DESARROLLO URBANO
En 1875 cuando Madrid empezaba a construir su ensanche y veía surgir el extrarradio, y ya el suburbio del Puente de Vallecas presentaba una disposición lineal a lo largo de la carretera Madrid-Valencia, en el norte aparecía claramente configurado y diferenciado del barrio de Dª Carlota, que delimitaba con el arroyo de las Moreras, la dehesa de Moratalaz y el campo de maniobras del ejército para los cuarteles de Pacífico.
Este barrio estaba unido con el Puente de Vallecas, merced a la carretera de Dª Carlota, que atravesaba una amplia zona completamente libre de construcciones, salvo un pequeño núcleo en torno al camino de Valderrivas. En el extremo opuesto, esto es, destacaba el caserío construido a lo largo de la calle del Picazo, formado por casas con huertas y por algunas granjas, limitado en su extensión por la línea del ferrocarril de Madrid a Zaragoza, más allá de la cual prácticamente no existían construcciones habitadas. Por último, en el centro se situaba el Puente de Vallecas, en el que se localizaban todos los servicios con que contaba la zona.
El núcleo construido allí era más compacto y abigarrado que los anteriores. Pero, según se continuaba por la arteria principal, antigua carretera de Valencia, volvían a aparecer numerosas huertas y granjas, algunas de gran tamaño, como, por ejemplo las existentes en el arroyo del Olivar.
El espacio que ahora ocupa Portazgo y Alto del Arenal, aún estaba destinado a campos de cultivo. Era, pues, un ámbito plenamente agrario que aparecía atravesado por una serie de caminos que enlazaban el Puente y el Pueblo de Vallecas, que era por entonces un pequeño ayuntamiento rural - y así permaneció hasta que en 1955 perdiera su independencia administrativa -.
Hasta 1940 este espacio intermedio – en la actualidad el barrio de Palomeras- campo en el límite sudeste de Madrid, paso obligado hasta llegar a la Villa de Vallecas. Este recorrido se llevaba a cabo, en su límite norte, por la carretera de Madrid-Valencia, o más al sur, a través de una serie de caminos que, si bien alargaban la distancia cruzaban zonas más llanas, evitando el paso por el cerro de Pío Felipe, mayormente conocido como cerro del Tío Pío.
Estos caminos recibían los nombres de las zonas que atravesaban, denominaciones que, en su mayoría, han perdurado: la Vereda del Portazgo, que ya no existe; así como el Camino Alto y el Camino Bajo de Palomeras, que dieron lugar a la avenida de Palomeras y a la calle Martínez de la Riva, respectivamente.
Finalmente encontramos el antiguo Camino de Yeseros, que partiendo del Camino Bajo de Palomeras, cruzaba el ferrocarril, enlazando con la carretera de Villaverde a Vallecas, y que posteriormente dio lugar a la Avenida de San Diego
Por estas fechas, en la proximidad de Madrid aún quedaban amplias superficies por llenar entre el Retiro y el arroyo Abroñigal, si bien a lo largo de la citada carretera el tejido urbano presentaba ya las características propias de un crecimiento tentacular, que en esta dirección, se vería potenciado por la proximidad de la estación de Atocha, la cual, al favorecer la creación de una zona industrial consolidaría el término municipal del Vallecas como área residencial obrera. El incremento de la población estaba condicionado por las vías de comunicación, a lo largo de las cuales se asentaba:
Las vías de unión con Madrid estaban compuestas por una serie de caminos que, una vez salvado el arroyo del Abroñigal por los puentes existentes, alcanzaban la ronda del ensanche. Destacaba entre ellos la carretera de Valencia, que en el Pacífico atravesaba el suburbio conocido como Las Californias.
Como barrios diferenciados, en 1900 nos encontramos con: Dª Carlota, Nueva Numancia, Vallecas, La China y 56 viviendas en grupos inferiores. Posteriormente, la desproporción demográfica existente entre ellos obligó a la división en cuatro distritos municipales: Villa Norte de Nueva Numancia y Dª Carlota, Centro de Nueva Numancia y Sur de Nueva Numancia y La China.
En esos años los principales servicios públicos con que contaban eran:
- El Juzgado municipal.
- La escuela municipal.
- El Cuartel de la Guardia Civil.
- El Matadero municipal.
- La Plaza de Toros.
- El Mercado
- El Frontón.
- El Salón de baile.
- El antiguo Portazgo.
Así como también algunas significativas instituciones privadas como:
- El teatro de la Sociedad Recreativa del Comercio.
- La Sociedad Numantina de Socorros Mutuos de Obreros.
- La ermita de Nuestra Señora del Carmen.
- La Escuela Racionalista.
- El Ateneo Libertario.
- El Casino de Comerciantes.
- La Casa del Pueblo, etc…
Todos estos edificios y centros hacían referencia y eran característicos de un pequeño núcleo que aún conservaba muchos de los rasgos de una comunidad rural.
