del Kas, que él vio aquí sus primeras películas,  si bien prefería irse al centro porque entonces se hacían allí los primeros pases.

 Joaquín Arozamena también relató a la revista su estreno ante una pantalla viendo a Kim Novak en el Excelsior, una mujer que entonces causaba sensación. Es la memoria viva del séptimo arte en Vallecas.

 Ahora el local se encuentra disponible. El Ayuntamiento abrió la mano y permitió instalar cualquier negocio en las salas del cine y eso ha acelerado el cierre de alguna de ellas.

 El propietario de cine Goya, que terminó proyectando películas X sin demasiado éxito, se quejaba en su día de las trabas municipales para vender el terreno. Al final se lo vendió a una constructora y hoy se levanta ahí un edificio de viviendas. En esa época, finales de los años ochenta, ya se había quedado solo el Excelsior.

 Al cine por la calefacción

 Cuando cambiaron los hábitos de los españoles, la empresa propietaria acometió una reforma en profundidad introduciendo el sistema Dolby  primero y dividiendo el local en tres salas de 686, 260 y 150 butacas después, y el negocio siguió funcionando, si bien cada vez era menos rentable.

 Un directivo de la empresa propietaria aseguraba a Valle del Kas al poco de quedarse solos en el barrio: “Esto no es bueno para nosotros, yo siempre digo que es como los bares. Cuanto más haya mejor. Si la gente tiene opciones, pues selecciona, pero sino, coge y se va a la Gran Vía. Aquí hay gente los sábados y los domingos, pero el resto de la semana da para cubrir gastos nada mas”

 La crisis del cine – aseguraba ese mismo directivo medio en broma – comenzó con la llegada del seiscientos”. Y ya más en serio añadía “La gente antes no tenía televisión, no había coches y no existía otra diversión. Venía aquí a cobijarse. Aquí estaban calentitos en invierno y más o menos frescos en verano. Se metían a las cuatro de la tarde y salían a las diez de la noche. El caso mas claro es que más  del 60 por ciento de la gente que venia se enteraba en la cola de las películas que proyectaban.  Hoy eso no pasa. Quien va a ver una película primero se entera a ver cual es y si le interesa va y ve esa película, pocos ven la siguiente aunque sea programa doble”.

 

Desde el año 55

En el archivo de la Villa se recoge que el 13 de junio de 1953, Don Fortunato Reyzabal solicitó la licencia para construir el cine en la entonces avenida del  Generalísimo del Puente de Vallecas.  El 10 de diciembre fue concedida esa licencia siendo su arquitecto Miguel Angel Luis Larrea. 

A lo largo de estos 45 años en sus pantallas se han proyectado centenares de películas, desde las que “estrenaban” dos años después de haberlo hecho en la Gran Vía a las que se pasaban aquí al tiempo que en los cines del centro.

 Ha  habido programas dobles, sesiones matinales, risas y aplausos, pataleos y silbidos, como en cualquier sala de la capital..

 Había quien pensaba que sería un buen lugar para estrenar en el Excelsior, “El otro barrio”, rodada en buena parte en Vallecas. Pero cuando el film estaba en fase de montaje una empresa colocó el cartel de “local disponible” en su fachada mientras debajo de la cartelera otro  cartel anunciaba “cerrado por obras”,  Las obras no son tales.

 Y nunca mas se encenderán los proyectores ni aparecerá el león de la Metro en la pantalla. Con su cierre desaparecen para siempre las salas tradicionales del barrio.

 Ahora se montara cualquier negocio en ese edificio, un inmueble de cerca de 1.500 metros cuadrados de superficie repartidos entre el sótano, la planta baja, la entreplanta y el primer piso. Veinte millones piden por su traspaso y 2,300.000 pesetas al mes de alquiler.

 Antes cerraron otros

 El Bristol y el París abandonaron la proyección de películas a finales de 1988. Entonces pertenecían ambos a la empresa Reyzabal junto a otras 19 salas de Madrid y nueve discotecas. Llevaban unos ejercicios desastrosos.

 

 

Ambos lucieron el cartel de alquiler en sus fachadas. El París, con sus casi dos mil localidades encontró pronto un “novio”, y desde entonces varias parejas han celebrado ahí sus banquetes nupciales.