En 1920 se efectuó una nueva distribución en distritos: Villa, Norte, Centro y Sur, en la que ya se nombran los barrios de Entrevías, Picazo, Japón y Mesa. En 1930 se segrega del Distrito Sur, el barrio de Entrevías, constituyendo el quito distrito del municipio, quedando así la organización administrativa hasta después de la Guerra Civil.
El plano topográfico de Madrid de 1932 mostraría ya los primeros núcleos aislados de autoconstrucción que constituirían en un futuro inmediato el armazón del barrio. Madrid, ya había desbordado el ensanche y su extrarradio enlazaba sin solución de continuidad son los suburbios de la periferia, en los términos de municipios colindantes.
Así el Puente de Vallecas constituía un gran núcleo compacto entre el camino de Pavones y el ferrocarril Madrid-Barcelona, incorporándose al crecimiento de la urbe y dejaba de ser campo, aun cuando no fuese todavía ciudad; simplemente formaba parte de la franja suburbana en la que los modos de vida rurales y urbanos se mezclan, pero aún no se excluyen.

El desarrollo, ante la inhibición de los poderes públicos, no se adaptó a ningún plan que no fuese sino el de la perentoria necesidad de encontrar alojamiento para aquella primera gran oleada inmigratoria madrileña. Los agentes “urbanos” serían principalmente los propietarios rurales de Vallecas que fueron parcelando ilegalmente un suelo rústico que venderían a los inmigrantes los cuales, dado su ínfimo poder adquisitivo, no podían comprar ni alquilar vivienda alguna siquiera en los espacios “urbanos” de los suburbios de la ciudad. De esa forma mediante un proceso de especulación creciente, un espacio rural, tan sólo y exclusivamente por la acción de sus habitantes, ante el abandono público se fue convirtiendo en suelo urbano marginal en el que se alojó un gran número de trabajadores que únicamente disponían de la avenida de la Albufera para después de largos recorridos desplazarse a sus lugares de trabajo.
En 1932 el núcleo más amplio del barrio se encontraba al norte de la actual avenida de la Albufera, entre ésta y el camino de Valderribas ocupando las laderas del cerro del Tío Pío; presentaba un aspecto compacto junto a la actual calle de Pío Felipe y mucho más diseminado por el resto del cerro del cerro hasta el Alto del Arenal. El enlace con el suburbio del Puente era caótico, pues la red arterial no se prolongaba por el nuevo núcleo.
Otras dos pequeñas manchas, una entre el arroyo del Olivar y el Camino Alto de Palomeras, y otra a ambos lados del Camino Bajo de Palomeras, completaban el sector más occidental. A su vez, en el Alto del Arenal se situaban tres reducidos núcleos; dos de ellos junto a la vereda de Portazgo y el tercero ligeramente hacia el sur. Finalmente, entre el Alto del Arenal y la Villa de Vallecas, había algunos pequeños grupos de edificaciones al sur de la avenida de la Albufera.
La guerra de 1936 supuso un paréntesis en el proceso de evolución espontánea del barrio, reanudado tras 1940, con mucha fuerza a consecuencia del propósito del Régimen franquista de convertir a Madrid en una gran capital industrial.
DESARROLLO SOCIOECONÓMICO
Desde el último tercio del siglo XIX Vallecas se va confirmando como un foco de atracción de actividades económicas, y por tanto, de población. Entre el límite con Madrid, el arroyo Abroñigal, en el Puente de Vallecas, y la Villa de Vallecas, se intercalaban campos de labor, y las casas de campo de la burguesía madrileña. La legislación de 1878, que expulsa del centro de Madrid aquellas actividades industriales o artesanales molestas por sus ruidos o residuos, cambiará este panorama, determinando el futuro desarrollo de esta zona.
La instalación de estas actividades atraerá a una población obrera que acrecentará los núcleos de Nueva Numancia, Puente de Vallecas y Dª Carlota. Más tarde estos núcleos actuarán por sí mismos como atractivo para una población emigrante, no necesariamente empleada en la industria local, sino que podía estar empleada en el centro de Madrid, al que se accedía con relativa facilidad con la llamada “maquinilla”, y otros medios de transporte que tempranamente sustituyeron los caballos por la electricidad, y que unían el Puente de Vallecas con Atocha.
De 1877 a 1900, Vallecas pasa de 3.124 habitantes a 19.073, centrándose este crecimiento en las barriadas antes citadas. Se perfila así una constante que se confirmará en el primer tercio del siglo XX, y es cómo los barrios toman el relevo a la villa como centro económico y social, y finalmente administrativo.
Aunque es cierto que en este período se inicia una etapa de prosperidad en estos núcleos, que se confirma con la existencia de una buena red de servicios. En 1898 pueden confirmarse la existencia de numerosas fábricas. Nutren las mismas una masa de obreros, recién llegados, y que al parecer poseían ciertas ideas políticas, pues según figura, en un periódico local de la época, celebraban la fiesta del Primero de mayo.
Los propietarios de estas industrias y tierras, se ocuparon de que la zona no careciera de servicios, e incluso de cierta vida cultura. Ciertamente podían permitírselo, ya que parece confirmarse que hubo en la zona grandes capitales.
Esta riqueza y protagonismo social cristalizará en una serie de asociaciones para velar por sus intereses, como la Sociedad de Propietarios de Nueva Numancia, o de carácter cultural como la Sociedad Recreativa del Comercio, que era fundamentalmente un grupo de teatro.
También los sectores obreros formaron con prontitud una Sociedad de Socorros Mutuos, sita en el citado barrio de Nueva Numancia.
Otro de los prósperos sectores instalados en el municipio era el de la hostelería. Salpicaban la zona, llegando a tener gran renombre entre los madrileños, gran cantidad de merenderos. Muchos de ellos se instalaron como negocios ambulantes, y llegaron a ofrecer bailes en fin de semana, tal era su éxito.
Al calor de los mismos las florecientes zonas comerciales de la calle de la Presilla y la carretera de Valencia comenzaron a organizar verbena y Romería en honor a la patrona, la Virgen del Carmen. Fueron también abundantes y renombrados los espectáculos taurinos, llegando a tener Vallecas cuatro plazas de toros.
Este sector de la hostelería se vio beneficiado con la llegada del metro en 1923 hasta el Puente de Vallecas. Los altos precios de este transporte, que no parecen pensados para el uso cotidiano de un obrero - lo que de hecho causó protestas - hacen pensar a algunos autores que se creó como un transporte de cierto lujo, que unía las zonas de recreo de Madrid. Cabe recordar que al otro extremo de la línea 1 se encontraba Cuatro Caminos, famosa igualmente por sus merenderos.
Todo este crecimiento, trajo consigo, aparte de los problemas sociales antes citados, el lógico desajuste entre los servicios urbanos y las necesidades de la población.
En 1923 le es otorgada la concesión de aguas al ingeniero Cesar Belmás, lo que proporción agua corriente en fuentes y en algunas casas, en depósitos. De las primeras se hacía cargo el ayuntamiento, mientras que por las segundas habían de pagar los propietarios. Las obras de alcantarillado y pavimentación se inician tímidamente en este período, recibiendo el definitivo impulso en la década de los treinta.
En el Puente de Vallecas concurren todas las condiciones para el desarrollo del negocio inmobiliario, especialmente el de viviendas de alquiler:
- Había abundancia de tierra que acababa de desvalorizarse como suelo agrícola.
- Los materiales de construcción abundaban y eran más baratos que el Madrid, por ahorrarse el transporte.
- La mano de obra también era abundante y barata.
- La zona gozaba de prestigio como zona residencial debido a la costumbre antes citada de la burguesía madrileña de construir en la zona casas de campo.
Así la zona se constituye en un núcleo de viviendas de alquiler, que suscitará, la llegada de compañías inmobiliarias en los años veinte. Una de ellas la Compañía Benéfica urbanizó pacífico y Entrevías, sobre todo casa para los empleados de RENFE.
De este modo encontramos configurado prácticamente en los años veinte el Vallecas actual. Los dos últimos núcleos quedarán constituidos en la segunda mitad de la década, el Pozo de Tío Raimundo. Desde 1932, también quedará constituidos, Portazgo, Los Altos del Arenal, y Palomeras, cada uno de estos dos últimos a un lado de la Carretera de Valencia. Estas nuevas zonas se alimentan de casas de autoconstrucción que llenan rápidamente el terreno, hasta entonces agrícola, y que crece a un ritmo vertiginoso, sin ningún tipo de servicios .
Nos encontramos un municipio en el año 1910 con 13.771 habitantes y que en 1924, cuenta y a con 28.657; cuyo aumento de la población es debido a la creciente inmigración que elige la zona por ser residencia de prósperas industrias, y un núcleo relativamente barato y bien comunicado, donde abunda la vivienda de alquiler, o en su defecto, terrenos apropiados para la autoconstrucción.
Un municipio con una próspera clase empresarial y una abundante y explotada mano de obra. Un municipio que adolece de todos o casi todos los servicios que necesita una creciente población -alcantarillado, electricidad, pavimentación, escuelas -. Con todos estos conflictos soterrados entra en la República, y comienzan los cambios.
Mientras la prosperidad continúa, estas tensiones se mantienen apagadas, pero la crisis de los años treinta, que genera desempleo y endurece las luchas sociales, la ebullición política que preside la vida pública de la España del momento, y algo más cercano como la mala gestión de los gobiernos municipales anteriores, sacan a flote las deficiencias que en plano urbanístico, cultural o socioeconómico tiene el municipio.
Esta múltiple crisis estará presente, determinando, la política desarrollada en el período republicano. Es cierto, no obstante, que el tratamiento que reciben los problemas, vendrá dado por factores externos también, como las directrices políticas de la coalición republicano-socialista (la política de grandes reformas), o acontecimientos como la huelga revolucionaria de 1934, y no sólo por las circunstancias del municipio.

0 responses so far ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
Deja un comentario