En una de las fachadas se anunciaba la inminente apertura de nuevas salas. Entonces las normativas urbanísticas eran muy restrictivas y no permitían abrir cualquier negocio en estos inmuebles. Con esa artimaña inauguraron los salones de boda y de los cines nunca mas se supo.

En cambio el Bristol, próximo a la M-30, con una aforo de 1102 butacas, aun sigue sin comprador.

A su vez el Cine San Diego, pasó por algunas etapas con ideas brillantes antes de su cierre definitivo. En el 85 la propiedad planificó un sistema para relanzarlo convirtiéndolo en un  club de video y cine. Tampoco tuvo éxito. Primero hubo una discoteca y luego se ensayaron bailes de salón.

 Hoy hay salones de bodas y bingo en la parte de arriba. La maquina de proyección se apagó también en esta sala cuya licencia fue solicitada por Ramón Gusano Herrero (y otros) el 14 de julio de 1955, inaugurándose el 21 de octubre de ese año.  Su arquitecto fue Ambrosio Arroyo Alonso.

Once días más tarde de su inauguración solicitó la licencia de apertura de su ambigú, tal como se recoge en “El cinematógrafo en Madrid”.

Por último, el Río, perteneciente cuando terminó su actividad cinematográfica a la Sociedad Ibérica, cerró a finales de la década de los ochenta. Durante un tiempo en el local ensayó la Compañía de Teatro Clásico Nacional y hoy en su planta baja funciona una sala con espectáculos eróticos.

Otras salas han venido a ocupar el hueco dejado por los cines tradicionales. Todas ellas explotadas por la misma empresa, Yelmo Cineplex. En total hay unas quince salas con un aforo entre todas poco mayor que el antiguo cine París.

En las seis salas del centro Comercial Albufera caben unos 1200 espectadores  y en las nueve del Centro comercial Madrid Sur, algunos más.

Películas porno en el desaparecido Cine Goya

 

En el año 84 los  tres hermanos propietarios del cine Goya, situado en la calle Monte Igueldo,  a espaldas de la avenida de la Albufera, dieron un vuelco al negocio familiar y tras reducir a 200 las 800 localidades de la sala reinauguraron con películas clasificadas X.

“El fontanero, su mujer y otras cosas de meter” o “Secretaria para todo” fueron algunos de los filmes seleccionados.

 Pero el boom de este tipo de negocios duró seis meses  o a lo sumo un año. Las entradas eran más caras y exigían una serie de requisitos que hacían inviable económicamente el asunto. Hoy apenas quedan cuatro o cinco en todo Madrid. Las pérdidas se fueron acumulando y en el año 87 decidieron echar el cierre.

 Previamente habían tanteado la posibilidad de vender el inmueble pero no apareció ningún comprador solvente.

“Hubo muchos intentos de compra por parte de gente joven para hacer teatro, pero ni una peseta. Decían que una vez puesto en marcha tendrían subvenciones e irían pagando. Cosas de esas, pero no había dinero” explicaba uno de los hermanos a Valle del Kas en el año 89.  Y continuaba.

 ” No hemos puesto ningún anuncio de venta porque antes tenemos que saber que se puede hacer ahí para contárselo al posible comprador.  Por eso estamos tratando con un arquitecto y con los técnicos para ver a qué se puede destinar ya que según la ley por lo visto habría que conservar cien localidades como cine, y el resto dedicarlo a actividades relacionadas con el ocio y la cultura.

 El edificio se encontraba en muy mal estado y se fue deteriorando con el paso de los años. Con el nuevo reglamento se pudo derribar y construir viviendas en el solar.

 La prehistoria del cine en Vallecas

Este cine fue inaugurado el 7 de marzo de 1923 con el programa doble “La ciudad sagrada” y “La dama de la flor”.

 ”En ella toman parte conocidas aristócratas sevillanas ” – escribía el ABC en su edición del ocho de marzo de ese año. En su tiempo también acogió importantes estrenos teatrales. Era el de mas postín de su época.

 Emeterio Diez, estudioso de la historia del cine, ha publicado recientemente un libro sobre el movimiento obrero en la industria cinematográfica. Según ese informe, n el ejercicio de 1937, el Goya tuvo un superávit de 52.915 pesetas, cifra nada desdeñable teniendo en cuenta el precio de las entradas: una eseta.  Un obrero ganaba ochenta céntimos a la hora. El cine Argüelles perdió en ese año la friolera de 25.564 pesetas.

 Antes del Goya hubo dos cines mas en el barrio. El Heraldo de Madrid, con fecha 20 de mayo de 1908, da cuenta de la apertura de un barracón cinematográfico llamado  el “Salón del Recreo”.

 Ocupaba toda una manzana entre la avenida de la Albufera y Sierra de Javalambre. Si se quería presenciar una película en otro cine era necesario desplazarse hasta mas allá de Atocha, hasta el Retiro.

 La entrada costaba cincuenta céntimos y fue un buen negocio para la familia Jimeno hasta su cierre en los años 30.

 En el ejercicio citado de 1937 ya con el nombre de cine Jimeno, ganó 15.738 pesetas. Por su parte el cine Frutos gano en ese año 23.883 pesetas.  Hoy solo quedan en la memoria de los más mayores.

RECUERDOS DE CINE

(Revista Valle del Kas  nº 180  Enero 2001)

 

Carlos Cabañas regentó durante muchos años una librería en la calle Monte Igueldo, y siempre ha estado atento a los aconteceres del barrio, donde ha pasado toda su vida.

En cuanto leyó con mucho trabajo, ya que la vista no le acompañe, el reportaje sobre el cierre del Excelsior, quiso recordar algunos momentos de esta sala.

Según su memoria, que no suele fallarle, el primer film de gran éxito proyectado en el local fue “Lilí”, con Maurice Chavelier y Leslie Carol.  “Fue tal el numero de espectadores que normalmente las películas permanecían en cartel una semana y esta estuvo tres, siempre lleno el cine”.

Otro film de gran resonancia fue “Quo Vadis”. “Y aquí además de sacar la entrada normal te daban un vale aparte de tal forma que pagabas lo mismo por tu entrada pero era mas cara porque tenias que pagar el vale. Decían que había costado mucho hacer la película y era mas caro el alquiler”.

 El cartel de “Teodora, emperatriz de Bizancio” sembró el desconcierto entre los adolescentes de la época, unos años en que ver una rodilla al descubierto ya era todo un hito. El cartel anunciador, similar a los que se siguen colocando en algunos cines de la Gran Vía. Representaba a la protagonista tumbada con un bañador verde.  “Los chavales nos quedábamos embobados mirándola. Pero era mucho para la censura y al día siguiente aparecía la misma actriz completamente vestida, eso sí, de verde”, señala.

Cabañas se extiende en multitud de anécdotas sobre este cine levantado sobre los escombros del “Parador del Carmen”, una venta donde paraban los agricultores con sus carros, los transportistas del vino y quienes traían víveres a Madrid.

En cuanto al cine olvidado, el Numancia, Cabañas ofrece algunos datos. “Yo ya lo conocí en los años cuarenta y estaba en la calle enfrente del bingo, donde hoy hay un taller de coches, y ahí tuvo mucho éxito “El libro de la Selva”.

Además de cine se celebraban en la sala combates de boxeo, lucha libre y había teatro y varietés. Recuerdo que el pobre Tomás de Antequera que no veía el hombre, sabía cuando estaba cerca del micrófono al oír los crótalos con que se acompañaba, pero una vez calculó mal y se cayó al foso con los músicos”.

Pared por medio en la calle que cruza había también una sala de fiestas que se llamaba igual, “Numancia”, concluye.

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Aproximación a los comunistas de Vallecas IV

Abril 26, 2008 · Dejar un comentario

ORGANIZACIONES AFINES

El SRI organiza su primer Comité en Vallecas en el año 32; el día 4 de diciembre convoca una asamblea para su constitución y legalización de estatutos. Podemos considerarla como la organización de masas en que más volcados estaban los comunistas vallecanos, ya que el carácter asistencial de la institución les abría más caminos para estar y desarrollar un trabajo con la masa popular. De cualquier modo, se impartían cursos de capacitación para afiliados y preparación de cuadros, que dirigidos desde Madrid, ilustraban lo que era, y cómo debía hacerse, un trabajo social.

Este primer Comité se renueva en mayo del 34, y deja organizados varios grupos de trabajos, cuatro, señalando su balance de gestión la perspectiva de aumentar en tres más. Al igual que las demás organizaciones de izquierdas, la represión gubernativa tras la huelga de octubre merma el avance de la organización, que tiene que esperar al cambio de gobierno, en febrero del 36, para actuar con libertad.

A partir de este momento, el despegue de SRI en Vallecas es importante: se crea un Comarcal compuesto por las siguientes secciones: Norte-Carlota, Centro y Sur, Erillas-Picazo y Pueblo de Vallecas, que, a su vez, componen diferentes grupos para un trabajo más específico; durante algún tiempo grupos formados en Pacífico pertenecen a este Comarcal.

Para el Congreso de Solidaridad celebrado en verano de 1937, la Comarcal de Vallecas contaba ya con 3.148 asociados y, según opinión del Responsable de Organización del Provincial de Madrid, José Fortes, está entre las que han alcanzado un mayor nivel de organización y funcionamiento. Sus objetivos, en ese momento, los explicaba su Secretario General: (…) El SRI es una organización cuya línea política debe ser la que siente todo antifascista, todo enemigo de las crueldades, atropellos y persecuciones del capitalismo. Es una política que se ciñe estrictamente a combatir esto. Y para esta lucha abre sus brazos fraternales a cuantos quieran formar en sus filas, sean las que sean sus ideas políticas o sindicales. Nada más, absolutamente nada más; es decir, con la esencial condición de ser probadamente antifascista, enemigo de toda tiranía12 (…). El SRI siempre tuvo vocación de instrumento para las masas, de la que ellas forman parte, en estas fechas con un objetivo común para los leales, la derrota del fascismo en España.

Dos actuaciones significativas del SRI en Vallecas durante el periodo bélico: la escuela y el dispensario.

En el mes de abril del año 37 ya estaba funcionando un consultorio para civiles (el dispensario nº 6 del SRI en Madrid), en la calle Salvador Salvochea, 8 bajo, con un grupo sanitario formado por un responsable, tres enfermeras y un ordenanza. Este centro se mantiene abierto durante toda la contienda, incrementándosele paulatinamente los recursos humanos y materiales. En la nómina de trabajadores del 1 de marzo de 1939, consta que en esa fecha el dispensario disponía de tres médicos, dos practicantes, dos enfermeras y un encargado de la limpieza.

La escuela para niños fue inaugurada por el alcalde, Amos Acero, y el inspector de primera enseñanza, Sr. Carpintero, el día 1 de octubre de ese mismo año. Estaba situada en el edificio de la propia sede del Comarcal, el llamado antiguo cuartel del Sargento Vázquez, en la avenida de la República 62. A partir de esta fecha, se fueron sumando aulas que incluso llegaron a impartir clases de alfabetización para adultos y de disponer de una escuela de labores. Esta actividad educativa, como la anterior, cesó con el término de la guerra y la ilegalización de partidos y organizaciones frentepopulistas. Este dato lo corrobora las diversas solicitudes del SRI ante la Junta local de Defensa Pasiva de Vallecas, la primera recogida en el acta del 7 de junio del 38, con el fin de que se construyera un refugio para los alumnos en el mismo centro de estudios. Fueron profesores en estas escuelas, Francisca Muñoz Saavedra, Cástor Saiz, María Romero Méndez, Andrés Manzano, Julia Rubio y Aníbal Fonseca.

También eran importantes las campañas de invierno, en las que se organizaban rifas, se hacían festivales y otras actividades, como las cenas de soldados en los días de Navidad, con vistas a recaudar dinero y material para los combatientes y sus familias. Estas campañas, en las que participaban todas las organizaciones sociales y políticas – el Ayuntamiento de Vallecas aportaba dinero en metálico -, tenían carácter general para toda la España leal. Fue importante, por sonada, la campaña de 1938, que se cerró con un gran festival en el cine Goya de Vallecas.

Los Amigos de la Unión Soviética era una organización de carácter cultural que, creada por la Internacional Comunista, tenía como finalidad la promoción de la cultura, la política, las tradiciones de un país surgido de una revolución popular: La Unión Soviética, que en esos momentos estaba en vías de desarrollo y que era, para muchos, el referente como país del proletariado. A España vino de la mano del PC en el año 1933 y siempre fue una asociación pequeña, pero auspiciada por artistas e intelectuales como Valle Inclán, Raúl J. Sender, Antonio Machado o Isidoro Acebedo que, con su apoyo, aglutinaban simpatizantes para la revolución de Octubre.

La actividad de AUS en Vallecas, comienza a documentarse en el año 1936 en una convocatoria para renovar la junta directiva de la sección vallecana. Su domicilio se ubicaba en la calle Emilio Raboso. De esta reunión surgió una serie de actividades que desde esta sección se llevarían hasta Pacífico y la Villa de Vallecas, algunas en colaboración con AMA; de estas actividades, la del Puente de Vallecas se celebró en la Casa del Pueblo.

AUS organiza en Vallecas dos homenajes a la Unión Soviética con motivo del 20 y 21 aniversario de su constitución, a la que están invitadas todas las fuerzas políticas y sociales del municipio (…) Un pueblo como el nuestro, que sabe luchar hasta la muerte por las libertades de la humanidad, sabe apreciar con todo su valor la ayuda que para esta lucha le dan otros pueblos hermanos. Entendiéndolo así, la Comisión Popular organizadora del homenaje a la Unión Soviética con que el pueblo de Vallecas se dispone a conmemorar el XX aniversario de aquellas repúblicas hermanas, deseando dar a esta conmemoración la magnificencia que corresponde al reconocimiento latente en el corazón de todo ciudadano español antifascista, requieren el concurso directo y entusiasta de todo el pueblo que patentice de una manera categórica su gratitud, adhesión y simpatías populares13.

Además se organizaban todo tipo de festivales y proyecciones de películas para promocionar el país de los soviets. En uno de estos festivales, una familia muy vinculada a Vallecas, los cómicos Pompof y Teddy, pidieron pertenecer a la Asociación.

La actividad de AUS de Vallecas también acaba con el fin de la Guerra; todavía en Enero publicaba una nota en prensa indicando el lugar donde sus afiliados podían ir a renovar su carné de socios.

Mujeres Antifascistas surgió de un congreso mundial de mujeres contra la guerra y el fascismo que se celebró en París en Agosto del año 1934 al que asistió una delegación de mujeres españolas. Días después, en el cine Barceló de Madrid se celebró la reunión fundacional del movimiento de Mujeres Antifascistas de España con Catalina Salmerón como Presidenta del mismo. Sus objetivos eran el de fomentar iniciativas de alfabetización entre las mujeres y movilizarlas en actividades sociales de todo tipo, preferentemente en el mundo laboral.

Durante el conocido como Bienio Negro del Gobierno de la CEDA , se reconstituyó como Pro infancia Obrera, y se mantuvo así hasta que el Frente Popular gana las elecciones de 1936. En esta coyuntura es cuando se organiza la Asociación en Vallecas.

En Abril de 1936 están ya denunciando los delitos que cometen pistoleros fascistas en esa barriada. Tienen un domicilio social en las dependencias de la Iglesia de San Ramón, Melquiades Biencinto. Pero es, una vez iniciada la guerra, cuando su proyección entre las mujeres es más importante: Es preciso – todas lo sentimos- la victoria rápida, que todos los hombres útiles vayan al Frente; nosotras, las mujeres antifascistas, aseguraremos que los puestos de la retaguardia estarán cubiertos14 (…) señalaba el manifiesto de AMA sobre el trabajo de la mujer tras el inicio de la Guerra. Dicho y hecho; los acontecimientos apremiaban y era necesario organizar un nuevo Comité que cumpliera con los objetivos planteados, y el día 7 de octubre, mujeres socialistas, comunistas, independientes, incluso de la CNT, escuchaban las explicaciones de la Secretaria General del Comité Nacional, Encarnación Fuyola: (…) Estamos en guerra y todas nuestras actividades deben servir para la guerra. Aún cuando estemos en una cola, podemos ayudar a la victoria luchando contra los bulos. Impidiendo que la provocación de nuestros enemigos pueda desanimar a nuestras mujeres. No hay que tener miedo ninguno a lo que pueda ocurrir. Si el enemigo hace grandes esfuerzos para abrirse paso en Madrid, los nuestros han de ser mayores para cerrárselo15. Inmediatamente después, comienza a funcionar un taller de confección de calzoncillos y cazadoras para los combatientes, pero que debido a la necesidad de material, se especializó en la confección de estas últimas.

Hay Guerra. La Guerra más cruel. Nosotras, en nuestro Frente debemos cumplir como nuestros hombres: Con valor, energía, inteligencia y espíritu de sacrificio16. Esto escribía María Martínez, una obrera de Vallecas, en la revista Mujeres del mes de octubre de 1936.

 

 

 

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